Relatos de viajero: cuando las distancias te dejan sin palabras
Este fue el último día en Santorini, dicen, uno de los lugares más paradisíacos del planeta. No me pareció tanto. Ni a mí ni a Natalia, mi esposa, con la que seguimos este peregrinar europeo. Aunque muchas cosas nos asombren, sus callecitas cautiven y sus playas nos provoquen múltiples comentarios, desde la necesidad de andar calzados en el agua hasta la piedra volcánica que está por todas partes o el agua transparente.
Pero, además de los paisajes, los atardeceres imperdibles e irrepetibles de Oia, la buena comida de Fira y demás asombrosas particularidades, lo que más nos llamó la atención, nos provocó furia y el inicio de una campaña de denuncia a los inescrupulosos empresarios y comerciantes argentinos de nuestra costa atlántica u otro punto de veraneo tradicional argento es que cualquier producto, alimento o artículo que uno quiera comprar o consumir mantendrá el mismo o parecido valor en todos los puntos.
Una pizza, una porción de papas fritas o una bebida, sin importar marca, con o sin alcohol, saldrá lo mismo frente a la playa más exclusiva del planeta o al lado de la terminal de Atenas, Santorini o cualquier lugar mucho más concurrido.
Un par de reposeras dispuestas frente al agua, literalmente, con un techo de paja y mesita vale 10 euros, con lo cual, si uno consume, como lo hicimos, una cerveza y una pizza, más las comodidades detalladas, nos saldrá completo, 25 euros. Traducido. $7.500 todo incluido al valor blue. Obvio que es caro para cualquiera. Pero si lo comparo con Argentina, hasta parece un regalo.
¿Cuánto costará este verano un parador de estas características en la costa bonaerense? El año pasado ya nos pedían $5.000 por día por prestaciones parecidas, pero no iguales en calidad y tranquilidad. ¿Y la comida en la playa? En abril, una pizza ya salía $1.500 pesos, sin contar la bebida.
¿Por qué tanto abuso? ¿Por qué tanta promoción para el turismo interno? ¿Por qué el PreViaje? Son todos elementos que marcan a la clara la desidia y el desdén de todos los argentinos por la competencia, por aferrarse a la idea que defender lo nuestro es proteger las fuentes de empleo, aunque para eso debamos que pagar el doble que en cualquier otro lugar del planeta.
Y aquí no incorporo otro valor agregado como la atención. Se matan por hacerte sentir cómodo, como si vos fueras el único cliente que tienen. Las cámaras y los sindicatos que tanto defienden el “compre argentino”, las provincias que tanto promocionan sus centros turísticos, lo primero que tendrían que hacer es incorporar todas las cualidades que he visto en el extranjero.
Máxime cuando todos los arriba nombrados viajan mucho más seguidos, ya sea por poder económico, por invitaciones o por supuestas misiones comerciales que suelen quedar en un cuarto de hotel.
Sí, estamos indignados. No encuentro calificativo para tanta desidia. Parecería que en Argentina uno no pudiera viajar a disfrutar si no tuviera un amigo con algún emprendimiento turístico o vivienda que le pueda prestar. Porque si uno depende “del mercado” y de las regulaciones provinciales, todas, uno termina siendo preso en su propio país, y debe aceptar lo que le den, con el precio que te fijen y el trato que te dispensen.
Apenas aterrizamos en Nápoli, nos encontramos, quizás, en el lugar más argento de todos, por el desorden, el bullicio y la ropa colgada en los balcones para secarse al sol. Pero lo que más notoriamente atrasado me hizo sentir fue la frase de Gustavo, el mozo que nos atendió muy contento por encontrar una voz argentina.

Llegado hace cinco meses a este lugar del sur italiano, sufre el desarraigo, pero no le preocupa. Cree y sabe que tiene futuro. Está a un par de meses que le salga la ciudadanía europea y luego hará venir a su novia rosarina.
Y ahí está el quid de la cuestión. No puede vivir más en esa espléndida ciudad santafecina. “Los narcos toparon todo. Ni por la Pellegrini se puede caminar. Te cag… a tiros por las dudas. No es vida. Es imposible. Me pongo a llorar cuando me acuerdo”, relata, mientras se contiene para no explotar en llanto.
Nápoli no es mejor que cualquier ciudad nuestra. Es una mezcla de La Boca con Retiro. Hasta más desordenada y algo sucia. Sin embargo, para Gustavo, acá hay mucho más futuro que allá.
Mientras tanto, lo que me llega desde Buenos Aires es que estamos a punto de iniciar una guerra civil en Uruguay y Juncal porque, al igual que hace años hicieron con Hebe de Bonafini, “el pueblo no quiere que vaya presa CFK”, aunque para esto falte más que una instancia judicial.
También me enteré por la información suministrada desde el Ministerio de Economía que “los últimos indicadores económicos muestran una calma en los mercados, un crecimiento de los valores de los bonos en el extranjero y buenas expectativas para el futuro fin de año”. Mis amigos, en cambio, que me escriben preguntándome cómo me va, no están viendo lo mismo. Puntos de vista. Yo solo escribo lo que me llega.



