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Por qué en las casas de griferías no quieren vender canillas

Un accidente doméstico derivó en que conociera la oscura cara de algunos vendedores.
Una canilla monocomando rota y la trama detrás de los precios en la Argentina. Foto: Shutterstock
Una canilla monocomando rota y la trama detrás de los precios en la Argentina. Foto: Shutterstock

Soy inquilina de un monoambiente construido a base de durlock y accesorios chinos de mala calidad. Tengo un gato obeso, torpe y curioso. Bienintencionado, pero errático casi siempre. Él y mi casa no maridan. Me lo dijeron muchas veces, pero lo comprobé un mes atrás cuando pisó la canilla monocomando del bidet y le hizo fuerza al revés. Quiero decir, la canilla está pensada para abrirse cuando se sube, pero él con sus 9 kilos la bajó y quebró. 

Ese día todo fue un caos, el baño se inundó, cerré la llave de paso como pude y llamé a un plomero. Qué difícil conseguir plomero, dicho sea de paso!. Contacto de contacto, amigo de amigo, chequeo de reviews en Google y di con "Roberto Plomero", una persona con la que chatee muchas veces, pero no le conozco la cara, alguien que te manda plomeros a tu casa según zona y disponibilidad. Hicimos un diagnóstico rápido por teléfono, agendamos día y horario y mandó a Rodrigo, un empleado joven y amable, pero que me dio pocas soluciones, Me cobró $6000 por desarmar absolutamente todo el bidet y decirme que la canilla que el gato había roto no servía más -lo que ya sabía-, que tenía que comprar otra -lo que suponía-, pero que ese día él no podía cambiarla -lo que imaginaba mientras lo escuchaba-. 

Soy nueva en esto de gestionar hogares y sus problemas, pero me intriga mucho la cuotificación de pasos como patrón que encuentro en las personas que trabajan en la construcción o reparación. Nunca nadie termina las cosas en su jornada o "de un tirón", aunque sea cambiar una canilla, aunque haya casas de sanitarios a la vuelta de la esquina, aunque se tarde más en desplazarse que en terminar. Siempre dejan algo para después, para la próxima, para otro día. Siembran la semilla de un vínculo, prometen segunda vuelta y quedás embargado en una relación con mucha potencia de ghosteo con el plomero, como yo ahora, desde hace más de un mes. 

Le pedí a Rodrigo que compre la canilla y me lleve factura, me pareció más simple. Casi nunca tengo tiempo y menos para lo que no sé o no me interesa como comprar canillas monocomandos. Me dijo que no, que lo hiciera yo y hoy llegó el día. Fue culpa de un amigo periodista que en broma puso en un grupo que si teníamos que hacer gastos grandes aprovecháramos porque se venían más aumentos. Rápido le pregunté si hablaba en serio y pensé en la canilla, en Rodrigo, en Roberto, en que había caído en la red de la procrastinación de los plomeros.

Con decisión agarré la billetera, la campera, el celular y busqué casa de griferías en el barrio y pasó lo peor: desconocidos queriéndome dar su opinión. Me arruinaron el día. Vivo en Villa Ortúzar, a cuadras de Parque Chas, casas bajas, negocios con poco marketing atendidos por sus dueños, todo queda cerca y pensé que iba a ser más fácil que ir a un supermercado de la construcción. Me equivoqué. 

En la primera casa de griferías, en una esquina de Avenida los Incas, me atendió una mujer pálida, morocha, con mala cara. Practico la simpatía cuando tengo que resolver problemas para que todo sea más simple, así que encaré con sonrisa:

-Hola, necesito una canilla de bidet monocomando, por favor
-Uff
-¿No tenés?
-Sí, pero una canilla...
-¿Qué tiene? ¿Son importadas? ¿No hay? ¿Me tengo que preocupar?
-No, no, hay, pero sabés cuánto te va a costar, no te conviene
-Pero estoy sin canilla y tengo que reemplazarla. Seguramente me cueste menos hoy que la semana que viene

No le causó gracia el chiste, ni a mí ella. Trajo la bendita canilla, la abrió, la revisó y me dijo dos precios. Primero, $15 mil; después, $32 mil. En un segundo. Mencionó que no lo había actualizado, que todo aumenta, que es una locura pagar eso por una canilla y me mandó a recorrer el barrio. A esa altura ya me había puesto de malhumor, así que le dije que tenía razón, que mejor no la llevaba nada, le agradecí y me fui.

Busqué el segundo lugar, también en Avenida los Incas y fui. Quedaba a 8 cuadras, abierto hasta las 17, bastante más grande, con buenas ofertas, pero pasó lo mismo. Me sentí juzgada por querer comprar una canilla en un negocio que vende canillas. Fue como pedir bombones en una ferretería.

-Hola, necesito una canilla de bidet monocomando, por favor
-Son caras
-Ya sé, pero la necesito
-No tengo chinas, solo de marca (la famosa marca de griferías)
-Mejor, va a durar más. ¿Tiene garantía?
-Cinco años. Se paga sólo en efectivo o transferencia
-¿Y débito? (A esta altura pregunté por molestar)
-No. Efectivo o transferencia. Te sale $40 mil y estoy redondeando para abajo. No te conviene comprar acá
-Pero necesito la canilla. La voy a llevar
-¿Por qué no buscás en otro lado?
-Dame el alias que te transfiero. Repetime la cifra

Comprar la canilla se convirtió en la lucha por un trofeo. Evidentemente, no me la querían vender y soy caprichosa aún cuando gasto plata. Empiezo a creer en mi amigo periodista, en que hay rumores de nuevos descalabros económicos y eso se traslada a precios, en que detrás de la falsa preocupación de dos desconocidas para que yo no gaste tanto, hay especulación. Me indigno un poco, pero tengo la canilla. Es mía. 

En el medio de todo esto, otra mala noticia. Mensaje de Roberto Plomero para decirme que Rodrigo se había tenido que ir a la casa, que no iba a poder terminar el trabajo, pero que mandaba a Jorge, otro de su equipo. Jorge trabajó rápido, también me dio consejos que no pedí y, por supuesto, detectó más problemas plomeriles que ofreció resolver si lo arreglábamos entre nosotros, guiño de ojos. Por ejemplo, destapar el desagüe por $2000. A esa altura yo quería que se fuera así que le dije si terminaba rápido podía hacerlo. Me dijo que menos de diez minutos y que ahora yo me iba a poder bañar sin apuro porque no se iba a rebalsar nada. Además, por suerte, me dijo que qué buena canilla compré, que era de calidad, que no se me iba a romper nunca y que si me había costado cara no me preocupara porque pronto iban a aumentar. Le sonreí y le dije que quería resolverlo porque lo único que me preocupa es que nos tape el agua.