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La hipoteca invisible: los riesgos del alcohol y el cannabis en el cerebro en desarrollo

En la provincia de Buenos Aires se celebra el Día Provincial de Lucha contra las Adicciones.

Un colega a menudo compara el consumo de alcohol y cannabis en adolescentes con una hipoteca que se firma a ciegas. Esta analogía, a pesar de su aparente simplicidad, resalta una realidad que con frecuencia es subestimada por padres, jóvenes, y por la población en general: la gravedad que implica el consumo de estas sustancias para el cerebro en desarrollo, un proceso que culmina recién a los 24 años.

Existe una concepción ampliamente aceptada de que una vez que desaparecen los efectos del consumo, con o sin intoxicación, el organismo vuelve a la normalidad. Pero no siempre es así, sobre todo en los adolescentes, en los cuales el consumo de estas sustancias puede generar cambios irreversibles en el desarrollo del sistema nervioso y afectar el nivel del aprendizaje, la
atención y los procesos cognitivos. El mes pasado, el Indec, junto con la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas (Sedronar),
publicó los resultados de la Encuesta Nacional sobre Consumos y Prácticas de Cuidado, donde se evaluó, entre otros temas, la incidencia del consumo de sustancias psicoactivas legales e ilegales.

Existe una concepción aceptada de que una vez que desaparecen los efectos del consumo, el organismo vuelve a la normalidad.
Foto: MDZ.

De acuerdo con el estudio, el alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida por los argentinos (66,2%), seguida por el tabaco (25,6%), la marihuana (13,8%), los tranquilizantes (6,9%) y la cocaína (5,1 %, tomando en cuenta la prevalencia de vida), aunque no se hizo un relevamiento del paco. El informe detalla que el consumo de alcohol suele comenzar a una edad promedio de 17,7 años, mientras que el de marihuana se ubica en los 19,8 años. Sin embargo, en muchos casos, estos hábitos se originan durante los primeros años de la secundaria.

¿Cuáles son los efectos del consumo prolongado de sustancias en un cerebro en desarrollo?

Durante la adolescencia el cerebro se encuentra en una fase de reorganización neuronal: mientras algunos circuitos y redes neuronales se consolidan, otros se eliminan. El alcohol y la marihuana pueden perjudicar el desarrollo de estas conexiones entre neuronas en circuitos que se encargan de reforzar funciones como la memoria y la capacidad de planificación. El alcohol, por su parte, modifica al principal neurotransmisor inhibitorio del sistema nervioso, lo que disminuye la actividad cerebral y se manifiesta en efectos como la relajación y la disminución de la ansiedad. Y, al mismo tiempo, afecta otros órganos del cuerpo. Además, puede tener efectos tóxicos incluso en dosis más bajas de las que la mayoría imagina.

Uno de los fenómenos vinculados con el consumo desmedido de alcohol es el denominado "blackout" (amnesia alcohólica), es decir, la pérdida total de la memoria de eventos ocurridos durante un período prolongado. Estas amnesias -y las consiguientes dificultades para la retención de información en la memoria- no son inocuas y en los adolescentes pueden implicar complicaciones en el proceso de aprendizaje. Con respecto al cannabis, es fundamental desmontar la errónea suposición de que "es natural
debido a su origen vegetal". La extracción del cannabis de una planta no implica la ausencia de un principio activo, una sustancia química con la capacidad de influir en el funcionamiento de nuestro cerebro de manera análoga a como lo haría cualquier psicofármaco.

Cannabis: es fundamental desmontar la errónea suposición de que "es natural
debido a su origen vegetal". 
Foto: MDZ.

Sus efectos son variados:

Produce alteraciones en la función cognitiva que pueden perjudicar la memoria a corto plazo, la atención y la motivación, entre otros. Además, puede provocar cuadros de alucinación o psicóticos. Al igual que el alcohol, el cannabis también actúa sobre otros órganos del cuerpo. Es esencial reconocer, especialmente en el contexto familiar, que la composición de la marihuana en la actualidad no es la misma que la de los años 70 y 80, debido a las distintas variedades de semillas y técnicas de cultivo empleadas. En esa época las concentraciones de THC (compuesto activo del cannabis) eran de 1,5%; hoy las concentraciones de THC superan con creces el 5%, lo que supone un riesgo mayor para la salud. El consumo de alcohol y marihuana en la juventud no es una elección sin consecuencias.

Subestimar estos riesgos perpetúa un problema que afecta a las generaciones futuras.

Verónica Bisagno.

* Dra. Verónica Bisagno, Directora del Laboratorio de Neurofarmacología y Sustancias Psicoadictivas del Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral.