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Los preceptores: el lado B de los colegios

Desde la época que todos fuimos al colegio secundario, recordamos la figura del preceptor, ese que nos llevaba las ausencias y nos cuidaba para no quedar libres. Erica Miretti, especializada en educación honra en MDZ esa función tan importante en nuestra educación y ahora en la de nuestros hijos.
Los preceptores tienen oídos biónicos que detectan ese chiste que hiere o el sobrenombre que lastima. Foto: MDZ
Los preceptores tienen oídos biónicos que detectan ese chiste que hiere o el sobrenombre que lastima. Foto: MDZ

Muchas veces me pregunto sobre el rol fundamental que tiene cada uno de los actores de una escuela secundaria. Todos y cada uno en su rol, somos imprescindibles fundamentales y necesarios. Pero a lo largo de los años y después de trabajar en muchas escuelas hay un actor que cuando cumple bien su función se merece ese aplauso de pie, de parte de toda la comunidad educativa.

Cómo a todos nos pasa en nuestros trabajos podemos hacer lo que corresponde, hacer lo menos posible o damos nuestro ciento por ciento, y créeme que cuando tenes la dicha de toparte con preceptores que dan su ciento por ciento en el cole todo funciona mucho mejor. Porque tienen ojos en la espalda para ver ese alumno que no come por tristeza o se encierra en el baño para ocultar su angustia, el padre que corre y te mira pidiendo que mires a su tesoro más grande porque se siente perdido.

El preceptor, el mejor coach para nuestro hijos.

Los preceptores tienen oídos biónicos que detectan ese chiste que hiere o el sobrenombre que lastima. Escuchan gritos y lo transforma en charla.  Puede detectar en las cosas simples problemas enormes. Educar con el ejemplo, regalar una sonrisa, solucionar un problema que te deja dentro o fuera de la última posibilidad, te entiende, te da ese té mágico que al tomarlo te cura casi como el de mamá o papá. 

Un preceptor, sabe dónde está todo, ordena, decora, pone magia a las carteleras y premia con pequeños gestos a esos que nadie ve. Hace ese llamado oportuno que te devuelve el alma al cuerpo y ante una emergencia saca de no sabes donde la solución y se esmera por cuidarte. 

Puede reconocer donde se da clases y donde hay un verdadero aprendizaje, ni hablemos si alguien pierde algo tarde o temprano recuperan lo que sea que haya desaparecido. Cuando el preceptor da su ciento por ciento,  puede hacer que la dinámica fluya y va tapando agujeros haciendo de los problemas graves, pequeños inconvenientes porque se abordan rápidamente.

Un preceptor sabe donde está todo. 

En la escuela se contiene, acompaña y se previene, en esto, hay muchos preceptores especialistas. A todos los que conocí en mis años de docente y con quienes comparto el maravilloso mundo del secundario les rindo este pequeño homenaje, mi gratitud y la de todos los colegas que comparten la felicidad de contar con ellos. Visibilizar a quienes hacen nuestro día a día más fácil y nos ayudan a hacer magia, que es una de nuestras acciones principales.

Imposible pensar la escuela, sin nuestros queridos preceptores.

* Lic. Erica Miretti Psicóloga. Neuropsicoeducadora. Docente.