Las redes sociales y el fenómeno de la polarización: ¿qué pasa con el contenido que consumimos?
En el día a día probablemente no lleguemos a percibirlo, el uso que hacemos de las redes sociales tiene mucho que ver con esto. Entonces, ¿influye en mis opiniones el contenido que consumo en redes sociales? Después de leer ese primer párrafo, podría arriesgar que esta fue la primera pregunta que te hiciste. ¡Que no cunda el pánico! No estoy intentando dar a entender que, si usamos redes sociales, no podemos tener pensamientos propios.
Ahora bien, seguro ya lo escuchaste, pero no es un mal consejo prestar atención al contenido que consumimos, ser crítico o, al menos, “tomarlo con pinzas”. También podemos agregar el famoso consejo de “tómalo como de quien viene”, y con ello no quiero decir otra cosa que “ojo, esto es un post, un video, una imagen, un comentario del comentario del comentario en x red social”.
Pero sí, efectivamente todo ese contenido pasa por nuestra mente y, en mayor o menor medida, influye en nuestras posturas, serias o no tan serias . Esto no es novedad, estoy seguro que elegiste ese último restaurante por sus buenas recomendaciones en Google, ¿no? Ni hablar si estás pensando en comprar algo nuevo en Mercado Libre
Hoy, no quedan dudas, las redes y plataformas digitales son los vehículos privilegiados para el consumo de todo tipo de información: imágenes, videos, audios, artículos, comentarios, mensajes, grupos de chat, etc etc etc pasan ante nuestros ojos, y nuestra mente, todos los días. Claro que estoy al tanto de que no soy el primero en percatarse de este hecho. Muchos se han detenido a analizar este fenómeno, exclusivo del último siglo, y sus consecuencias. Muchos, también, han sabido cómo aprovecharlo para beneficio propio. La polarización del pensamiento ya no se juega solo en las aulas, el congreso, grupos académicos o reuniones de discusión. La arena de las redes sociales se ha convertido en uno de los campos de batalla por excelencia.
¿Se acuerdan de cómo llegó Donald Trump a la oficina oval? Twitter, señoras y señores ¿Y Jair Bolsonaro en Brasil? por supuesto haciendo campaña desde medios tradicionales, pero sobre todo cubriendo estratégicamente cada uno de los frentes digitales. ¿Cómo es que ocurre este fenómeno de la polarización del contenido? De alguna manera, este es un círculo que se retroalimenta el uso que hacemos de las redes sociales: las cuentas que seguimos, y las que no seguimos, las personas con las que interactuamos, los vídeos que reproducimos, las fotos que “likeamos”, en definitiva, cada uno de nuestros clics, influyen en las formas en que vemos e interpretamos las cosas. Contribuyen en la definición de nuestras posturas.
Al mismo tiempo, estas últimas limitan y definen las formas y modos en que navegamos a lo largo y ancho del mundo digital. He aquí, el mecanismo de la polarización. ¿Quedamos algo atrapados, no? Y todavía no hablé de aquellos movedores de hilos infalibles, los algoritmos. Todo nuestro consumo de contenido, está mediado por la acción de los algoritmos. Cada red social se preocupa, y mucho, por diseñar y mejorar constantemente los suyos propios. Tenemos, entonces, al otro gran motor de la polarización: a medida que navegamos por las redes sociales y plataformas digitales, los algoritmos “nos traen más y más de lo que nos interesa”.

¿Cuál es la consecuencia? siempre estamos siendo “bombardeados” por x contenido y desde x perspectiva. Entendámonos, contenidos y perspectivas que sofisticados códigos de computación han interpretado como “de nuestra preferencia”. ¿Debemos asustarnos? ¿Cuáles son sus efectos? Claro que no. El objetivo es que todos podamos comprender mejor cómo funciona este enorme mundo digital que avanza con y, por momentos, sobre nosotros. Somos el alimento de las redes sociales, para decirlo de forma rápida y sencilla.
Los algoritmos se alimentan de nuestro comportamiento, usos y elecciones digitales para “perfeccionar” nuestra experiencia de usuario. En la manipulación que hacen del consumo de cada usuario, la polarización es una gran herramienta para estos fantasmas virtuales. En simultáneo, también los algoritmos alimentan dicha diferenciación de posiciones extremas y contrapuestas. Con su intervención, se duplican las chances de que una persona adopte posiciones polarizadas respecto a cierta cuestión. El tema está en que todo esto no queda allí en la virtualidad. La polarización, impulsada por los algoritmos de las redes sociales, se traslada y afecta al desarrollo de las diversas discusiones en las que cada uno de nosotros, por uno u otro motivo, participamos a diario.
¿Es posible usar las redes sociales y, a la vez, al menos contrarrestar esto? La clave, de alguna manera, está en el uso y consumo consciente. En la diversificación de los contenidos y fuentes de información que consumimos. Además de cómo y dónde lo hacemos. No debemos quedarnos con solo una versión de la historia, ya lo sabemos. Así, contribuimos como usuarios a re-configurar las rutas de circulación y distribución del contenido. Damos rienda suelta a su democratización.
* Alejandro José, especialista en marketing digital.



