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Paula, Agustina y Juana: tres madres que parieron historia

Sacrificadas, pasionales, protectoras, las madres de Sarmiento, Rosas y Perón se encuentran en las sombras de la historia, aunque ellas ayudaron a formar las personalidades más sobresalientes.
Agustina López de Osornio, Paula Albarracín y Juana Sosa de Toledo, las madres de Rosas, Sarmiento y Perón respectivamente. Foto: Museo Histórico Nacional, Museo Sarmiento y Todo Perón
Agustina López de Osornio, Paula Albarracín y Juana Sosa de Toledo, las madres de Rosas, Sarmiento y Perón respectivamente. Foto: Museo Histórico Nacional, Museo Sarmiento y Todo Perón

Hay un proverbio anónimo que que reza que "detrás de cada hombre hay una gran mujer". Esta frase cayó en desuso y fue saludablemente cuestionada por los nuevos aires que trajo la crítica feminista. ¿Por qué detrás y no al lado o delante? Las madres, muchas veces se ponen detrás, son quienes crían, educan y sostienen a las personas. Luego, si el sujeto en cuestión es criminal o una mala persona, se pregunta ¿Y dónde estaba la madre? o se acuerdan de las madres en todo tipo de insultos. Sin embargo, cuando el sujeto se transforma en un prócer o una celebridad hay poco o nulo reconocimiento a las madres ¿Por qué? 

"Para los efectos del corazón no hay madre igual a aquella que nos ha cabido en suerte. La mía, empero, Dios lo sabe, es digna de los honores de la apoteosis, y no hubiera escrito estas páginas, sino me diese para ello aliento el deseo de hacer en los últimos años de su trabajada vida, esta vindicación contra las injusticias de la suerte", escribió Domingo Faustino Sarmiento en "Recuerdos de Provincia" sobre su mamá, Paula Albarracín. 

Agustina, la mamá de Rosas

Agustina López de Osornio perdió a su padre a los 14 años y tuvo que hacerse cargo de la estancia. Ella trataba con los peones y llevaba los asuntos de la familia como si las desigualdades de género no tuviesen efecto en ella. No olvidemos que estamos hablando de fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Sin embargo, Agustina construyó la imagen de una mujer fuerte y estricta. 

A los 20 años, se casó con León Ortiz de Rozas, un destacado oficial del ejército que había sobrevivido a años de cautiverio. Tuvieron diez hijos, entre ellos el brigadier general Juan Manuel de Rosas. Ella era una mujer rica y religiosa, que educó a sus hijos con dureza y un fuerte sentido de la caridad. Juan Manuel aprendió a trabajar arduamente y a hacerse respetar, aunque su carácter chocó con el de su madre en varias ocasiones. Uno de esos enfrentamientos se dio cuando ella se opuso a su novia, Encarnación Ezcurra, y Juan Manuel, para lograr su aprobación, la engañó haciéndole creer que estaba embarazada. Posteriormente, una fuerte disputa lo llevó a abandonar el hogar, momento en el cual cambió su apellido a Rosas, buscando independencia.

Juan Manuel nunca más volvió a hablar con su madre por su enojo ante el rechazo de doña Agustina a Encarnación. Sin embargo, es innegable la influencia que tuvo ella en la manera de pensar del Restaurador de las leyes.

Paula, la mamá de Sarmiento

Paula Albarracín tuvo una vida sacrificada. Su marido, José Clemente Sarmiento era un revolucionario de mayo y frecuentemente estaba en asuntos patrios y soberanos y Paula debía cuidar a sus cinco hijos y trabajar para poder darles de comer. Además, cinco eran los hijos que quedaron vivos de un total de quince que dio a luz. Paula, tejía a pedido para poder parar la olla y darle de comer a sus hijos, mientras José Clemente luchaba por la independencia de la patria. 

"El telar crujía desde las primeras horas del día hasta entrada la noche dando sus doce varas semanales de anascote que solventarían la construcción de esta casa. Para esto contó con la ayuda de dos esclavos prestados por sus tías maternas", contó uno de sus cinco hijos, ex presidente y padre del sistema educativo argentino, Domingo Faustino Sarmiento. 

Juana, la mamá de Perón

Juana Sosa Toledo era descendientes de españoles y tehuelches. Nació en el oeste de la Provincia de Buenos Aires en 1875 y se crio en Lobos. En el campo, ella se dedicaba a cuidar animales, montar a caballo y quehaceres rurales como la caza y la faena. A los 16 años conoció a Mario Perón, el hijo de Tomás Liberato Perón, un médico y diputado mitrista. Agustina y Mario tuvieron dos hijos, Mario Avelino Perón y Juan Domingo Perón. Cuando nación el fundador del justicialismo, fue declarado "hijo natural", es decir que era un hijo no legítimo, su padre no lo había reconocido. Esto marcó profundamente la vida de Perón y la de su madre. 

Sucedió que durante un tiempo y debido a problemas económicos, Mario Perón y su padre se fueron a probar suerte a la Patagonia. Durante ese lapso, Juana se debió ocupar de sus hijos sola y lo hizo con mucha endereza, según cuenta Perón. Con los años, el ex presidente fue reconocido por su padre y por el resto de su familia paterna. Sin embargo, siempre recuerda a su madre y a la transmisión de sus valores. "Mi vida tuvo un principio y ese principio fue mi madre", habría declaro varias decenas de años después. 

Luego, Perón otorgó los mismos derechos a los niños naturales que a los legítimos. Probablemente esto haya sido una resignificación de su propio pasado. Seguramente el amor de Juana que él mismo recuerda con tanto cariño ayudó a que pueda hacerlo sin los rencores de otros líderes históricos a los traumas de su infancia.