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Inteligencia artificial: ¿tiranía o regulación?

La reciente carta abierta de los CEOs de las empresas más grandes del mundo no se detuvo en sutilidades y de forma explícita hizo público su pedido: poner un freno de mínimo seis meses al desarrollo de los motores IA (inteligencia artificial).
No hay legislación del uso de la inteligencia artificial. Foto: Gentileza: Scienews.
No hay legislación del uso de la inteligencia artificial. Foto: Gentileza: Scienews.

 Después del lanzamiento del Chat GPT 4, este desarrollo, señalan, podría ser hasta para sus propios creadores algo impredecible e incontrolable. ¿Finalmente las máquinas van a reemplazarnos y tomar el control? Mejor no demos un salto desesperado a la ciencia ficción. Sí, pensemos en estos motores de inteligencia artificial (el de Open AI no es el único) y tiremos del hilo para ver hacia dónde, al menos al día de hoy, nos conduce.

¿Cómo se construye un motor de inteligencia artificial? Motores inteligencia artificial hay un montón y no solo uno, el Chat GPT, o mejor dicho, Open AI. El avance de la inteligencia artificial no es un monopolio del actual dueño de Twitter, sino solo uno del resto de los motores de inteligencia que tantas otras empresas poderosas, como Google o Meta, desarrollan y han desarrollado.

¿Qué es lo pasa con Open AI y su popular herramienta el Chat GPT? Lo que pasa es que éste es, prácticamente, el único motor IA que se nos ha liberado. De forma pública la versión 3.5; con una modesta suscripción de 20 dólares, la super poderosa versión 4. Pero esto no quita que el resto de las empresas, las que pudieron, también se lanzaron al desarrollo de sus propias inteligencias artificiales. Más allá de que parece impredecible o incontrolable hasta dónde puede llegar su capacidad, sí podemos explicar cómo es que surgen estos sofisticados cerebros tecnológicos.

Motores inteligencia artificial hay un montón y no solo uno.
??????Foto: Creantelab.

Para decirlo rápido y sencillo, una inteligencia artificial de este tipo se construye en tres etapas. Primero nosotros comenzamos a programar, desarrollamos un sistema reactivo que ejecuta acciones o realiza tareas ante determinadas situaciones (determinada información). Esta es la primera etapa de todo sistema. La segunda etapa ya es diferente y abarca la evolución de ese sistema. Es ese momento que por ahí, afuera, podemos escucharlo como “machine learning”. Con la interpretación de volúmenes de datos estadísticos cada vez más grandes, el sistema o programa que creamos evoluciona de uno reactivo a uno proactivo.

Es cuando la máquina empieza a aprender, a anticiparse y a hacer cosas de manera automática. Acá, en esa retroalimentación, comienza la inteligencia artificial. El sistema puede ahora buscar más y más información, a distinguir situaciones, a asociar situaciones. La sucesión de estos mecanismos evolutivos, tercera etapa, hacen de ese programa un motor IA.

¿Qué función cumplen los motores IA? Empresas como Google o Facebook, por ejemplo, tienen sus propios motores de IA. De hecho, son esa tecnología con la que pueden moderar los algoritmos, la información visible, los contenidos y la censura, el plagio, lo que es ilegal, lo que es falso, etc. La inteligencia artificial no nació con el uso generalizado del Chat GPT hace solo unos meses. Hace rato que está presente en nuestra vida, en las plataformas que usamos todos los días. El tema es que ahora tenemos acceso, podemos utilizarla.

La gran diferencia hoy está en que la gente, los programadores y las empresas independientes pueden generar una evolución de esos sistemas a los que tienen acceso. Pagar 20 dólares y hacer un uso productivo e interesado de, por ejemplo, este cerebro que es Chat GPT 4. Pueden hacer cosas con eso; y este hacer cosas puede ser positivo o negativo.

¿Tiranía o regulación? Cuando ponemos a pensar un motor de inteligencia artificial, estamos dando paso a una corriente de agua que no va a dejar de correr. Ese cerebro piensa y te da respuestas, así es como se alimenta. A medida que le pedimos más lo vamos haciendo más fuerte: gana sofisticación, precisión, velocidad. Va a seguir dando.

¿Esto es bueno o malo? Del mismo modo que podemos usar nuestro cerebro humano con buenos fines y malos fines, podemos usar el cerebro artificial. Un motor IA es como una moneda, de un lado tenemos sus efectos positivos y del otro sus efectos negativos. Unos no vienen sin los otros, de ahí que el tema de la regulación legal sea el centro del debate.

No hay legislación del uso de la inteligencia artificial.
Foto: Youtube.

Sin embargo, hoy todavía no estamos en ese lugar. No hay legislación del uso de la inteligencia artificial y, por lo tanto, no hay prevención ni manejo de riesgos. En efecto, estas herramientas van a darnos mucho más de lo que hoy nos dan. Son un vehículo de cambio, un fenómeno bisagra. Vamos a acelerar procesos, optimizar tiempos y recursos.

Pero, la alerta de quienes conocen esta tecnología desde adentro es justamente la otra cara de todo esto. No sabemos hacia dónde vamos o hacia dónde nos lleva este cerebro artificial. Podríamos, muy bien, estar abriendo la puerta para hallar la cura del cáncer (como muchos dicen por ahí afuera), pero con las mismas probabilidades lo estaríamos haciendo a toda clase de delitos o de conflictos, sean sociales, económicos, políticos.

* Alejandro José, especialista en Marketing Digital.