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Los detalles ocultos de las emblemáticas casonas de Mendoza

Con su elegancia atemporal y su presencia imponente, en una de las calles más concurridas de Mendoza, se erigen joyas auténticas que destacan con distinción entre las demás construcciones.
Cada paso por esta calle se convierte en un viaje en el tiempo, donde las fachadas de estas moradas históricas cuentan historias. Foto: MDZ
Cada paso por esta calle se convierte en un viaje en el tiempo, donde las fachadas de estas moradas históricas cuentan historias. Foto: MDZ

En medio del bullicio y el ajetreo de la ciudad, se erigen testigos silenciosos de la historia: las casas antiguas que adornan la región. Estas impresionantes moradas no solo son testamentos arquitectónicos del pasado, sino también guardianas de historias y secretos que han resistido el paso del tiempo.

Con su elegancia atemporal y su presencia imponente, estas casas antiguas se erigen como auténticas joyas que destacan con distinción entre las demás construcciones. En la provincia hay muchas, pero solo una calle concentra a tres en un rango menor a los 300 metros: la avenida Emilio Civit

Cada paso por esta calle se convierte en un viaje en el tiempo, donde las fachadas de estas moradas históricas cuentan historias de generaciones pasadas y de una cuidadosa atención al detalle que perdura en el presente. Sin embargo, pocos saben por qué estas estructuras se encuentran en dicho lugar, es por ello que MDZ dialogó con la arquitecta Liliana Girini quien contó el origen de esta calle.

Avenida Emilio Civit
Foto: Ciudad de Mendoza

"Esta tipología de casa se construía en las zonas rurales o asociadas a bodegas. Estas construcciones se dieron en un boom constructivo con una argentina fuerte económicamente. Ese crecimiento se vio en la expansión de las ciudades y en todo tipo de edificios tanto institucionales como la Casa Rosada o el correo que hoy es el Centro Cultural Kirchner, y también en lo privado, no solo vivienda, también edificios de renta como el Palacio Barolo", explicó la arquitecta

"Es el tiempo de la arquitectura comercial, de la arquitectura del ocio, es decir, de construcción de edificios para clubes sociales para clubes deportivos con una arquitectura en magnífica realmente y eso pasó en el resto de las ciudades del interior", agregó.

"A finales del siglo XIX y principios del siglo XX los chalets se caracterizaban por ser una casa rodeada de jardines. En Mendoza se dieron en fincas, bodegas y también en la Ciudad de Mendoza. Sobre todo, en la avenida Emilio Civit que antiguamente se llamaba Avenida Unión. Sobre esa avenida hubo una expansión de la ciudad, porque originalmente la ciudad post terremoto solo tenía 8x8 manzanas. Entonces en los primeros años de esa ciudad el límite oeste era Belgrano, por donde posteriormente va a llegar el ferrocarril. Cuando se crea el parque San Martín, se produce una expansión desde Belgrano hacia el oeste" comentó. 

"Entonces sobre Emilio Civit se van a construir muchos chalets, porque en esa época era una zona suburbana. Allí se construyeron muchos, pero al día de hoy quedan pocos, ya que varios fueron destruidos", agregó. Uno de estos se erigía en la torre "El Torreón". "La destrucción de esa estructura tuvo mucha polémica. Era una casa muy linda con un estilo chalet. En aquella época yo me había recibido y escribía artículos periodísticos y sobre ese caso recuerdo que critiqué la demolición. Los que habían construido ese edificio decían que habían conservado el espíritu de la casa y yo dije todo lo contrario, dejar el torreón no significaba nada", concluyó.

Edificio que mantuvo el torreón
Foto: MDZ

Las bellezas ocultas en la Capital

Enclavada en el corazón de la capital mendocina, la Avenida Emilio Civit se erige como un corredor que conecta el pasado y el presente de la ciudad. Esta emblemática arteria, inicialmente conocida como Prolongación Sarmiento, fue concebida en 1896 gracias a la visión de don Emilio Civit, quien por entonces desempeñaba el cargo de ministro de Hacienda en el Gobierno de Mendoza. Sin embargo, fue en 1932 cuando la avenida recibió el nombre que hoy la distingue, en honor al mismo visionario que la concibió.

En su recorrido, se encuentran tres mansiones que sobresalen como verdaderas joyas de la arquitectura.

Foto: MDZ

La primera de estas se ubica en la esquina de Boulogne Sur Mer y Emilio Civit. Esta sorprendente estructura empezó a construirse en 1928 y se terminó en 1931.

La casa exhibe una destacada ornamentación de estilo plateresco hispanoamericano. Los revestimientos exteriores han sido enriquecidos con tonos ocres de pigmentación, mientras que las estructuras de carpintería y herrería se presentan en un tono verde oscuro. Este edificio de dos niveles se encuentra rodeado por exuberantes jardines. Su diseño presenta una volumetría de libertad creativa, con techos inclinados y superficies planas, coronado por una torreta que aporta un toque pintoresco a la esquina. En su interior, destaca un rasgo inusual para su época: la presencia de un ascensor.

Foto: MDZ

En 1979, la propiedad se vendió a una firma constructora, la cual intentó demolerla. Sin embargo, la movilización de la comunidad logró evitar este destino. En 1983, la casa cambió de manos y pasó a ser propiedad de José Lamicela, quien llevó a cabo su restauración con esmero. Esta mansión se caracteriza por tener un estilo neoplataresco hispanoamericano. 

Foto: MDZ

Calle abajo de la anterior mansión se encuentra la Casa Graffigna. Situada en Emilio Civit 698 y concebida por el arquitecto Romualdo L. Gobbi en 1911, se erige como un fascinante testimonio de la fusión entre los estilos arquitectónicos Liberty y Modernista, enriquecidos con sutiles detalles ornamentales del movimiento Art Nouveau. La casa encarna la visión del proyectista, quien se inspiró en las villas suburbanas italianas, generando una presencia distintiva al simular una ubicación en esquina y al descansar sobre la medianera oeste.

El carácter distintivo de la Casa Graffigna se manifiesta a través de elementos como la icónica reja modernista de hierro, con su adorno de mármol redondo, cariñosamente conocida como "la casa de las aspirinas". Asimismo, la torre miradora coronada por una cúpula de bronce se convierte en un punto focal en la Avenida Emilio Civit, exhibiendo adornos florales y cabezas femeninas que reflejan la influencia Art Nouveau. La construcción, realizada con perfiles metálicos y cemento importado, destaca por su resistencia a los movimientos sísmicos, testimonio de su calidad y durabilidad.

Esta casa no solo es un ejemplo de arquitectura excepcional, sino que también alberga una historia significativa. Inicialmente destinada para la familia Regueira de Suárez, la casa pasó a manos de la familia Graffigna en 1927, agregando profundidad a su legado. Desde su impresionante reja hasta la torre miradora, la Casa Graffigna se mantiene como una ventana al pasado, capturando la esencia artística y cultural de su época de manera atemporal.

La Casa Graffigna
Foto: MDZ

Tres calles hacia el este, se encuentra la Mansión Stoppel que fue construida en 1912 por Víctor Babino, a pedido de Luis Stoppel, un diplomático y empresario nacido en Chile y radicado en Mendoza. Su imponente interior invita a recorrer cada rincón, donde, actualmente, se exhiben las obras de reconocidos artistas mendocinos.

La Mansión Stoppel, sede del Museo Carlos Alonso, es un destacado ejemplo de arquitectura que fusiona elementos eclécticos con influencias de la villa italiana. Su fachada exhibe cortes rectangulares en tonos rosados, acompañados por una disposición simétrica de palmeras y vegetación.

La Mansión Stoppel
Foto: Gobierno de Mendoza

Este edificio realizado con un mampuesto de hormigón y estructura de hormigón armado, no solo enfatiza la elegancia, sino también la innovación al abordar desafíos antisísmicos. Con una distribución de habitaciones alrededor de un núcleo central en ambos pisos, y una escalera luminosa que conecta estos niveles, la mansión evoca un sentido de elegancia histórica y funcionalidad moderna.

La Mansión puede ser visitada de martes a domingos de 10 a 19
Foto: Gobierno de Mendoza