Caso Agostina Trigo: qué hay detrás de un femicidio

Caso Agostina Trigo: qué hay detrás de un femicidio

A partir de un nuevo femicidio en Mendoza, la autora reflexiona que es propicio visibilizar y reforzar conocimiento específico que nos permita avanzar en pos de una sociedad libre de violencias de género, clase, ubicación geográfica, edad, etc.

Soledad Gil

Las violencias patriarcales y su entronque con el trabajo no remunerado -las tareas de cuidado y el trabajo doméstico- son dos tópicos que emergieron con fuerza durante la pandemia por covid-19 desatada en 2020 porque, si bien se trata de cuestiones históricas para los movimientos de mujeres, feministas y de las diversidades, el estado de confinamiento y de aislamiento profundizó situaciones extremas junto con nuevas modalidades asociadas a las tecnologías y redes sociales.

Hoy las consecuencias de todo ello perduran. Es propicio visibilizar y reforzar conocimiento específico que nos permita avanzar en pos de una sociedad libre de violencias de género, clase, ubicación geográfica, edad, etc.

En primer lugar, es necesario comprender a las violencias contra mujeres, niñeces, jóvenes y diversidades como un continuum de violencias a las que estamos expuestas a lo largo de toda nuestra vida. Son interesantes, en este sentido, los aportes de la pensadora e investigadora costarricense Montserrat Sagot  para quien un femicidio es la manifestación extrema de un espiral de violencias encadenadas entre sí que lo hacen posible. El abuso, tanto físico como emocional, el acoso sexual, la pornografía, la maternidad forzada, la violencia económica, el no poder acceder a un trabajo estable y registrado, el estar destinadas por obligación a las tareas de cuidado y domésticas sin posibilidades de desarrollo personal, entre tantas otras situaciones desiguales que podríamos mencionar, son todas expresiones de diferentes formas de opresión que se relacionan entre sí y que no son cuestiones inconexas. Todas ellas van conformando condiciones de posibilidad para que un femicidio, es decir, la muerte violenta y misógina de una mujer, niña o joven, suceda.

Entonces, no sólo es importante apuntar a medidas que castiguen a los femicidas sino que se trata de una tarea mayor y que tiene que ver con un cambio de imaginarios sociales, por un lado y por otro, con la posibilidad de contar con políticas públicas fuertes que atienden a la clase social, a las condiciones laborales, al acceso a la educación, la salud, la vivienda digna desde una mirada de género/feminista.

Cuando hablamos de cambios en los imaginarios sociales es central el rol que asumen los medios de comunicación y el periodismo: el tratamiento que realizan frente a situaciones de violencia de género o femicidios pero también frente a otros temas como los mencionados arriba. Es preciso mantener estas problemáticas en las agendas públicas para poder ir transformando sentidos, valores y formas de ver el mundo, ampliar las voces que se consultan, propiciar debates serios y éticos consultando a especialistas, entre tantos otros recursos disponibles. Desde la comunicación podemos, sin dudas, hacer una gran contribución a los cambios que estamos necesitando.

En Mendoza, en lo que va del año 2022, se han sucedido 5 femicidios. Contamos con leyes, con lías de ayuda, con programas que se van poniendo en marcha, pero no podemos parar con las violencias y con los femicidios. Además de profundizar las acciones y contar con presupuesto adecuado, la batalla también tiene que ser simbólica y cultural; mientras que para nosotras y nosotres es fundamental retomar los espacios colectivos, las redes, las alianzas, los apoyos, que históricamente aprendimos de la mano de nuestras ancestras y que la pandemia puso en jaque cuando no los cortó, porque en esa urdimbre está nuestra potencia.

*Soledad Gil. Comunicadora Social – Investigadora del CONICET

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