Las chinas, el escritorio y la marchita: tres notas desconocidas de la Vendimia de Mendoza
Los primeros festejos vendimiales estuvieron circunscriptos al ámbito de lo cercano, próximo y local. Fue así que el popular y típico asado de fin de cosecha con que cada propietario viñatero cerraba su ciclo recolector invitando a los cosechadores se convirtió en el escenario elegido para reconocer a “la más buena moza” de la finca donde el vecindario había trabajado cortando las uvas de las viñas y el parral. Por aquellos tiempos perfectamente también podría haber sido un gran guiso o un locro “bien regado” el pretexto, que en torno a una mesa común elegía a la soberana.
Fue así que las primeras celebraciones de vendimia del siglo XIX conmemoraban el cierre de la etapa productivo de la viña (el fin de la cosecha) realizando la "fiesta de las chinas”, donde criollos e inmigrantes; patrones y peones; “los de la viña” y “los de la bodega”; los de la tierra o “los ‘estudiaos”, al son de entretenidas guitarreadas y populares canciones (polcas, cuecas, gatos y tonadas) presumían ante “las buenas mozas” disputándose el favor de bailar una “pieza musical” mientras brindaban y honraban el venidero vino nuevo. El galpón de la bodega iluminado con candiles de grasa aseguraba que la “farra” se prolongara hasta bien tarde.
Dichas celebraciones siempre se realizaban sobre la esfera del emprendimiento local y tenían una directa relación con el espacio geográfico y productivo próximo de cada distrito vitivinícola específico. Eran fiestas familiares y netamente vecinales. No era una fiesta extendida (ni generalizada) a todos los ámbitos de la provincia y presentaba las particularidades idiosincráticas de cada región donde el perfil del festejo variaba según la impronta puntual de empresario benefactor hasta las características singulares de cada poblado o emprendimiento. Juegos como la taba y las cinchadas, naipes, payadas, recitados, riñas de gallos, cuadreras, carreras de galgos, podían convertirse en la antesala de la conmemoración.
La vendimiadora más llamativa, soltera, era elegida por sus compañeros de cosecha. Siempre los guitarreros de la zona ofrecían una serenata a la “china consagrada” y generalmente “el patrón” le obsequiaba al padre de la soberana un regalo consistente en un cuchillo, un jamón o hasta varias damajuanas de vino. “La china más buena moza” recibía un ramo de flores, probablemente un mantillón obsequiado por “la patrona” y telas o elementos de vajilla para su próximo ajuar, porque seguro que entre las hileras e hijuelas también habría andado surcando “un gallito que le arrastraba el ala” y que pronto le propondría casorio.
Primera reina provincial y una semi definida con VAR y escritorio
La bella Delia I es un ícono indiscutido en la historia mendocina. Fue la primera reina de la vendimia provincial elegida un 18 de abril de 1936 durante el acto central realizado en la cancha de fútbol de Gimnasia y Esgrima. Su nombre: Delia Larrive Escudero. Tenía 16 años y representó a Godoy Cruz. Su recuerdo será imborrable en la memoria de Mendoza.
Pero es poco conocida “la previa” a su indiscutida elección provincial. Lo cierto fue, que la elección municipal de Godoy Cruz se desarrolló un día antes al acto central y arrojó como sorpresa un empate entre dos representantes distritales: Delia Larrive Escudero y Anita García Verdés.
La situación inesperada se resolvió en la municipalidad. Precisamente en el salón de la intendencia godoycruceña se reunieron los integrantes del jurado que estaba compuesto por el intendente municipal de ese tiempo: Julio Fernández; el secretario de gobierno: Abel Rodríguez; los doctores Héctor Perinetti (funcionario municipal) y Francisco Giménez Herrero, más Andrés Filippini, Luis Rousell y Juan Di Marco, quienes representaban a las “fuerzas vivas” y organismos no gubernamentales. Fue electo presidente de la comisión: Andrés Filippini (bodeguero reconocido y dirigente del flamante Godoy Cruz Antonio Tomba, nacido como Sportivo G.C. en 1921, pero fusionado con el Club A. Tomba en 1933), quien solamente votaría en caso de empate.

Para agregar suspenso a la situación en resultado del jurado fue 3 a 3. Tres votos para Delia. Tres votos para Anita. Como no había experiencia previa y apurados por los tiempos, hasta se pensó proponer que Godoy Cruz tuviera dos representantes en la fiesta central considerando que había departamentos que no presentaba reina (San Rafael y General Alvear). Obviamente, la idea no prosperó por lo cual Filippini tuvo que votar desempatando y lo hizo por Delia Larrive Escudero. (“aunque las dos merecerían ser reinas”, podría haber dicho).
Pero no todo quedó ahí. Hubo una protesta de último momento, y fue que en el documento (“Libreta Cívica”, por ese tiempo para las damas) de Delia figuraba como lugar de nacimiento: Chacras de Coria (Departamento de Lujan de Cuyo), por lo cual, en ese caso el que tendría dos representantes en el acto provincial sería Lujan. Los argumentos y debates se sostuvieron hasta la madrugada. Apurados porque pronto había que continuar con los actos oficiales, y Godoy Cruz todavía no tenía reina, Don Andrés Filippini argumentó “que la niña había nacido en Lujan pero que toda la vida había vivido siempre en Godoy Cruz”. Golpeó la mesa. Hizo un acta y dispuso que, para él y bajo su responsabilidad, la soberana departamental debía ser Delia Larrive Escudero. Era el destino; unas horas más tarde Delia sería electa la primera Reina de la Vendimia de Mendoza.
La marcha vendimial, fuente inspiradora de Perón
El gobierno provincial había establecido un premio de 1.000.000 de pesos para quien resultase ganador de un concurso que determinaría la canción oficial de la vendimia que acompañaría los festejos de la primera edición de 1936. El autor seleccionado fue Ernesto Fluixá. La interpretación durante los festejos de ese año fue realizada por la Banda de Música de la Policía y dirigida por Fidel María Blanco.
Pero será recién desde 1946 cuando el vigente “Canto a Mendoza”, también popularmente conocida como “Marcha de la Vendimia”, con letra de Guillermo y Horacio Pelay y música de Egidio Pittaluga, terminará siendo, como diría Jorge Sosa: “la canción con la cual uno termina como empachado de tanto que la escuchamos. Después no suena más en todo el año; y es como que empezamos a extrañarla, para que en esas semanas de festejos pase nuevamente a ser por goleada la canción más difundida en la provincia”. Esa canción contó con un momento político y social particular del país al ser grabada por primera vez por Hugo del Carril que le dio una relevancia enorme.

Al año siguiente de esa grabación, la edición de 1947 de la Fiesta de la Vendimia contará con la presencia del presidente Perón quien escuchará la marcha vendimial interpretada por Del Carril, comprobando en primera persona la inmediata repercusión que la composición causaba. La astucia del general percibió rápidamente que al movimiento político recientemente nacido le falta una especie de himno popular que irradiara motivaciones e identificaciones con solo cantarla o escucharla.
Será así que estimulará inmediatamente a su área de comunicación para que encuentre una canción partidaria sencilla y pegadiza que ponga el acento en los iconos fundantes del peronismo: Perón, los trabajadores, la unidad sectorial, referencias patrióticas y sus enemigos históricos: el capitalismo. La letra y música de la marcha futbolera del Club Barracas Junior servirá de estructura básica para la marcha peronista.
El intérprete popular, archiconocido y carismático que toda marcha debería tener, Perón ya lo había seleccionado en Mendoza: Hugo del Carril. El cantor ideal: pintón, admirador de Gardel, que generaba suspiros hasta en la platea femenina de “la aristocracia”, la voz de tangos que se escuchaban en todas las radios, actor de películas cinematográficas masivas como “Los muchachos de antes no usaban gomina” y además “peronista”.


