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La energía en Argentina, ¿problema u oportunidad?

Para los que no entendemos del tema, la cuestión energética luce como un gran problema. En esta entrevista el experto Gustavo Prévide nos cuenta por qué, más allá de la crisis, la energía para la Argentina es una oportunidad.
Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ
Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ

Desde hace tiempo, el tema energético tiene gran foco en la Argentina. Si no es por los subsidios a las tarifas de los servicios públicos se instala en la agenda por los faltantes de combustibles que actualmente detienen o ralentizan varios sectores productivos.

Para los que no entendemos luce como un gran problema. Algunos, aún reconociendo la grave crisis, miran más allá de esta coyuntura y ven una chance si se hacen las cosas bien. Entre ellos está Gustavo Prévide, geólogo, con posgrados en ingeniería del petróleo y en el sector eléctrico y una maestría en administración de negocios. Un experto en temas energéticos que trabajó en YPF, en TGS y hoy asesora compañías del exterior.

- La energía para la Argentina, ¿es un problema o una oportunidad?
- Es una oportunidad, definitivamente.

- ¿Y entonces, cómo llegamos hasta acá?
- Porque no se ha hecho nada en estos dos años y medio últimos. Y esto replica lo que pasó también en los 2000. En el 2003 el país llegó a producir 855.000 barriles de petróleo equivalente y en siete u ocho años bajamos a 480.000, casi la mitad. Hubo una breve recuperación en la inversión dentro del negocio petrolero, que incluye al gas, durante el gobierno de Mauricio Macri. Esa inversión es la que se ve ahora en la producción. Como en otras cosas, en la actividad petrolera invertís hoy y al resultado empezás a verlo a partir de los dos o tres años. Hay que presurizar los reservorios, se aplican una serie de incentivos para que los pozos produzcan más, y ese tipo de acciones se reflejan más adelante. Compañías como Tecpetrol, YPF, Pan American Energy y Total, en función de los acuerdos de inversión que se hicieron en el gobierno anterior entre 2017 y 2019, están produciendo más y no pueden evacuar el gas ni el petróleo. Por eso la oportunidad, potencial, es casi ilimitada. El tema es que no está la infraestructura que permita capitalizarla. Es un problema de infraestructura.

-¿Qué expresa el faltante de gasoil?
- El sector energético no es ajeno a lo que vemos en otras áreas del país, como la no planificación y desinteligencias entre distintos entes del Estado. El faltante de gasoil también muestra algo que explico de esta forma: no hay coordinación, no hay planificación y la tercera es el desconocimiento del sector por parte de estructuras que deben tomar decisiones. La demora en la construcción del gasoducto Néstor Kirchner es un ejemplo claro de esto. 

Al no tenerlo, tuvimos que comprar gas natural licuado (LNG), que en enero/febrero de este año estaba en valores de aproximadamente 20, 25 dólares por millón de Btu; 10 dólares por encima del precio anterior a la pandemia, que era de 12 a 15 dólares por millón de Btu. La guerra lo incrementó a picos de 60, 70 dólares. La Argentina no hizo nada, no compró a tiempo como otros países. No estoy pidiendo un proceso sofisticado, simplemente algo de sentido común: planificar para poder comprar en momentos de menor demanda y almacenar. Pero fue una descoordinación total.

CAMMESA (Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico, de cuyo paquete accionario la Secretaría de Energía controla el 20%) previendo que en este contexto la mayor parte del gas iba a ir al sistema hogareño e industrial en el pico de consumo de invierno cambió la operación de sus plantas de generación de electricidad al gasoil, acopió este combustible -incluso YPF le derivó parte de sus compras- restándolo de lo que habitualmente se destina a las estaciones de servicio.
Por otra parte, estimo que otro de los factores que retrasó las compras es que la Argentina se quedó sin fondos y debió esperar al desembolso de 4.000 millones de dólares que se hizo a fines de mayo, después de la primera revisión del FMI.

- Más allá de la ecuación económica, ¿hubo cambios significativos desde el 2018 desde el punto de vista del consumo como para generar semejante crisis? Porque al observar desde afuera, desde lo climático hasta la capacidad instalada de la industria nada parece indicarlo.
- La realidad es que el consumo de gasoil aumentó. No hay que llegar hasta el 2018 en el análisis. Yo diría que hay que ver desde 2020. La pandemia distorsionó todo tipo de ecuación de oferta y demanda. El mundo se paró, al principio, y nosotros nos paramos mucho más. No es que hayamos crecido, pero hay un efecto rebote. Y la industria necesita energía para moverse. Los datos que tengo son de mayo de este año: la oferta de gasoil está en 34.000 m3/día  y la demanda en 43.000 m3/día.

- Teniendo en cuenta eso, hoy vemos como “ideales” los tiempos de las licitaciones vinculadas al gasoducto Néstor Kirchner en 2018. Considerando el potencial que describís, ¿no era tarde ya?
- Se empieza a hablar fuertemente de Vaca Muerta en 2012, 2013. “Explota” en 2015, 2016. En los últimos años del gobierno de Cristina Kirchner había, además de una constante desinversión, una falta de respeto a todos los marcos regulatorios. Eso generó que las empresas invirtieran solo lo necesario. Lo único que se hizo en esa etapa en forma positiva fue incentivar la producción de gas, porque se dieron cuenta de que lo que hizo Néstor en 2004, 2005 cuando le puso un precio tope de 3 dólares el millón de Btu inexorablemente generó que las empresas dejaran de invertir y provocó una caída en la producción. Entonces Cristina, con el Plan Gas Plus (2008) y con el Gas I, puso un incentivo de 7,5 dólares por millón de Btu que bajaba a razón de 50 centavos cada año. Eso es distorsivo, obviamente, porque lo estamos subsidiando con los impuestos. Entonces no creo que sea disonante que los primeros pliegos del gasoducto hayan salido en el 2019, porque en ese momento las empresas estaban empezando a tener los efectos de los buenos resultados de la producción de gas. Si salía a fines de 2019, iba a llevar un año y medio de construcción desde los pliegos hasta la operación. Yo me siento cómodo con esos tiempos. Lo que ocurrió es que el gobierno de Macri generó un pliego licitatorio con un enfoque inspirado en “esto lo hace un privado”. El gobierno actual tiene un enfoque opuesto. Ahí empezaron mis dudas: cómo un Estado que no puede coordinar entre dos reparticiones, que no puede articular dos gerencias, va a manejar un gasoducto en forma eficiente, y ni hablar de construirlo. Además, cuestiono fuertemente que, incluso para ese cambio, para ese nuevo pliego, se haya esperado dos años y medio.

Balanza energética hasta el 2019: se ve claramente la inflexión a partir del 2013 influido por el Plan Gas del gobierno de CFK y un segundo repunte debido a los incentivos a la industria durante el gobierno de Mauricio Macri.

- Cuando pienso en Vaca Muerta pienso en petróleo. En realidad, creo que debería pensar más en gas, ¿no?
- Correcto. Groseramente hablando, las reservas de Vaca Muerta son 20% petróleo y 80% gas. Por eso, insisto, somos afortunados. Porque el gas es el combustible que más se va a usar en el mundo en los próximos años. Se proyecta, para el 2050, un crecimiento de casi 20% sobre el consumo actual.

- Como decíamos, Vaca Muerta es un dato relativamente reciente. ¿De dónde provenía el gas que consumíamos en el 2000, en los 90, en los 80?
- Habrás escuchado, seguramente, hablar de Loma de la Lata, que es un megayacimiento convencional. Hay muchos campos de gas en la cuenca neuquina y en la cuenca austral. Golfo San Jorge tiene poco, la cuenca noroeste y cuyana no tienen mucho tampoco, pero la cuenca austral tiene bastante. Esa producción viene por el gasoducto General San Martín que hoy no tiene grandes restricciones de capacidad. El gran potencial viene de Neuquén.

Somos afortunados. El gas es el combustible que más se va a usar en el mundo en los próximos años

Tenemos que tomar dimensión de lo que tenemos. Tenemos la segunda reserva más grande del mundo después de China, que tienen 1.100 Tcf (trillón de pies cúbicos), nosotros tenemos más de 802 Tcf de acuerdo a la última información de la Secretaría de Energía. Después siguen países como Estados Unidos, Argelia y Emiratos Árabes Unidos que eran los grandes productores de gas. Argentina podría ser una potencia tremenda, no lo es porque no hemos planificado nada, básicamente.

La Argentina consume aproximadamente 1,3 Tcf por año. Nuestras reservas cubren unos 600 años de consumo local. Esto es inviable desde el punto de vista económico. Argentina tiene y debe exportarlo en los próximos 40 a 50 años como máximo. En el 2060 se va a usar el gas, pero hay que hacerlo ya. Tenemos las reservas, nos falta el gasoducto.

Tenemos varios proyectos adicionales más allá del consumo propio. Esto es, primero, aprovechar los 8 gasoductos de exportación que ya existen (7 a Chile y 1 a Uruguay). Segundo, construir una planta y producir LNG para exportarlo. La planta de LNG enfría el gas a unos 164 grados centígrados bajo cero, el gas disminuye su volumen unas 600 veces, se hace líquido y se puede transportar en esos barcos metaneros al mundo. Ya no es un negocio de oferta y demanda regional o local, que se transportaba solo a través de gasoductos. El consumo de gas metano, como  decíamos, se va a incrementar desde ahora al 2050 y tenemos que aprovechar esa ventana de 30 años para generar divisas para el país. El paralelo sería: tenemos una Casa de la Moneda llena de lingotes de oro que no podemos sacar porque no hay puerta. La puerta es el gasoducto y la planta. Los países que reciben el gas tienen plantas de regasificación, como tiene Chile y varias en Europa. Entre ellas una enorme llamada The Gate, operada por Vopak y Gasunie en Rotterdam con una capacidad de 540.000 m3 (4 veces la producción diaria de Argentina). Lo almacenan licuado y a medida de la demanda se regasifica para meterlo en el gasoducto. Hoy ya hay varias terminales portuarias en Europa que almacenan LNG, entre otras cosas, para independizarse del gas ruso. Chile tiene dos terminales en los puertos de Quintero y Concepción.

Nosotros deberíamos hacer una terminal y planta de licuefacción en Bahía Blanca, el lugar más lógico, donde se enfríe el gas que llega por gasoducto, se transforme en LNG, se cargue el producto en barcos y de ahí a Europa, que es el cliente natural que deberíamos tener.

- ¿Cuál sería la matriz energética ideal de la Argentina?
- Argentina tiene una matriz energética envidiable y está entre las mejores del mundo porque tiene una participación del gas de casi el 55%. Es decir, no somos un país contaminante, somos bastante eficientes. Estamos hace años usando el gas metano que es un gas limpio.

- ¿Hay más chicos interesados en estos temas? Este continuo debate sobre el tema, ¿ha despertado más vocaciones profesionales?
- Veo un mayor interés en las energías verdes, renovables. Sí, y me ha tocado la oportunidad de tener alguna charla con gente joven. En este aspecto siempre digo algo primero, hay que buscar lo mejor para el país. Ahora, si el país tiene carbón no los incentivo a venderlo porque eso sería altamente contaminante. Pero la Argentina tiene la segunda mayor reserva del mundo de gas natural, dentro de los combustibles fósiles el más limpio de todos, el que menos contamina. Con lo cual pondría foco en explotar estas reservas ahora y seguir cumpliendo con las metas de energía renovable, de participación de energías renovables en esta matriz, pero sin volvernos muy locos. Porque el país necesita que ingresen divisas. Y otra cosa que les digo es que no todas las energías renovables -en general todas más caras que las fósiles por ahora- son buenas. Y pongo el ejemplo de las represas de llanura -no las de valle-, que anegan cientos de miles de Km2 y destruyen ecosistemas. Con ellas se pierde flora, fauna. Esos terrenos podrían ser utilizados para muchas cosas, como cultivos. La población mundial crece y también se necesitan lugares para generar alimentos, entre otras cosas. Yaciretá y El Chocón en ese sentido han anegado muchos Km2. Cuando uno planifica futuro debe tener en cuenta este tipo de cosas. No todo lo verde es necesariamente bueno. Hay que tener sentido común y saber aplicarlo.

- ¿Podés establecer una estimación temporal? Quiero decir: si volviéramos a asignar ese rol a los privados, avanzáramos a paso firme con el gasoducto, fuéramos para adelante con la planta. ¿Se puede proyectar en cuánto tiempo no solo zafamos de este brete económico y energético sino que empezamos a sacar ventaja de las posibilidades que que tenemos?
- El plan energético abarca un tiempo mayor que un período presidencial, es algo estructural de un país. Un gasoducto normalmente tarda, en el mejor de los casos, 14 meses. Para este gobierno, además dividido en 5 tramos, cada uno con su contrato, más otros dos para proveer insumos, sería ya todo un desafío. En cuanto a una planta de LNG: la construcción del primer tren puede tardar de tres a cuatro años. Pero en ese tiempo podrías empezar a vender gas al mundo, generando divisas entre 1.500 a 2.000  millones de dólares por año. YPF, en un plan estratégico de 2019, incluía el gasoducto, la planta de LNG y una planta de metanol, un producto que se produce a partir del gas metano, que se usa mucho tanto en la industria petroquímica, la química y también para mezclarlo con combustibles hasta un 10%.

Tenemos 7 gasoductos que van a Chile que lamentablemente estuvieron vacíos durante varios años. Ahora los productores están vendiendo unos 7 millones de m3/día ante la imposibilidad de meter ese gas en la Argentina, debido a que nuestros gasoductos están al límite de su capacidad. Hoy, en este momento tan crítico, los operadores tienen listos 40 millones de m3/día que no pueden disponerse para los consumos nacionales porque exceden la capacidad de los gasoductos Neuba I y Neuba II. Pozos en plena producción tienen “la llave cerrada” porque no se puede meter un solo m3 más. Es, como señalaba, el principal problema: no hay infraestructura para meter gas en la Argentina, por eso las demoras son tan graves.

En el gobierno de Macri se reactivaron en el sur de Chile tres gasoductos, de 2 millones de m3/día cada uno, dirigidos todos a Methanex, mayor productor de metanol en el mundo. Dos gasoductos, Gas Andes y Gas Pacífico, con socios argentinos, chilenos e internacionales, que tienen una capacidad aproximada de 6 millones de m3/día cada uno. En el norte, para generación eléctrica destinada a la industria minera, tenemos otros dos que exportaban gas, uno 5.8 y otro 6.3 millones de m3/día. Allá por el 2003, 2004, el gobierno de Néstor Kirchner tomó la decisión de poner retenciones (impuestos) al gas de exportación, pensando que a mayor oferta e igual demanda energética el precio del gas disminuiría, y eso no funciona así. Además de generar obstáculos para evitar exportaciones a Chile le puso un techo al precio en boca de pozo, con lo cual las empresas se limitaron a operar los campos y acotar toda inversión. ¿Qué resultó de todo eso? Que en dos años, de exportar casi 20 millones de m3/día a Chile que redundaban en casi 1.000 millones de dólares de ingresos para el país, además de las fuentes de trabajo generadas y todo lo asociado, bajamos a menos de 7 millones de m3/día y a mediados de 2008 no se exportaba casi nada. Methanex se fue pero dejó un tren que hoy sigue funcionando a ritmo firme de 2 millones de m3/día. Eso se podría replicar en Bahía Blanca, a una escala mayor con el nuevo gasoducto, y no solo exportar LNG sino también metanol. Ese proyecto estaba en el Plan Estratégico del Ministerio de Economía de Macri en el 2019. Hay otro gasoducto, que se llama Cruz del Sur, de 6 millones de m3/día que por debajo del Río de la Plata llega a Montevideo, hoy también vacío.

Exportación de gas de la Argentina a países limítrofes: todo se cayó por la decisión del gobierno de Néstor Kichner de no exportar y ponerle tope al precio de gas. Las operadoras dejaron de invertir al ritmo que venían sosteniendo.

Por eso lo primero que debemos lograr es autoabastecernos, dejar de comprar. No podemos gastar, en esta situación del país, 7500 millones de dólares en compras de gas más 4000 millones en gasoil por año. Tenemos que dejar de comprar porque lo tenemos. Lo segundo sería empezar a exportar a Chile y a los países vecinos. Incluso en la época de Menem, exportamos gas a Bolivia, en lugar de comprarles como estamos haciendo ahora. Y como tercer paso dejo la venta de LNG al mundo. Sin contar el metanol, todo esto dejaría en el país ingresos anuales por más de 3.000 millones de dólares.

Genera mucha frustración, mucha pena, lo que está pasando. Juntar todas estas piezas y armar el plan demuestra que, para nosotros, la energía es una oportunidad.

Alejandro Perandones es periodista y analista de comunicación.