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"Obolosis aguda", un cuento breve para cortar la semana

Cada tanto es recomendable tomarse unos minutos, hacer un alto y leer un relato literario.
Quise tomar el 32, con destino a tribunales, pagué el boleto más caro de mi vida Foto: MDZ
Quise tomar el 32, con destino a tribunales, pagué el boleto más caro de mi vida Foto: MDZ

Durante la primera semana de mayo de 1997, ocurrió uno de los fenómenos más inexplicables de mi vida. Todo apuntaba bien hasta que el lunes por la mañana cuando quise pagar un taxi en dirección a mi trabajo, el conductor tuvo treinta centavos menos en su haber; alertándome ello de la escasez de cambio.

Cuando llegando al mediodía, quise tomar el 32, con destino a tribunales, pagué el boleto más caro de mi vida, fueron dos pesos. Tras breve discusión con el conductor me dijo que durante su primera ronda había visto por última vez apenas doce monedas de cincuenta centavos.

Luego de tomar conciencia de la falta de piezas metálicas en la ciudad, traté por todos los medios de conseguir cambio, fracasando sucesivamente, primero en un kiosco y luego en una librería, donde incluso quise comprar para obtenerlo. Recién caí en la realidad cuando por fin decidí ir a un banco. Fue como chocar con una pared; en los mostradores principales había por lo menos cuatro carteles que rezaban “no hay monedas”.

Desolado y más que todo desconcertado, llegué a mi casa caminando cerca del crepúsculo. Durante la noche en una cena de negocios, que pagué yo con mi tarjeta de crédito; olvidé el asunto. Ya en la profundidad de mis sueños apareció mi amigo David. Por la mañana aun dormido vi los encabezados del diario y salté del letargo al leer grande y muy destacado “Extraña escasez de monedas afecta la capital”.

David Polansky fue un excompañero durante el primario. Siempre recuerdo al “Ruso”, como despectivamente lo llamaban algunos compañeros. Yo aclaro, siempre le tuve estima, a pesar de su mala fama y prejuicio de amarrete ´juancopete´ y convenido. La primera vez que fui a su casa quedé impresionado, era una verdadera mansión, David era rico. Pero lo que más me llamó la atención fue su afición predilecta, la numismática. Tenía miles y miles de medallas de cambio de todas partes del mundo, las tenía de Tailandia, Gabón y cientos de lugares que eran visitados por su padre, que en viaje de negocios traía de obsequio para Davidsito.

En su parque siempre acostumbrábamos a jugar al tesoro escondido. Por supuesto que el tesoro siempre era un recipiente lleno de monedas. Además, ahora que recuerdo, pienso que varias veces lo vi leyendo libros como “la isla del tesoro” y otros que no recuerdo, pero en los que siempre había algún cofre lleno de numismas. Cierta vez en el patio del recreo; Olivera, siempre malvado; me comentó que a David en las últimas vacaciones, sus padres lo habían zurrado por meterse a sacar monedas en una fontana romana, aclaro, que yo nunca le creí.

Le perdí el rumbo cuando fue despedido de la casa de la moneda a mediados del ‘95. Dicho cargo donde trabajó por más de once años le fue conseguido por su acaudalado padre, que nada pudo hacer para que Davidsito siguiera sus pasos en el mundo de los negocios y las finanzas.

Cuando, a raíz de los sucesos y de mi imaginación fui a visitarlo a su mansión en el barrio de Coghlan, su madre con cara de preocupada me hizo pasar indicándome que David se hallaba en su habitación y que rara vez salía de ella, solo lo hacía para visitar su inmenso sótano. Al verlo, su impresión facial era la de un niño feliz por inocencia, su rostro denotaba una absoluta falta de sufrimiento.

El libro de poemas 28 poemas de amores, amoríos y cruces.

A la hora de intercambiar historias y proyectos personales, como siempre, me invitó al sótano a ver su colección de piezas metálicas. Era un verdadero museo, miles y miles de plateados y dorados óbolos se hallaban prolijamente colgados en marcos muy bien iluminado por tubos fluorescentes.

Una vez superado el tour inicial que si bien ya conocía, no dejó de anonadarme, pues su colección había aumentado asombrosamente, me mostró un depósito secreto; según me dijo. Al abrir la puerta y encender las luces vi como una mega-montaña de cecas ocupaba el lugar y también con ello su extraño brillo en los ojos, que me recordó cuando éramos jóvenes y él me mostraba el tesoro antes de esconderlo.

Los abogados del Departamento de asuntos Jurídicos del Banco Central de La República quemaron sus cabezas al tratar de hallar una manera de penar a David por su gran fechoría. La defensa alegó insania. Por consejo mío a su poderoso padre y al juez federal que intervino en la causa, le fue devuelto su antiguo puesto de trabajo.

Gracias a Dios, cuando voy a al menos una vez al mes, a almorzar con él, lo encuentro feliz en su trabajo de acuñación; el problema surge cuando hay que pagar e invita él pues siempre paga con monedas y más de uno toma esto como una ofensa.

Lautaro Capri.

* Lautaro Capri es un autor de cuentos de ficción y poemas. Ha publicado también un libro de poemas 28 poemas de amores, amoríos y cruces.

Sus obras se encuentran publicadas en amazon version electronica. La version impresa se puede solicitar a [email protected]