La historia de sacrificio de la escuela rural que tiene sólo una mesa de votación
La escuela 1-169 Emilio Barrera queda a más de 40 km de la Ciudad de Mendoza. Ubicada en el distrito de San Roque de Maipú, en el límite con Junín, es un establecimiento pequeño en el que se encuentran empadronadas 319 personas.
Te puede interesar
Elecciones en San Lorenzo: una agrupación movió primero y presentó su lista
Desde MDZ llegamos al distrito de San Roque, más precisamente a la localidad de Isla Grande donde se encuentra la escuela primaria Emilio Barrera que tiene una sola mesa de votación. Es una escuela rural, con jornada extendida, a la que asisten menos de 200 niños y niñas.
-
Te puede interesar
La sugestiva foto de la oposición mendocina pensando en 2027
En 2018, el establecimiento cumplió 100 años de historia desde su inauguración en 1918. Pero a pesar del paso del tiempo es notorio el cuidado y la dedicación en su mantenimiento.
La fachada se encuentra pintada, los juegos del jardín en buenas condiciones para el juego sano de los más pequeños y pequeñas. Griselda Briceño, secretaria de la institución educativa y delegada escolar durante este domingo electoral nos contó que la comunidad educativa tiene un afecto especial por la escuela y es por ello que está tan bien cuidada.
Padres y madres junto con la cooperadora escolar organizan rifas, donaciones y diferentes actividades para juntar dinero y así contribuyen a la conservación del edificio. Como sucede en muchos de los establecimientos escolares de Mendoza son los padres, madres, celadores y docentes quienes le ponen el cuerpo y la vida al sostenimiento de la escuela. No solo organizan las formas de recaudación sino también, se ofrecen para pintar si es necesario o arreglar algo cuando hace falta.
De lunes a viernes, niños, niñas, trabajadores y trabajadoras de la educación pasan gran parte de su tiempo en ese lugar. Y como todo hogar, no pueden faltar las mascotas que se llevan el cariño de todas y todos.
Las Negritas y Potoco son los 3 animalitos de la escuela, adoptados por el personal que los cuida. Para eso también se organizan porque el alimento, las vacunas y hasta las operaciones de los perros, no caen del cielo. Una de las negritas tuvo cachorritos y desde la institución decidieron castrarla.
Como en su casa, la negrita entró a la escuela y se robó la atención de Griselda y Patricia, la celadora presente en el domingo eleccionario. Contenta movía la cola y aullaba pidiendo cariño y, claro, un poco de comida para ella y sus "hermanos".

