Los medios, actores políticos en los casos de Chaco y Jujuy
Los medios de comunicación ya no son “hegemónicos” como los describía Cristina Kirchner, ni tienen tanto poder por sí solos. Eso podía ser así en la época de los medios masivos, cuando las audiencias se veían como “masas”. Desde mucho antes de la aparición de las redes sociales y de los “prosumidores” -que no sólo consumen contenidos, sino que también los producen-, las
investigaciones no hacen más que verificar la autonomía y el distanciamiento crítico que las audiencias tienen con los mensajes de los medios. Abundancia, un libro reciente de Pablo Boczkowski, documenta cómo en la Argentina hay una enorme afición por la noticia (es el único país de la región que cuenta con siete canales de 24 horas de noticias), a la vez que escasa confianza en los medios informativos. La independencia de las audiencias aumenta en el entorno digital donde la noticia les llega desde distintos medios, por las redes sociales, compartida por otros usuarios, ya comentada o convertida en meme.
Sin embargo, los medios tradicionales siguen siendo actores políticos. Esto quiere decir que inclinan la balanza de la información y de la opinión en favor o en contra de un espacio político. En el sistema híbrido, que combina medios y redes, la influencia de los medios se da por yuxtaposición, como muestra James Webster en “The Marketplace of Attention”. Aunque no hay dos miembros de la audiencia que tengan la misma dieta de consumo mediático, al final del día en la síntesis de su memoria casi todos se quedan con un modelo de los acontecimientos similar, por la acumulación de fragmentos de diversos medios con un enfoque coincidente. De manera mucho menos lineal y determinista, los medios de comunicación siguen incidiendo en nuestra lectura política de la actualidad.
La función de actor político de los principales medios metropolitanos ha quedado clara en la cobertura de los dos casos que sacudieron la escena política nacional en los últimos días. La desaparición de Cecilia Strzyzowski en la provincia de Chaco y las protestas por la sanción de la reforma constitucional en la provincia de Jujuy. El primero responde a la caracterización que
yo he hecho del caso mediático conmocionantes, en el sentido de que irrumpe inesperadamente en la agenda pública, renovando bruscamente la discusión, haciendo aflorar profundos conflictos latentes y teniendo consecuencias institucionales. Tomó por sorpresa al poder político del gobernador Jorge Capitanich, profundamente asociado con el muy influyente líder social Emerenciano Sena, suegro de la víctima. Todos los indicios dan por muerta a Cecilia, de manera macabra y, como en un mito, nos dejan entrever una sórdida trama de poder. El segundo es un caso que, en su escala, se podría ubicar en la serie de los estallidos, que viene tomando por sorpresa a los gobiernos de la región (Chile, Ecuador, Perú). Ahí, la protesta social, por su violencia, constituye el caso conmocionante en los medios.
En los dos, la cobertura mediática puede influir sobre el mismo curso de los acontecimientos (en Chaco provocando revelaciones que aceleran la investigación judicial y las reacciones de los diversos involucrados, en Jujuy visibilizando virulencia en la protesta o excesos en su represión, que activan reacciones de otros actores políticos). Pero, además, es bastante clara la intencionalidad en los medios mainstream de pegar fuertemente a Capitanich, y por extensión al gobierno nacional, con la muerte de Cecilia, que sería sólo un botón de muestra de la relación corrupta y violenta entre los feudos políticos y las organizaciones sociales. Así lo
presentan varios columnistas en la TV. A la vez, se ve el intento de despegar a Gerardo Morales de la protesta social, tanto de la indirecta causa como del exceso en la represión.
En el contexto de las elecciones provinciales y los cierres de las listas para las PASO, los casos son presentados más o menos implícitamente como modus operandi del poder “hasta ahora” (Chaco) o de la activación de la protesta por resistencia al cambio “a partir de ahora” (Jujuy). Hay dos bloques mediáticos con relaciones cruzadas con la política de uno y otro lado y con comunidades de Twitter polarizadas en torno a la grieta, en donde, a su vez, los políticos - Morales vs. Cristina, por ejemplo-, intervienen activamente.
La desaparición de Cecilia llegó el 11 de junio a la tapa de La Nación (que casi no se lee, pero tiene su correlato en la “home” de la versión digital y permite identificar el criterio editorial, más allá de los algoritmos). En Página 12 recién apareció en tapa, en una breve nota, el 16. En cambio, el estallido de Jujuy fue tapa de Página los días 17 (“Los colores de la resistencia”), 19 (“El grito de la tierra”), 20 (“Paramos la pelota y volvemos para atrás”, declaraciones de Morales sobre la revisión de los dos artículos más resistidos), 21 (“Arde Jujuy”) y 22 (“Un mar de fueguinos”). En cambio, La Nación dedicó el 18 una columna muy crítica a Capitanich (“Los feudos no solo corrompen, sino que también matan”) ilustrada con un dibujo del gobernador al que le chorrea sangre. El lunes 19 explicó el resultado de las elecciones de Chaco por el caso Cecilia y el martes 20 extiende el impacto al oficialismo: “La derrota de Capitanich impactó en el oficialismo y crece el reclamo de justicia”. El miércoles y el jueves, La Nación sí dedicó la nota principal de tapa al conflicto de Jujuy, pero con el enfoque opuesto al de Página: “Intentaron quemar la legislatura de Jujuy y JxC culpó al gobierno”, “Investigan si el oficialismo hizo pagos a los atacantes de la legislatura de Jujuy”.
De manera similar, por un lado, TN se ocupó más del caso del Chaco, transmitiendo en directo la marcha encabezada por la madre de Cecilia o entrevistando al cura que atendió en la celda a su marido César Sena. Por otro lado, C5N se ocupó más del caso de Jujuy, tapando al anterior, mostrando imágenes de la represión policial. Por caso, un video de una mujer detenida ensangrentada, aunque luego el otro bando de los medios dio a conocer un video de un celular en donde se ve que la mujer se auto-infligió la herida golpeando su cabeza contra la ventanilla del patrullero.
Los medios de Buenos Aires nacionalizaron el conflicto y lo hicieron entrar en la confrontación política entre gobierno y oposición de cara a las elecciones. Hay mucho para debatir sobre el propósito de las normas controvertidas –que refieren al derecho de protesta y de propiedad de las tierras- de la nueva constitución de Jujuy, pero es exagerado ver en el caso un ensayo de una estrategia represiva de un futuro gobierno de Juntos por el Cambio. Hay mucho de lo que hablar sobre el vínculo con el poder de cuestionables líderes sociales, pero es exagerado pretender que Capitanich tuvo que ver con el crimen de Cecilia. No hay mucho lugar para deslindes y matices en los medios cuando se meten en la pelea política gruesa.
* Damián Fernández Pedemonte (Director de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral).