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El contundente reclamo de la Iglesia por la desaparición de Cecilia

Duro documento del arzobispado de Resistencia ante el caso que mantiene el vilo a la comunidad chaqueña. También la iglesia jujeña se expresó sobre el conflicto social que vive esa provincia.

El arzobispado de Resistencia reclamó que se conozca la "verdad" y exige que se haga "justicia" en el caso de la desaparición de Cecilia Strzyzowski, quien es intensamente buscada desde hace 20 días y se presume que podría haber sido víctima de un femicidio que mantiene en vilo a la sociedad chaqueña.

A través de un comunicado, la Comisión de Justicia y Paz recuerda que la justicia “resulta particularmente importante en este contexto actual, en el que el valor de la persona, de su dignidad, de sus derechos y de la vida, a pesar de las proclamaciones de propósitos, hoy se ve amenazada".

En el mismo sentido sostiene que "todos podemos contribuir para procurar justicia -en especial los poderes del estado-, ya que es la única garantía para una convivencia en paz, sólida y verdadera”, agrega.

Asimismo, señala: “Como Iglesia no podemos ignorar esta situación dolorosa; cubrirla o esconderla. El presente sufrimiento, no es posible disimular, por el contrario, el llanto, y el sufrimiento, por no saber noticias de una hija, sobrina o nieta, nos conmueve a todos. El consuelo de ser hermanos en Jesús nos permite compartir el sufrimiento ajeno. Acogemos así aquella exhortación de san Pablo: 'lloren con los que lloran' y a la vez compartimos este dolor acompañando como ciudadanos”.

Texto completo del comunicado

El dolor y la tristeza nos golpean como sociedad chaqueña, el clamor por la aparición de Cecilia nos une, la verdad de la realidad exige que la justicia nos brinde claridad de lo sucedido para conocer y comprender este difícil momento.

«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados», dijo Jesús. La justicia resulta particularmente importante en este contexto actual, en el que el valor de la persona, de su dignidad, de sus derechos y de la vida, a pesar de las proclamaciones de propósitos, hoy se ve amenazada. Todos podemos contribuir para procurar justicia –en especial los poderes del estado-, ya que es la única garantía para una convivencia en paz, sólida y verdadera.

Como Iglesia no podemos ignorar esta situación dolorosa; cubrirla o esconderla. El presente sufrimiento, no es posible disimular, por el contrario, el llanto, y el sufrimiento, por no saber noticias de una hija, sobrina o nieta, nos conmueve a todos. El consuelo de ser hermanos en Jesús nos permite compartir el sufrimiento ajeno. Acogemos así aquella exhortación de san Pablo: «Lloren con los que lloran» (Rm 12,15) y a la vez compartimos este dolor acompañando como ciudadanos.

Recordamos vivas las palabras del Papa Francisco en Fratelli Tutti (227): «La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Verdad, Justicia y Misericordia, las tres juntas, son esenciales para construir la paz; cada una de ellas impide que las otras sean alteradas. […] La verdad no puede ni debe ser camino a la venganza, sino más bien a la reconciliación y al perdón. Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos. […] Cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la humanidad; cada muerte violenta nos disminuye como personas».

Tener misericordia, o perdonar no quiere decir permitir que sigan pisoteando la propia dignidad y la de los demás, o dejar que un criminal continúe haciendo daño. Quien sufre la injusticia tiene que defender con fuerza sus derechos y los de su familia precisamente porque debe preservar la dignidad que se le ha dado, una dignidad que Dios ama. Si un delincuente me ha hecho daño a mí o a un ser querido, nadie me prohíbe que exija justicia y que me preocupe para que esa persona —o cualquier otra— no vuelva a dañarme ni haga el mismo daño a otros. Corresponde que lo haga, y el perdón no sólo no anula esa necesidad sino que la reclama.

Tener misericordia o perdonar no implica olvido. Es fortaleza para vencer el mal con el bien. La violencia engendra violencia, el odio engendra más odio, y la muerte más muerte. Podemos romper esa cadena que se presenta como ineludible. Por eso decimos más bien que cuando hay algo que de ninguna manera puede ser negado, relativizado o disimulado, podemos fortalecer nuestra actitud de no violencia. Cuando hay algo que jamás debe ser tolerado, justificado o excusado, sin embargo, podemos pedir la verdad que libera. Cuando hay algo que por ninguna razón debemos permitirnos olvidar, sin embargo, podemos hacer triunfar la misericordia.

En nuestro caminar de pueblo pedimos a Dios, “fuente de toda razón y justicia”, el discernimiento para los encargados de los poderes del estado, a fin de que ofrezcan a la sociedad toda, la verdad de los hechos sucedidos con Cecilia y su entorno. Esperamos y rogamos que la justicia se ejerza con claridad e imparcialidad, y que se tomen las decisiones necesarias para dilucidar sobre las responsabilidades del caso.

Al acompañar este dolor que es de todos, reconocemos que todos tenemos un espacio para actuar responsablemente y generar procesos de transformación para rehabilitar y auxiliar a nuestra comunidad herida con un genuino espíritu de justica y de verdad, de no violencia y de paz.

El conflicto en Jujuy

El pronunciamiento de la Iglesia en relación al caso de la desaparición de Cecilia se suma al mensaje del obispo de Jujuy, monseñor César Fernández, quien ante la situación de conflictividad social que vive la provincia a raíz de la reforma parcial de la Constitución provincial, llamó al diálogo “sincero” entre las autoridades y los distintos grupos que se encuentran en conflicto.

“Todo se puede lograr con el diálogo y todo se pierde cuando la palabra cede el paso a la violencia”, advirtió en un comunicado difundido por la agencia AICA. 

“Es fatigoso el camino del diálogo, pero hay que transitarlo y escucharnos pacientemente haciendo lugar a las distintas voces de los actores de nuestra vida social”, sostuvo.

El prelado jujeño recordó que “siempre se está a tiempo de recomenzar y volver a generar consensos en los que todos nos sintamos verdaderamente incluidos”.

Monseñor Fernández invitó a pedirle a la Virgen del Rosario de Rio Blanco y Paypaya que ayude a la comunidad jujeña a “alcanzar hoy una paz justa y duradera”.