De la escasa alfabetización a la deserción: qué falla en la escuela hoy

De la escasa alfabetización a la deserción: qué falla en la escuela hoy

La mendocina Ana Casiva, especialista en alfabetización inicial, habla de la crisis de la educación. "El no aprender es lo que más aleja a los chicos de la escuela", sentencia consciente de que la deserción es uno de los grandes problemas de la educación hoy.

Agustín Porres

Agustín Porres

Su patio fue el patio de la escuela. Ana Casiva nació en San Rafael, Mendoza. De chiquita vivió en una escuela normal dónde su padre era maestro, profesor de filosofía y vicedirector. Recorría las escuelas, acompañaba a los directores y respiraba docencia a cada paso. 

Más tarde Casiva fue bibliotecaria, preceptora y docente.  Es licenciada en Letras, tiene un posgrado en FLACSO, dos maestrías y una especialización en Alfabetización Inicial.

Vivió cinco años en Mar del Plata, once en San Martín de los Andes y después volvió a su Mendoza natal, donde es formadora de formadores y referente para alfabetización, tema sobre el que se explaya. 

-En Argentina -y en muchos países de América Latina- estamos con una gran dificultad para aprender a leer y escribir. ¿Por qué crees que se da esta situación?

-Entiendo que habrá muchas razones. Mencionaré dos: por un lado, se pasó de metodologías directivas, centradas en el docente, a otras que dejan el camino abierto al libre descubrir de los chicos. Me refiero a un modo de enseñar -o no enseñar- que privilegia la exploración, espera la elaboración de hipótesis por parte de los aprendices y entiende la enseñanza directa como una interferencia en la construcción del aprendizaje. Este enfoque no enseña el principio alfabético que es la clave para la lectura, deja en manos de los chicos la responsabilidad de construir algo tan complejo como es un sistema de escritura. Le llevó años a la humanidad inventarla, ¿por qué suponer que los niños podrían recorrer ese camino en uno o dos años de escuela? Por otro lado, el ingreso masivo a la escolaridad trajo a la escuela a niños y niñas que no han tenido en sus primeros años oportunidades de desarrollo inicial óptimo. Los primeros años, las experiencias de los primeros años, son cruciales en la construcción del cerebro. 

Enseñar es mostrar cómo se hace, es hacer juntos, es generar situaciones donde haya desafíos que nos involucren, reflexiona Ana Casiva

-¿Cuáles son los riesgos de optar por ese método de libre descubrimiento?

-El gran riesgo es que no aprendan o que su aprendizaje sea débil. El aprendizaje es constructivo y acumulativo. Se supone que a medida que avanzan en la trayectoria escolar, los chicos podrán leer y escribir textos progresivamente. La lectura y escritura serán el gran instrumento para el aprendizaje. Para eso es necesario que automaticen los procesos más superficiales, que desarrollen habilidades de comprensión y producción y que organicen un vocabulario amplio e interconectado, en fin, todos los aspectos que aborda la alfabetización inicial. Si no consolidan la alfabetización inicial, entonces toda la trayectoria escolar se pone en riesgo: todo lo que imaginamos debería ocurrir se desmorona. Es construir sobre arena. Las consecuencias son dramáticas para la vida de los chicos y de la sociedad. Cuando comienzan a leer y a escribir y perciben de sí mismos que pueden hacerlo, ganan confianza, van por más, se desafían; se genera un círculo virtuoso que favorece el desarrollo y consolidación de habilidades. Cuando no saben qué tienen que hacer ni cómo hacerlo, viene el desánimo, la frustración. 

-Entre los pedagogos hay mucha discusión sobre métodos y, mientras tanto, muchísimos chicos siguen sin aprender. ¿Cuál es la respuesta de la ciencia a esa discusión?”

-El debate sobre los métodos es un debate del pasado. Hoy contamos con evidencias y consensos de expertos que han dejado en claro cuáles son los aspectos esenciales de la alfabetización inicial. Por empezar, sabemos que aprender a leer y escribir requiere de enseñanza explícita y sistemática, de práctica y consolidación, de motivación e involucramiento. Sobre todo, hemos aprendido que, tanto leer como escribir implican procesos complejos, es mucho más que conocer las letras y sus correspondencias. La alfabetización debe atender a esa complejidad. Para ordenarnos, la alfabetización inicial debe contemplar: la conciencia fonológica, el principio alfabético, el vocabulario, el desarrollo de habilidades discursivas, más las habilidades cognitivas y de autorregulación. Articular todos estos hilos en una propuesta pedagógica requiere de una planificación muy a conciencia. Es realmente complejo: mucho más de lo que se pensaba hace algunos años. ¿Te acordás de aquello de “Composición: tema 'La vaca'"? Era la consigna y luego se esperaba que los chicos escribieran. Esto es lo más alejado posible a una situación de enseñanza.

-¿Por qué razón?

-Enseñar no es dar una consigna y esperar que el otro haga. Enseñar es mostrar cómo se hace, es hacer juntos, es generar situaciones donde haya desafíos que nos involucren, entender la finalidad de lo que estamos haciendo y luego hacer juntos, el educador y el aprendiz. Enseñar no es dar consignas ni sentarnos a observar cómo los estudiantes exploran y descubren (o no descubren). Volviendo a los métodos: el modelo tradicional era directivo, paso a paso, la indicación para hacer partía del docente. En la otra vereda, el modelo global, que enfatiza el interés del estudiante y sus descubrimientos con un docente que observa. Un nuevo modelo, con raíz en la investigación cognitiva, señala el valor de hacer juntos, en colaboración. Tiene que ver con comprender cómo aprendemos. Las investigaciones desatacan la matriz interactiva de los aprendizajes. 

-Describís algo muy personal. ¿Cómo hace un sólo docente para enseñarles a escribir a 30?

-Es desafiante y complejo. Es clave la planificación, la metodología y particularmente relevante es la decisión sobre los materiales que se usan. Los docentes tienen que saber qué están haciendo. Deben poner toda su energía en las interacciones: los diálogos que se generan en el aula a partir de las propuestas, los juegos, los textos, las situaciones de lectura y escritura. En esos diálogos está la magia. Es fundamental tener estrategias para la interacción y siempre tomar como punto de partida lo que los chicos saben hacer, conocer sus contextos, qué actividades realizan sus familias, qué rasgos caracterizan su cultura. No se puede improvisar, ya hemos hablado de los riesgos. Por eso, lo más seguro y responsable es usar materiales validados, que se haya comprobado que funcionan. Es lo que hizo la provincia de Mendoza al incorporar el Programa “Queremos Aprender” desarrollado por un equipo de investigadores, coordinados por la Dra. Borzone, de Conicet.

"Si los chicos no consolidan la lectura y la escritura ¿cómo es posible el desarrollo del pensamiento crítico y la posibilidad de seguir aprendiendo?", reflexiona Ana Casiva

-¿En condiciones “normales” cuánto tarda un chico en aprender a leer y escribir?

-Hace un momento hablamos de las brechas de la infancia. Este es un gran condicionante. Por eso es fundamental que la alfabetización inicial comience en jardín, brindando a los chicos experiencias para expandir el vocabulario, desarrollar conciencia fonológica, habilidades para narrar, para comprender, para iniciarse en el principio alfabético. Si hay materiales adecuados y metodología los chicos aprenden en el término de un año escolar a leer y escribir frases breves. Nuestro desafío debería ser que todos los chicos aprendan en primer grado.

-Es paradójico porque la situación es compleja, pero tiene a la vez una salida clara. La pregunta entonces sería: ¿Cómo formamos a los docentes que van a formar a los estudiantes que necesitan aprender a leer y escribir?

-La formación docente es clave: tanto la formación inicial como la formación continua. Es complejo porque es necesario cambiar matrices, hay prácticas muy arraigadas en la cultura escolar que son difíciles de modificar. Es fundamental que los aportes de la ciencia lleguen a los profesorados, que los docentes en formación se empapen de las propuestas metodológicas basadas en la evidencia. Pero también tienen que conocerlas los docentes en ejercicio, los directores, los supervisores, los equipos técnicos, los responsables de generar los lineamientos y orientaciones curriculares, etc. Es un tema de política educativa. Pero para generar cambios es necesario acompañarlos, con estudio, diálogo y reflexión sobre la práctica. En fin, se necesita gestión y liderazgo.

-¿Se puede enseñar a escribir a leer y escribir de manera virtual?

-Poner la tecnología de nuestro lado, aprovecharla, eso sin duda. Pero cuando hablamos de niños, si hay instancias virtuales deberían estar apoyadas por otras que no lo sean. Decimos que la clave del aprendizaje está en las interacciones humanas, cálidas. La virtualidad debería estar acompañada por la cercanía del adulto en la inmediatez de la presencia física. 

-Esto plantea cierta esperanza... ¿Este problema se resolvería si los nuevos docentes adquirieran un método eficiente?

-¡Claro que sí! Es esperanzador. Pero no quiero ser simplista, justamente hemos resaltado la complejidad de aprender a leer y escribir. En realidad, se trata de un conjunto de metodologías: cada aspecto implicado requiere un abordaje específico. Tenemos que trabajar con la cultura escolar, porque muchos docentes queremos ser creativos en nuestras propuestas. Pero la creatividad no puede ser espontaneidad: hace falta cierta disciplina, método y menos dispersión. Pero volviendo a tu pregunta, sí, se resolvería. Además, debemos cambiar el sentido de la evaluación. Es decir, la evaluación nos tiene que ayudar a entender en todo momento cómo están aprendiendo los chicos y qué necesitan de nosotros, los docentes, para seguir aprendiendo. No tenemos que esperar a que fracasen para brindar los apoyos.

-¿Qué debería enseñar la escuela hoy?

-La lectura y la escritura están en el mandato fundacional de la escuela. En algún momento la escuela se transformó en el lugar de la enciclopedia. Desde hace algunos años se hacen esfuerzos para orientar el desarrollo de capacidades para la vida y para seguir aprendiendo. Personalmente apuesto por una educación integral que mira al futuro con esperanza. Sin embargo, no están claras las prioridades, dónde y cómo invertir los esfuerzos. Nos imaginamos perfiles de egresados que no acompañamos en su construcción. Si los chicos no consolidan la lectura y la escritura ¿cómo es posible el desarrollo del pensamiento crítico, la participación ciudadana, la posibilidad de seguir aprendiendo, la proyección hacia una vida autónoma, pacífica, productiva, que contribuya a hacer mejor este mundo?

-¿Cómo podemos impulsar una escuela que atraiga a los estudiantes y no los expulse?

-Es que el aprendizaje sólo es posible en primera persona. Por eso creo que el no aprender es lo que más aleja a los chicos de la escuela. La escasa alfabetización de la escuela es a la vez la gran causa de deserción. Muchos chicos se sostienen durante la primaria, van a la escuela, pero no son parte de las propuestas, se van quedando afuera. Se habla con preocupación de la deserción en secundaria, pero esas historias comenzaron antes. Los chicos se ven expuestos a actividades en las que no pueden participar, no tienen los recursos para leer, para comprender, para estudiar. Sus intentos implican mucho esfuerzo, sus producciones son malas, claramente se desmotivan, sienten frustración. Más aún si la evaluación es castigadora, si los retan los docentes, los padres también los retan o los ignoran, reciben burlas, etc. A todos nos pasa que cuando no nos sentimos competentes para algo, nos desmotivamos.  No quiero decir que no hay otras causas de deserción, digo que en la alfabetización inicial está en juego que permanezcan o se vayan de la escuela.  

-¿Por qué es tan difícil tener un cambio y alcanzar una buena educación para todos?

-Pienso que es necesario hacer confluir políticas y prácticas. Muchos docentes hacen cosas increíbles, maravillosas en sus aulas, pero no es suficiente. Cada niño necesita muchos docentes en su historia escolar. Por otro lado, desde los ministerios se pueden tomar medidas valiosas, pero no siempre logran impregnar la realidad de las escuelas. Las bajadas de línea suelen ser resistidas por los docentes, la lógica del cumplimiento ya sabemos que no funciona. Los docentes también se desmotivan y eso también es una tragedia. Los directivos cumplen un rol fundamental, pero suelen estar agobiados por demandas administrativas. Creo que tenemos que animarnos a generar acercamientos entre los distintos estamentos del sistema.

* Agustín Porres es es Director Regional de Fundación Varkey

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