El drama que padecen 4 de cada 10 argentinos y el riesgo que implica para los más jóvenes
"Conciliar el sueño y alcanzar un descanso placentero no es una tarea sencilla", dicen los expertos del Hospital Italiano. Las estadísticas les dan la razón: 4 de cada 10 personas tiene problemas para conciliar el sueño. Entre las causas se nombran algunos clásicos: estrés, horas de trabajo, desgaste emocional, quehaceres diarios y el uso de pantallas que afecta especialmente a los adolescentes de entre 12 y 18 años.
El objetivo de celebrar el Día mundial del Sueño es alertar sobre las causas y los síntomas de esta problemática que afecta a la salud de las personas. "El sueño fortalece nuestro sistema inmunológico para que no nos enfermemos con frecuencia, protege el corazón, mejora la depresión, recarga de energía, favorece un mejor rendimiento laboral, nos hace ver más sanos y atractivos", enumera la doctora Stella Maris Valiensi, especializada en neurología y autora de "La ruta del sueño" (Delhospital Ediciones).
Según los expertos, un adulto necesita dormir, en promedio, unas 7 horas diarias y levantarse descansado. En caso de que lo "común" para una persona sea amanecer cansado o dormir menos de 5 o más de 10 horas, se recomienda consultar a un especialista.
Entre las consecuencias más importantes de la falta de sueño se encuentran los cambios de ánimo: irritabilidad, ansiedad, decaimiento y falta de concentración. La falta de sueño también genera fatiga y malestar y, a largo plazo, se asocia a enfermedades como obesidad, diabetes, depresión y enfermedades cardiovasculares.
Causas y efectos de la falta de sueño en los adolescentes
Una investigación liderada por el doctor Daniel Pérez Chada, profesor de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral y consultor del Servicio de Neumonología del Hospital Universitario Austral, demostró que el uso de pantallas entre adolescentes afectó el sueño nocturno, la somnolencia diurna y el rendimiento académico.
De acuerdo al estudio en el que participaron 1257 adolescentes de entre 12 y 18 años, las exposición a pantallas -incluyendo videojuegos en línea, uso de redes sociales y horas frente a la televisión- el 71% de los participantes ha mostrado signos de somnolencia diurna y el 41% de fracaso académico.
Los adolescentes necesitan dormir, en promedio, entre 8 y 10 horas diarias para garantizar el buen funcionamiento fisiológico, aparte de favorecer el proceso de aprendizaje y la consolidación de la memoria. Pérez Chada diferencia entre dos tipos de memoria, "la declarativa, que almacena recuerdos que pueden ser evocados, como, por ejemplo, qué comimos hace unos días, un compromiso al que asistimos o un número de teléfono, y la memoria procedimental que se vincula con el aprendizaje de ciertas habilidades o destrezas, como andar en bicicleta”. Durante el sueño, afirma el experto, se reactivan recuerdos adquiridos en la vigilia, lo que es fundamental para su posterior consolidación en regiones cerebrales como el hipocampo.
Por eso preocupan las cuestiones que interfieren con el sueño. El caso es que, cada vez más, la tecnología forma parte de la rutina y los dispositivos sirven tanto para el estudio o el trabajo como para el tiempo de ocio. Y el elevado uso de pantallas tiene un fuerte impacto en el tiempo y la calidad del sueño.
Por un lado, exponerse a pantallas hasta altas horas de la noche muchas veces implica sacrificar horas de descanso. A eso se suma que el estímulo de estas -especialmente los videojuegos y las redes sociales- pueden hacer que se retrase el inicio del sueño. “El tiempo dedicado a los videojuegos afecta el sueño y aumenta la somnolencia diurna, y el uso de dispositivos móviles se asoció con un peor rendimiento académico”, explicita el informe de la investigación.
De los 1.257 adolescentes que participaron en el estudio, el 40,7% no alcanzó el puntaje necesario para aprobar los exámenes de matemática. De acuerdo al estudio, los que reprobaron sufrían más somnolencia diurna, dormían menos entre semana, hacían siestas más prolongadas y se acostaban más tarde los fines de semana. También fueron los que reportaron pasar más tiempo frente a las pantallas.
“El ambiente familiar debe acompañar a los adolescentes para ayudarlos generar hábitos de sueño saludables, que permitan alcanzar entre 8 y 10 horas de sueño", afirma Pérez Chada. Y agrega: "Este objetivo no siempre es fácil de cumplir, debido a las actividades extracurriculares que desarrollan los jóvenes luego de asistir a la escuela, como las deportivas o artísticas, o el aprendizaje de algún idioma. Muchas veces la tarea a realizar luego de asistir al colegio hace que el día se prolongue en detrimento de las horas de sueño nocturno".
El experto señala que, además, "la adolescencia es una etapa de mucha sociabilización, por lo que es importante limitar las salidas nocturnas, en especial los días de semana. La irrupción de la tecnología en la vida de los niños y adolescentes agrega, cuando no es oportunamente supervisada por los padres, un factor más que compite con los hábitos de sueño saludables”.

