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Las claves para acompañar a un familiar que sufre de adicciones

Las adicciones son un flagelo que atraviesa a miles de personas sin importar su condición socioeconómica. Quienes conviven con un familiar con problemas de consumo tienen el desafío de acompañar y contener diariamente situaciones que acontecen en el marco de una enfermedad que debe ser tratada.
El alcoholismo es una enfermedad mental que afecta la voluntad, no un vicio de orden moral. Foto: Freepik
El alcoholismo es una enfermedad mental que afecta la voluntad, no un "vicio" de orden moral. Foto: Freepik

La persona que tiene un consumo problemático suele tener familiares y amistades que intentan hacer de todo para ayudarle “a salir”. Querer controlar la cantidad de drogas u alcohol que alguien ingiere; como también evitar que se sumerja en conductas adictivas, como las apuestas en el juego, parece algo natural. Pero está demostrado que hablar, insistir, coaccionar y manipular no funciona. Psicólogos y especialistas en la materia aseguran que ninguna persona adicta logra recuperarse si antes no reconoce que tiene un problema.

“Por más clínica y dinero y enojos que tengamos hacia ellos, no van a dejar de consumir si no quieren”, explica de entrada  Paola Rivero, psicóloga clínica e hija de un alcohólico en recuperación. Sigue: “Es la única enfermedad mental en la que el enfermo se tiene que autodiagnosticar”, aceptar que tiene un problema de consumo o conducta y que es su responsabilidad hacer algo al respecto.

Juan Rodríguez*, quien tuvo a su hermano internado en una clínica de Buenos Aires, coincide en que el tratamiento estuvo destinado a desintoxicarlo, pero también a que él hiciera “un click”. Ese click es la entrega de la que hablan los programas de recuperación mundialmente extendidos en grupos de ayuda mutua. En reuniones abiertas de Alcohólicos Anónimos aseguran: “Si él/ella no quiere, ni Dios puede”.

Aunque se usen palabras despectivas, como borracho o drogadicto, detrás de ese estigma hay una dolencia, una enfermedad, que va más allá de lo individual. Hay problemas sociales, psicológicos y económicos que hunden a la persona y a su entorno más cercano. Por eso, es mucho lo que puede hacer una madre, un padre, hijos, hijas y la pareja y amistades de la persona que tiene un problema de consumo. Lo primero es aceptar que existe la adicción.

alcohol al volante
Los grupos de ayuda mutua no combaten ninguna causa, como el alcohol al volante.

Cuándo el consumo es adicción

Si la persona tiene menos de 20 años, todo consumo de sustancias es problemático. Incluso si se trata de las legales como el alcohol o las más aceptadas en algunos círculos sociales, como la marihuana. “Hasta los 25 años, inclusive, la persona es más vulnerable por el daño inmediato de la droga. Además de lo biológico, desde lo epigenético es más probable que tenga problemas a lo largo de la vida”, asegura Manuel Vilapriño, director de Cesasin, Centro de Estudios, Asistencia e Investigación en Neurociencias.

En este sentido, Juan Rodríguez, cuenta que a su hermano le diagnosticaron esquizofrenia a los 18 años, justo cuando comenzó a consumir marihuana. “Ningún psiquiatra nos ha sabido decir si fue primero la droga o primero la esquizofrenia”, dice. Su familiar recurrió durante mucho tiempo al porro para calmarse, y así acallar las voces que escuchaba. Con más de 40 años hoy es una persona con discapacidad mental, dependiente, que debe continuar un tratamiento psiquiátrico de por vida. “Él no logró hacer el click”, explica Rodríguez, quien se encarga de llevar y traer al hermano a los controles médicos y al hospital de día que funciona en el Pereyra, donde el enfermo participa con gusto en talleres de arte. El hermano vive con su madre, pero el día que ella no esté le tocará a Juan resolver dónde vivirá.

En adultos, Vilapriño define que hay adicción “cuando el comportamiento implica un compromiso global del funcionamiento de la persona, quien empieza a funcionar en torno al consumo, no pudiendo controlar. A sabiendas de que le está generando problemas, desde cualquier punto de vista, no puede evitar hacerlo”.

Entonces, ¿cómo ayudar a un adicto? A continuación las recomendaciones que dan profesionales en psicología y psiquiatría; además de la experiencia de familiares que conviven con el consumo problemático.

Amar y escuchar al adicto

Las amenazas, reclamos o exigencias que suele escuchar de su entorno la persona adicta suele servirle de excusa para refugiarse aún más en el consumo. Por eso “por mucho que yo lo ame y quiera salvarlo debo saber que no puedo lograr que esa persona deje de consumir la droga”, insiste la psicóloga Paola Rivero.

Salvador Valadez, un orador mexicano en temas de dependencia afectiva y coalcholismo, invita a las madres y padres de alcohólicos a abrazar a sus hijos. También sugiere “cerrar la boca, dejar de chinchar” (molestar) al enfermo. Dice que en las familias disfuncionales, donde existe consumo de sustancias, no es fácil demostrar afecto.  

“Con las adicciones se esconde todo lo que no se puede expresar. Por eso la postura debe ser fundamentalmente de escucha, sin estigma, sin prejuicios. Debe haber cercanía desde lo afectivo, para que la persona pueda abrirse y contar lo que le pasa, que no es algo sencillo”, explica Vilapriño.

Poner límites a la adicción

Pero ese amor también implica poner límites, dejar de permitir que la persona que sufre una adicción continúe dañándose a sí misma y poniendo en peligro a su familia. Es clave dejar de justificar el consumo (por ejemplo, Pobre, tuvo una infancia difícil) y de mentir, negando que existe el problema (No se siente bien, comió algo que le hizo mal).

Los familiares consultados por MDZ coinciden en que las crisis suelen darse cuando la persona adicta no consigue la sustancia o se queda sin dinero. En esos momentos de desesperación es cuando conviene mantener el límite firme para autopreservarse ante las acciones del enfermo. Esas suelen ser además oportunidades para permitir que la persona "toque fondo", "se vea" y salga del estado de negación.

Daniela Sosa* pasó por esta situación a principio de este año. Su pareja alcohólica estaba "en carrera" cuando intentó quitarse la vida con una sobredosis de pastillas. El hombre tuvo un ataque de ira y se puso agresivo con ella. Entonces Daniela, que lleva seis años viviendo con él y asiste a un programa de recuperación para familiares, llamó de inmediato a la policía para pedir ayuda. En un juzgado de familia tramitó la prohibición de acercamiento.

La marihuana, hoy es aceptada en algunos círculos sociales, daña el cerebro en crecimiento.

Cuenta sobre lo que pasó entonces con su compañero: “Me contó que después de haber dormido dos días seguidos, cuando despertó empezó a verse en las condiciones que estaba (en el piso de una celda) y no le gustó verse así. Dice que él recordaba su cama, la casa, se veía sucio, tenía frío y se dio cuenta de todo lo que él tenía. Entonces tomó él la decisión, que él lo tenía que pedir ayuda por él y por nadie más. Cuando salió de ahí tenía una orden para hacer una terapia psicológica y después comentó que quería hacer una rehabilitación y empezó a buscar el lugar solo. Preguntó, recordó cosas que le habían dicho y llegó al lugar donde participa en reuniones diarias”.

Rivero usa la palabra “soltar” al adicto. “Desprendimiento con amor”, le llaman en AlAnon y NarAnon, grupos de familiares y amigos de alcohólicos y de consumidores problemáticos, respectivamente. Quien realmente ama a un adicto debe dejar de facilitarle el consumo. Los profesionales coinciden en que cuando se trata de mayores de edad, se les debe hacer responsables de su propia vida (su ropa, su comida) y también de contribuir económicamente en la vivienda familiar. 

Pedir ayuda para sí mismo/a

Lo lógico sería atender primero a quien está visiblemente grave, por su nivel de consumo. Pero no. Es que las personas del entorno (incluso, los mismos profesionales, a veces) se encuentran enredadas en una especie de “carrusel” de negación. Algo que quienes lo han vivido describen como una “montaña rusa de emociones”, que tiene que ver con la necesidad del enfermo de manipular a su entorno para que éste le permita continuar consumiendo.

Por eso, “no es necesario beber para sufrir el alcoholismo”. Así versa el lema de los grupos de mutua ayuda AlAnon y AlAteen, de familiares adultos el primero y de niños, niñas y adolescentes, el segundo. Existen estos espacios de participación anónima y voluntaria, en todo el país, de manera presencial. También ha crecido el número de grupos que se reúnen de manera virtual, desde el 2020. Del mismo modo funciona Nar-Anon, “Un programa de 12 Pasos para familiares y amigos de adictos”. Estos grupos (al igual que Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos) no forman parte de ninguna organización política ni religiosa, no combaten ninguna causa social (por ejemplo, no participan del debate sobre alcohol cero al volante) y se sostienen a sí mismo con la contribución voluntaria de sus propios miembros.

*Los nombres son ficticios, para conservar el anonimato de los testimonios.

Más información para encontrar ayuda

Directorio de AlAnon en Argentina. Reuniones para familiares y amigos de bebedores problema.

Grupos AlAteen, para familiares y amigos que tienen de 12 a 18 años. 

Página web NarAnon Grupos de familiares y amigos de adictos.

Red de atención al consumo problemático en Mendoza