Abuso sexual infantil: las señales de alarma que pueden salvar vidas

Abuso sexual infantil: las señales de alarma que pueden salvar vidas

Desde la Red Viva, entidad que trabaja en pos de la protección y restitución de los derechos de las víctimas, advierten que se debe estar atento a conductas, manifestaciones físicas y expresiones para denunciar y poner fin a los hechos. Trabajan en la actualidad con unos 1.000 casos en Argentina.

Zulema Usach

Zulema Usach

Desde que Sara Barni (52) comenzó su recorrido hace ocho años para lograr que el agresor de su hija tuviera una condena firme hasta la actualidad, las historias similares a la suya se sumaron por centenares a lo largo y ancho del país. Conforme su caso se tomaba trascendencia, las voces no tardaron en hacerse oír desde todas las provincias, Dos años después, Sara fundó la Red Viva, una entidad que trabaja a nivel nacional con llegada a toda Latinoamérica con el objetivo de generar conciencia, guiar, acompañar y contener a las madres que de manera incansable luchan en pos de la protección de los derechos de sus hijos e hijas. Derechos que en diferentes hechos, años y lugares fueron cercenados en manos de la perversidad de abusadores y violadores que ejercieron el delito más aberrante con el que se puede arruinar la etapa de la infancia, con graves secuelas hacia el futuro.

En la actualidad, la red trabaja con más de mil casos en el país. Barni calcula que en lo cotidiano, sumidos en oscuros mecanismos de manipulación, amenazas y miedo que carcomen la inocencia, miles de niños y niñas argentinos son víctimas de este grave delito. En la gran mayoría de los casos, el abuso sexual es cometido por alguien del entorno íntimo, puertas adentro de los hogares y de manera mucho más habitual de lo que se cree. Justamente por eso, la fundadora de Red Viva quiere alertar sobre esta problemática que para ser frenada requiere de mecanismos más ágiles a la hora de abordar cada caso priorizando siempre la integridad y el cuidado los niños y niñas afectados.

Situaciones para no pasar por alto

En ese sentido, todas las personas que intervienen en aquellos espacios donde el niño o niña se desarrolla deben estar debidamente capacitadas e informadas respecto de las señales que deben llamar la atención y activar los protocolos necesarios para evitar que los hechos se sigan repitiendo, mientras que se realizan las pertinentes denuncias ante la Justicia. Así, en los hospitales y centros de salud por ejemplo, las luces de alarma deben encenderse, alerta Barni, en los casos en que los niños o niñas son llevados en horas de la madrugada, cuando muestran conductas evasivas o bien, presentan dificultades para controlar esfínteres (si ya pasaron la etapa de usa pañales y no presentan afecciones o cuadros diagnosticados que así lo aseveren) o tienen encopresis (imposibilidad de defecar).

Las señales de alarma deben llamar la atención del entorno del niño o niña que está "hablando" con su cuerpo pese a la manipulación de la que es víctima. 

"Otras señales pueden ser cuando los niños o niñas tienen pesadillas nocturnas reiteradas, sufren de manera constante de dolores de panza o muestran cambios de hábitos repentinos. Cuando se comen las uñas hasta sangrarse o se hacen autolesiones. Esas son alarmas para indagar sobre que es lo que les esta ocurriendo", remarca Barni y aclara que en la escuela, es fundamental que la maestra puede detectar cuando el niño o niña esté "retraído o como en una burbuja propia, no interactúa con sus pares o baja sus calificaciones de manera repentina y sin motivo aparente". En los momentos en que se nota que un niño o niña quiere "llamar la atención", es justamente porque de algún modo, está pidiendo ayuda gritos. alerta Barni. 

Gestos y frases que hablan

En el entorno familiar, muchas veces suele suceder que las manifestaciones del niño o niña pasan inadvertidas o minimizadas, cuando en realidad, es su cuerpo el que está hablando. "Puede pasar, por ejemplo, que no quiera estar con una determinada persona o refiera que tal persona es mala, También hay que atender cuando no quieren saludar con un beso a alguien, cuando no quieren estar en casa y prefieren estar fuera", destaca la fundadora de Red Viva y detalla que la tristeza prolongada en el tiempo y sin un motivo puntual aparente se suman a otras señales de alerta.

Infecciones urinarias recurrentes, ardor o dolor como así también malestar abdominal o cuadros de epilepsia y conductas hipersexualizadas para su edad, se suman entre las pautas para sospechar un posible caso de abuso sexual.

Amenazas y manipulación que se roban vidas

Sara Barni destaca que una de las formas más comunes en que los agresores construyen mecanismos mentales de manipulación, miedo y vergüenza hacia sus víctimas puede aparecer de manera sutil, inclusive mediante situaciones confusas para los niños o niñas que son víctimas de estos hechos.

"Les hacen sentir que después nadie les va a creer y que los van a echar de su casa; que si alguien se entera alguien muy querido por ellos -como su mamá- puede salir lastimado", destaca la fundadora de Red Viva y aclara que el hecho de romper la esfera psicosexual de un niño o niña, tiene consecuencias inconmensurables.

"Si el abuso empieza a temprana edad y se hace crónico a través de los años, pueden aparecer cuadros de esquizofrenia a edades tempranas, depresión, disociación e ideas suicidas", recalca Barni y destaca que "a largo plazo puede ocurrir que a través de una imagen o un olor, la persona regrese al momento en que padeció el abuso y revivirlo constantemente". 

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?