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Gustavo Zerbino: "El sufrimiento está muy lejos, pero es como un volcán dormido"

Se cumplen 50 años del Milagro de los Andes, y MDZ dialogó con uno de sus sobrevivientes, Gustavo Zerbino. "Agradezco a Dios cada mañana cuando me despierto".
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Gustavo Zerbino es protagonista junto a 15 amigos y compañeros del "Milagro de los Andes". 50 años atrás, el 13 de octubre de 1972 un equipo de rugby de Uruguay, el Old Christians Rugby Club, se trasladaba, junto a sus familiares y amigos desde Montevideo hacia Chile, para jugar con otro equipo. El avión se estrelló contra la montaña. De los 49 pasajeros que iban en el vuelo, solo regresaron 16, que pasaron innumerables dificultades para sobrevivir durante 72 días, hasta que fueron rescatados.  

Hoy Zerbino tiene hijos, nietos y con gran emoción conversa con MDZ y nos cuenta, a 50 años del accidente, su agradecimiento por estar vivo y los detalles de su innata vocación de servicio.

 

- ¿Cómo se preparó tu corazón, tu alma, para vivir estos 50 años del Milagro de los Andes?
Cada mañana cuando me despierto, agradezco a Dios que tengo 24 horas más para disfrutar y un día más de vida, ya son 50 años del accidente, y me parece increíble lo rápido que pasa el tiempo, hace poco más de un mes, el 7 de septiembre nació mi nieto Antonio, y 10 horas después nació el segundo bisnieto de mi madre, que es argentino, nació en Buenos Aires, se llama León. SI bien tengo 6 hijos, estos nietos me conectaron con mi padre, que ya partió al cielo y mi madre que tiene 100 años, y ella se juntó hoy, con ese bisnieto que lleva nuestro apellido, Zerbino y tienen esos extremos de la vida, 100 años y 1 mes de diferencia, entonces yo que la vida es pura gratitud, que yo mismo haya vuelto a la vida, haya tenido un hijo y ese hijo me dé un nieto y me muestra como la vida es una fiesta maravillosa a la cual venimos sin ser consultados y nos vamos  sin darnos cuenta y venimos para ser felices y distinguir lo esencial de lo secundario, soy muy feliz de celebrar la vida todos los días.

Gustavo y su nieto Antonio
Foto: G. Zerbino

- ¿Cómo aprendemos a ser felices si perdemos tanto tiempo, es eso secundario que no nos damos cuenta?
-
Ser feliz es una decisión es una actitud de vida, la felicidad no es el destino, sino el viaje, es estar presente, disfrutar cada instante, aprender a reír, a mirar, a compartir lo bueno y lo malo de cada día. Cada día tiene 12 horas de luz y 12 horas de oscuridad, no somos todo luz, tenemos zonas grises y negras también por eso debemos controlar pasiones, la vida se trata de eso, aprender a distinguir lo esencial de lo secundario y aprender a agradecer. Aprendí también que del otro del miedo y de la zona de confort hay un mundo maravilloso por descubrir, y para eso hay que tener fe y atravesar el miedo, hacer lo que uno soñó, hay que confiar pero también hacer lo que se requiera, lo que haga falta pero sin excusas, por eso digo siempre que los ganadores tiene planes y los perdedores tiene solo excusas.

Los Zerbino, todos en una imagen
Foto: G. Zerbino

- Gustavo llegaron los 50 años, ¿recordás siempre aquellos 72 días?
- En ningún momento pienso que soy un sobreviviente, que estuve en la montaña que sufrí, pero todos los días de mi vida, agradezco que estoy vivo, agradezco a mis amigos que viven para siempre en mi corazón, por todo lo que me enseñaron, por todo lo que compartimos, pero lo hago desde un lugar de gratitud, de un estado de gracia, no lo hago desde un lugar de queja y sufrimiento, eso está muy lejos, aunque te voy a decir que es como un volcán dormido. Estuve reunido con el director, de cine Juan Antonio Bayona, que está filmado la película "La Sociedad de la Nieve" me mostró 10 minutos de las 650 horas que tiene filmadas, este hombre entiende las emociones, los sentimientos, la amistad, la gauchada, la solidaridad, esas cosas que vivimos diariamente, en esta cultura nuestra, vi esos 10 minutos y quedé congelado, porque esta real, como lo demuestra, los nombres, los amigos que murieron tienen su nombres, es un homenaje, en la otra película, "Viven", les cambiaron los nombres a los que murieron, para no entristecer a sus madres cuando vean la película. Pero esta película que se viene, va a ser muy fuerte, nosotros no éramos nadie, el mundo nos había dejado de buscar y estábamos vivos, solos en un desierto helado, en un lugar donde la angustia y la desesperanza podrían ser infinitas y era todo lo contrario. Vivíamos en un lugar que tranquilamente podía parecerse a una película de Matrix, y estábamos en un lugar que imposible concebir con la mente pero conectabas con la esperanza, que mañana podría llegar a pasar algo distinto. La única cuestión era vivir y no morir. Construir una solidaridad solidaria, donde los bienes pertenecían a la comunidad éramos todos parte de ese equipo que podíamos fallar, porque cada uno fue la mejor versión de sí mismo y la historia hubiese sido otra, con los 16 que vivimos y los 29 que murieron.

Altar en el "Valle de las Lágrimas" con un ala y un flap, esa vez subimos a pie con mis hijos.
Foto: G. Zerbino

- ¿Al momento del accidente eras un joven de fe, rezabas en esos días?
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Si rezaba, pero hay que hacerlo fe, no sirve rezar cuando tenemos miedo y nada más, eso no es tener fe. Yo siempre fui un hombre de fe, en la vida primer hay que querer algo con el corazón, con pasión, después hay que creer que lo vas a poder lograrlo, después como dije antes, habrá que hacer lo necesario, lo que haga falta, sin excusas. Agrego el ejemplo de Usain Bolt, que se prepara 5 años para correr 9 segundos, 5 años de privaciones, de obstáculos para vencer hasta su propio récord. Una persona que hace todo esto, además de estar totalmente loco es una persona de fe y cree que el resultado depende de él mismo. Aceptar ese desafío fue lo que hicimos nosotros en la Cordillera, cuando habíamos escuchado en la radio que nos habían dejado de buscar. Hasta ese momento estábamos conectados como un formula 1 estábamos con motor en marcha esperando el rescate del mundo exterior, cuando nos abanderaron y escuchamos que nos daban por muertos, yo mismo ´por ser un ser autoritario y rebelde, no aceptaba para nada ser un cadáver solamente porque la radio lo había dicho, como cuando escuché, tenemos dos noticias, nos dejan de buscar, es la mala... y claro preguntamos y ¿la buena?... "Ahora morir o vivir depende solo de nosotros". A partir de ese momento cada noche dentro de los resto de ese avión pensaba que al otro día debíamos buscar donde cayó el avión y como se deslizó a 5400 metros de altura, y decidí subir para saber que había del otro lado de la montaña. No aceptamos quedarnos quietos, pasamos noche de 40 agrados bajo cero, nos dábamos golpes de puño para no congelarnos, con la rodillas saltábamos y nos pagábamos en los glúteos para que el cuerpo se caliente y tome temperatura, es ir por ahí, salir de la zona de confort. Yo no me siento un ser extraordinario ni mucho menos, para nada, eso fueron 73 días.

Mi madre y yo hace 50 años.
Foto: G. Zerbino

- ¿Cuánto tiempo tardaron en empezar a contar lo que habían vivido, pensando en ayudar a otros?
Nada, ni un segundo, bajamos de los helicópteros y la gente no podía creer que después de 73 días, expertos que escalaban el Everest afirmaban que era imposible sobrevivir sin equipos adecuados. Cuando vos no tenés nada que perder, das todo lo que tenés  y eso es lo que nos pasa, queremos poner el 1% y llevarnos el 100%, es simple, si querés sacar la grande en la lotería, tenés que comprar el billete , y sacar el número es levantarte temprano, es esforzarte por lo que soñás y ser la mejor versión de vos mismo, no por que tengas que cumplir con nadie sino porque amas lo que haces. El rugby es ese deporte que tiene lugar para todos, el rápido, el lento, el gordo, el flaco, eso es lo que te da "el ser parte" y yo ahora estoy hablando con vos que estas en Buenos Aires, me emociona mucho por María la mamá de mis  hijos que ya partió al cielo por un cáncer de mama, era Argentina. Soy una persona que agradece cada dia de mi vida.

4 generaciones de los Zerbino, desde mi madre hasta su bisnieto hay 100 años y 1 mes de diferencia.
Foto G. Zerbino

- ¿Qué celebraciones hay previstas para estos 50 años?
- Los sobrevivientes estamos cada vez más viejos, nos queremos mucho, somos un cuadro de rugby, del cual yo fui directivo, volví de la Cordillera, yo ya había debutado en primea, antes del accidente, y cuando volví había perdido 40 kilos, viajé con 85 kilos y volví con 45, a los 10 meses jugué el sudamericano enfrentando a los Pumas que iban a Inglaterra.  Pensar que tuvimos que reconstruir un club que había quedado desbastado, se habían muerto 29 personas, volvimos solo 5 jugadores, Fernando Parrado, Roberto Canessa, Antonio Vizintin, Roy Harley y yo, fui presidente  del club  7 años, salimos campeones en memoria de los amigos que ya no estaban, pasaron 50 años y el club sigue creciendo, hoy el presidente es Alejandro Nicolich, hermano de Gustavo, que entró y nos dijo que "Tengo dos noticias para darles" y después murió en la avalancha. Soy parte de esa generación que no se queja ni busca culpas. Vamos a compartir una Misa en el colegio Stella Maris todos juntos. EL mundo ha cambiado, los padres están ausentes y los hijos con un celular en la mano. Pero tango mucha confianza en las generaciones que vienen. Luego jugaremos La Copa de la Amistad, como cada años en dos tiempos de 40 minutos.

Muchas gracias querido Gustavo por tu testimonio para MDZ.