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Superó la leucemia en la adolescencia, estudia medicina y lucha para ayudar a las familias de niños y niñas con cáncer

Guadalupe Ponce recibió el diagnóstico en 2008 cuando tenía 13 años, justo en el paso a la secundaria. Dice que gracias al amor de su familia y el compromiso del personal de salud pudo salir adelante. En marzo de 2013 tuvo el alta definitiva y empezó a soñar con ayudar desde otro lado: la medicina.

Ningún detalle se le escapa de la memoria cada vez que decide contar cómo fue ese enero del 2008, cuando todo empezó a cambiar. Guadalupe Ponce (27) recién había terminado la escuela primaria y al igual que Maira, su hermana melliza, solo pensaba lo bien que lo había pasado con sus compañeros del cole en el viaje de egresados. Quería disfrutar de las vacaciones, juntarse con amigas y preparase a descubrir nuevos aprendizajes en la secundaria. Fue justo en ese devenir de cambios cuando gracias a la intuición de sus papás y el compromiso de quien entonces era su pediatra, comenzó un recorrido de consultas médicas, análisis y estudios: el diagnóstico de leucemia le marcó a la familia un camino que tan solo con amor, unidad, dedicación y contención lograron recorrer.

“Fue un domingo 27 de enero, después de volver con mi papá de una salida. El pediatra le avisó a él y a mi mamá que me hicieran una ecografía de abdomen y un análisis de sangre. Les insistió para que ese mismo día me llevaran al hospital porque algo no le había convencido después de que me hiciera el control de rutina”, cuenta Guadalupe de aquellos momentos clave que se conjugaron para salvar su vida. Su doctor, el pediatra Edgardo Trillini, había notado que el bazo de la niña en pleno crecimiento, estaba inflamado; un síntoma que lo hizo sospechar de que algo no estaba del todo bien.

Guadalupe tenía 13 años cuando empezó con las sesiones de quimio en el Hospital Humberto Notti. “Me acuerdo que me desperté de la punción lumbar y escuché que les explicaban a mis papás que iba a tener que estar un tiempo internada. Lloraba, porque yo me sentía bien y quería seguir de vacaciones. No quería estar en el hospital y que me hicieran todos esos estudios”, recuerda la joven que hoy se mira en aquella niña que aprendió a crecer pensando en que los momentos más difíciles y dolorosos eran tan solo eso: momentos que luego serían tan solo recuerdos.

Desde ese día y a lo largo de nueve meses, el tratamiento siguió con quimioterapia por vía endovenosa. “No fue nada fácil verme pelada a esa edad en que una quiere verse bien; estaba muy hinchada por los corticoides y me sentía débil”, recuerda Guadalupe de ese año en el que nunca dejó de lado la idea de seguir adelante: apenas pudo estudió todas las materias de primer año y las rindió libre. No quería quedarse, necesitaba llevar sus pensamientos más allá del hospital donde con cariño, afecto y comprensión, estaba sobrellevando la pelea más dura de su vida.

“Recién cuando inicié la quimio por vía oral, empecé a retomar una vida algo más normal. Hacer terapia de acompañamiento emocional me ayudó mucho; fue mi complemento anímico clave tanto como el resto de los medicamentos y estudios, porque como yo era más grande que todos los chicos que estaban en tratamiento, trataba de no exteriorizar mis miedos y dolores. No quería que ellos pensaran que todo era tan malo”, dice agradecida a la vida, a su pediatra y a todas las redes que se conformaron para poder acompañarla en su proceso.

El 8 de marzo de 2013, la joven logró obtener el alta definitiva. La leucemia había sido superada y a partir de entonces tendría que realizar un control general anual. La buena noticia (la mejor de su vida) llegó justo cuando se le avecinaba una nueva etapa: el final de la escuela secundaria. Tenía que optar por una carrera. Y, paradójicamente, eligió medicina.

Paradoja, porque en realidad, dice Guadalupe, que mientras estaba haciendo su tratamiento, pensaba muy dentro de su ser que “nunca jamás volvería a pisar un hospital”. Ni siquiera para acompañar a un familiar suyo. “A ese nivel estaba negada”, recuerda y ríe.

En realidad, una chispa para poder ayudar a otros niños y niñas en su situación ya se había encendido unos años antes. Cuenta que estando en el Notti, una enfermera le pidió que se quedara unos minutos a escuchar a una niña que había sido diagnosticada con leucemia y no dejaba de llorar. Guadalupe recuerda su carita y no olvida ni una frase de la charla que tuvo con la pequeña. Primero, dice, pensó que no iba a poder hablarle, que no tenía ni le podía prometer ninguna frase alentadora que la aliviara. Sin embargo, no tardó en cruzar la puerta de la habitación para ver en los ojos de la niña el mismo sentimiento que tanto la invadió hacía ya algunos años. Guadalupe se volvió a encontrar consigo misma. Necesitó trazar un proyecto para devolver de alguna manera el amor que la salvó.

Luchar por otros niños desde el conocimiento

Guadalupe se preparó para el ingreso, desafío que tampoco fue sencillo. Rindió dos veces para estudiar la carrera en la Universidad Nacional de Cuyo y en 2015 lo logró. “Estudiar medicina me abrió un mundo nuevo, pero también me movilizó el hecho de que después me empezaron a llamar muchos papás para que acompañara a sus hijos. Y desde entonces esa es una tarea que no puedo dejar porque me encanta acompañarlos, estar con ellos”, dice la joven que ya está en quinto año de la carrera. El destino quizás, le vuelve a marcar una nueva coincidencia que no pasa por alto: este 15 de febrero, se conmemora en Día de la Lucha Internacional del Cáncer Infantil. Para esa misma fecha, Guadalupe rendirá una de sus últimas materias, Hematología. Nueva coincidencia.

Será que a cada paso que da en su vida, Guadalupe siente que lo vivido tuvo un sentido. Dice que el amor es lo que la salvó y siente que hoy miles de niños y niñas no cuentan con las posibilidades afectivas, materiales y médicas que ella en su caso, tuvo. Fue todo un conjunto de personas y situaciones que se sumaron para que su cuadro fuese detectado a tiempo y que el tratamiento pudiera iniciarse de manera rápida, segura y efectiva. “No todas las familias ni todos los niños, niñas y adolescentes tienen la suerte que yo he tenido. Viven situaciones muy complejas, a veces llegan de lejos o no cuentan con las posibilidades de acompañamiento y cobertura necesarias que en el caso de cáncer juegan un papel decisivo a la hora de salvar vidas”, reflexiona la joven.

Un "paréntesis" en la vida

Su conocimiento de causa no es solo por haber visitado a los pequeños del Hospital Notti hasta la actualidad. Ella es una de las jóvenes más activas a la hora de gestar proyectos y fomentar iniciativas para dos entidades clave respecto de la lucha contra el cáncer infantil: Traspasar y Fundavita. De hecho, Guadalupe fue una de las personas que más insistió y trabajó para lograr la aprobación de la Ley Oncopediátrica, normativa que establece la obligación de todas las obras sociales para cubrir los tratamientos de manera rápida y efectiva.

Entre sus reflexiones en base a lo vivido, la esperanza nunca falta. Dice que una de las vivencias que más se repite cuando le toca contar su experiencia y hablar con los papás de un niño o niña que ha recibido el diagnóstico de leucemia, es que las familias viven la situación con mucha culpa. “Lo primero que trato de transmitirles a los papás es que no sientan culpa. Porque en realidad no es algo que hayan podido evitar. Lo que queda es lograr tener todas las energías puestas en apoyarse, mantenerse unidos como familia y compartir las cargas porque es un camino que se transita de manera compleja y con muchas situaciones que se van a tener que ir resolviendo por el bien de su pequeño/a”, pone el corazón Guadalupe porque siente que verdaderamente es así.

Para los niños, niñas y adolescentes que transitan por un tratamiento contra el cáncer, ella dice que una de las cosas que siempre les hace notar es que justamente, se trata de un momento, de un paréntesis en la vida que en algún momento será un recuerdo. “El pelo crece, las golosinas que no podíamos comer, en algún momento las probaremos de nuevo; la mascota que no podíamos acariciar por las defensas bajas, un día podremos abrazarla. Un día llega el momento en que te das cuenta de todo lo que has podido crecer y avanzar”, expresa la joven y lejos de compartir un mensaje alejado de la realidad, destaca que es fundamental que el cáncer infantil deje de ser un tabú. “Es clave para la infancia que los exámenes y los controles necesarios puedan hacerse a tiempo. Que puedan todos acceder a la salud plena porque esa es la única forma de salvar muchas vidas”, completa ya desde la otra vereda: como futura profesional de la salud.