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Melómano y fanático del vino, emprendió para unir sus dos pasiones

Daniel Rigueras ama Palermo. Lo quiere tanto que, en plena pandemia, se animó a apostar -una vez más- por ese lugar y abrió Overo, un bar -que en realidad es un club- pensado para gente que, como él, ama el vino, la música y, sobre todo, los buenos momentos.
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Algo pasa con Overo: es difícil de describir. Es todo lo que uno ve, pero en realidad no es exactamente eso y siempre tiene algo más para ofrecer. Ya desde la entrada, es y no es lo que parece. La fachada, con ladrillo a la vista y un portón de doble puerta, se mimetiza con las casas del barrio. Está justo frente a la plaza Inmigrantes de Armenia. Y a Daniel Rigueras -quien abrió este espacio junto al chef Pol Lykan- un poco le gusta que sea así. Es un bar, pero en realidad no. O sí. Una vez que los visitantes -muchos de ellos socios del club de vinos, aunque este no es requisito excluyente- cruzan la puerta pasan al patrio interno que funciona como distribuidor. 

De los muchos espacios de la casa la terraza es quizá el que primero enamora a los visitantes. Aunque es imposible no tentarse con la cava en la planta baja: ahí hay más de 400 etiquetas de vino seleccionadas especialmente. Todos -la mayoría- argentinos. Desde ediciones limitadas de grandes bodegas hasta botellas únicas de pequeños productores. De la cocina salen raciones, quesos y charcuteria especialmente seleccionada para acompañar esas copas. 

La terraza es uno de los hits en Overo. 

El club, inaugurado en 2020, cuando todavía las restricciones hacían imposible pensar en el futuro, tiene más de 400 suscriptores que cada mes reciben una caja de vinos seleccionados y pueden organizar reuniones privadas en los salones. "Abrimos las puertas de Overo en noviembre de 2020. Casi en silencio, para que nuestro equipo y nosotros nos adaptáramos a una forma de trabajo nueva", cuenta Daniel y agrega con orgullo que "hoy ya comienza a nombrarse no solo por las etiquetas que trabajamos sino por su oferta gastronómica".

La gusta recibir a los invitados y mostrarle los rincones de esta casa que es Overo. Porque, en realidad, eso es lo que sí es este lugar. Un espacio de encuentro y disfrute. "Con Daniel, mi socio, nos conocemos hace mucho tiempo, somos vecinos, él fue uno de los primeros parroquianos de Freud&Fahler, un emprendimiento que tuve anteriormente, y además nuestras familias son amigas", dice Pol. 

La idea original fue de Pol. "Imaginaba Overo -sin saber que se iba a llamar así- cuando caminaba por el barrio e iba al restaurante después de dejar a mi hija en el colegio. Era una fantasía, un sueño, algo más", dice y agrega que hace dos años cuando se reunió con Daniel y empezaron a compartir ese sueño sintieron que era posible realizarlo. "Nos gustó. Lo pensamos, lo volvimos a pensar y nos seguía gustando. Ahí entendimos que existía la posibilidad de poder realizarlo. Y llegamos a concluir que no hay nada igual en Argentina", dice. 

Vinos seleccionados y tapas con sabores criollos dan la nota en el bar que crearon Lykan y Rigueras

Al respecto, comenta que a pesar de que los argentinos somos fanáticos de las reuniones con familia y amigos, "faltan espacios de encuentro, lugares amables, confortables, donde te sientas bienvenido, que puedas tener un diálogo sin que la música te interrumpa, ser parte de espacios donde seas libre sin cuestionamientos, que puedas transitarlos y vivirlos". 

A Rigueras le pasaba lo mismo. No encontraba un lugar donde compartir una copa con amigos. "Así que con Pol nos propusimos embarcarnos en este proyecto con la intención de poder vivirlo y compartirlo con otros. Overo es un bar de vinos y un club con espacios pensados para que los miembros puedan encontrarse y disfrutar del vino".

"El vino invita a infinitas situaciones, a vivir, a momentos, a recuerdos, a reunión, a unión, a familia, a encontrarse con amigos, a ser acompañado de buena música, o con una vista, a una charla, a un amigo, a quien nos escucha o escuchamos, y siempre es mejor tomando una copa, una comida, unas raciones que terminan siendo parte de la magia que se genera", comenta.

Uno de sus rincones predilectos es la sala de vinilos. Una suerte de living equipado para melómanos. No sólo tiene equipos de sonido de alta fidelidad y paredes diseñadas para mejorar la acústica sino también una extensa colección de discos que los socios pueden usar como si fueran propios. "El fin es compartir un espacio,  que lo hagas propio, que sientas que es tu casa", dicen. Y aclaran que quien quiera puede traer sus propios vinilos. 

Además hay un microcine. "A veces lo reservan socios que quieren mirar una película o un partido de fútbol con amigos", comenta Daniel y brinda detalles técnicos de la sala equipada con proyector 4k, sonido Dolby Atmos 7.1 y una pantalla de pantalla 150 pulgadas. Y un piso más arriba se encuentra otro de los espacios distintivos de la casona. Se tata del comedor con una mesa te madera timbó que mandaron a hacer especialmente. 

El microcine está equipado con tecnología de alta fidelidad.