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La conmovedora carta de un hincha de Gimnasia: "Mancharon la pelota"

El pueblo tripero recién está saliendo del shock provocado por la represión desmedida de la Policía Bonaerense ocurrida la noche del jueves. Son miles los hinchas del Lobo platense desahogándose en redes sociales y grupos de WhatsApp por el accionar asesino de la bonaerense.

La familia del Lobo platense empezó a despertar tras el shock provocado por la innecesaria y brutal represión de la policía de Axel Kicillof y Sergio Berni, haciendo catarsis y contando lo vivido durante la noche del jueves por redes sociales y a amigos en los grupos de WhatsApp.

Hay miles de historias contadas en estos días. Todas coinciden en el mal accionar de la policía al reprimir a familias enteras que pugnaban con entrada en mano poder ingresar a la cancha. La brutal represión empezó en las inmediaciones del estadio y, como si fuera una acción coordinada, siguió dentro. Primero se creía que era el accionar del viento que empujaba los gases lacrimógenos dentro del estadio, luego los videos de los celulares mostraron las bombas de gas estallando debajo de las tribunas del Juan Carmelo Zerillo.

La familia tripera se preparaba para una noche de fiesta alentando a su equipo que pelea el campeonato, frente a un duro rival como Boca. La única arma de los fanáticos del Lobo platense es la pasión, que demuestran partido tras partido alentando hasta el último hilo de voz. Siendo la primera y más fuerte barrera que deben pasar los rivales en el estadio del Bosque.

 

MDZ buscó el relato en primera persona de lo vivido por los cerca de treinta mil hinchas del Lobo en la cancha y cientos de miles, por no decir todos, de platenses que sufrieron la angustia de no tener noticias de un familiar, novio/a, amigos y compañeros de trabajo o estudio que habían ido a la cancha a disfrutar de una fiesta.

Mirábamos azorados por televisión imágenes que no podíamos creer. Una policía totalmente descontrolada disparando balas de goma a quemarropa, pegando a diestra y siniestra con la tonfa, atropellando con los caballos y tirando gases lacrimógenos sin importarles que había niños, mujeres -algunas embarazadas- y adultos mayores. En fin, la familia por la que tanto se bregó para que vuelvan a la cancha, esa familia era la que estaba el jueves en el estadio Juan Carmelo Zerillo del Lobo platense.

A la policía, con esto no me refiero al uniformado que seguramente estaba siguiendo órdenes, no le importó la vida del prójimo que lo único que hizo fue ir a una fiesta. Con el transcurrir de las horas se fue corriendo de boca en boca que el ataque policial había sido orquestado de antemano, como si se tratase de un pase de facturas interno para adentro de la fuerza.

Todos se preguntan: ¿por qué se cerraron las puertas? Teniendo en cuenta que el estadio no estaba lleno y los hinchas, insisto con entrada en mano, querían entrar a disfrutar de la fiesta del fútbol. ¿Por qué más de media hora antes el jefe del operativo pedía ambulancias al SAME platense, si todavía no había empezado la brutal represión? ¿Por qué solo fueron detenidos y echados de la fuerza el jefe del operativo y dos policías, cuando la cadena es más larga? ¿Por qué el Gobierno no da respuestas y sigue bancando a un ministro como Berni?

Uno de esos relatos en primera persona lo encontramos en el grupo de amigos del WhatsApp en la carta abierta de José Luis López, productor y director de televisión. Hizo catarsis de lo vivido esa noche, descargando y buscando la contención de sus amigos. Algo que desde el Estado y la dirigencia tripera no hubo.

La carta completa

La carta arranca con un:  “Mancharon la pelota”.

"Fui con parte de mis hijos a una fiesta del fútbol y hoy tengo que agradecer que estamos vivos". Llegamos al estadio tipo 20.20, una hora antes de que empiece el partido, nos gusta entrar por 60 porque después del partido la desconcentración del público es más fluida y hay más opciones para volver a casa tranquilo.

Debo reconocer que los controles eran los mismos que para cualquier otro partido y que a esa hora casi no había cola para ingresar. Nos pidieron los carnets habilitados, el habitual número de DNI para ver la identificación y todo fue muy tranquilo... Los equipos hicieron la entrada en calor y aún la cancha no estaba llena ni mucho menos.

Pero repentinamente, a las 21.25 las puertas se cerraron, con unas 50 o 60 personas que estaban afuera, en el acceso de populares que está pegado al vestuario. Una medida rara ya que por lo general las puertas solo se cierran en casos extremos.

Acto seguido y confundido con el humo azul y blanco comenzaron a escucharse detonaciones que venían de afuera de la tribuna Centenario, la del Bosque, pero esos gases fueron disparados hacia adentro o al menos “empujados" para la zona baja de esa tribuna. De ahí el caos...las puertas de acceso cerradas provocaban un "encerrona" que pudo haber sido más trágica aún. La gente verdaderamente se comportó como pocas veces se vio, permaneció en el lugar y trato de asistir al otro.

No es lógico que pase esto, acá hay otro problema de fondo. Y así lo puedo confirmar a través de diferentes audios que recibí de hinchas que quedaron afuera a los cuales la propia policía les dijo “váyanse porque acá en 10 minutos se pudre”, “no se queden, no van a entrar”. También recibí el audio de una operadora del SAME, pidiéndole desde la departamental de La Plata 11 ambulancias a las 21.

Es casi normal que en un evento así haya reventa de entradas o entradas truchas y precios altísimos. No es que lo estoy aceptando, pero es parte de la realidad que vemos en recitales, carreras de autos , obras de teatro y otros espectáculos.

 Pero entonces, ¿qué falló?

  • El anillo de control de acceso;
  • La falta grosera de comunicación entre la provincia, el municipio, el ministerio de seguridad, el APREVIDE y el club;
  • La indignación de ver a un ministro de Seguridad,  que estaba en un estudio de TV, llegar al lugar y echarle la culpa al club;
  • Ver al Intendente decir que el partido se debió jugar en el estadio Único,  cosa imposible ya que el sábado había un recital;
  • Escuchar al titular del APREVIDE hablando de cuando jugar el partido, cuando la familia Regueiro aún no podía despedir al querido "Lolo";
  • El silencio del Gobierno nacional, a sabiendas que la vicepresidente es reconocida hincha de Gimnasia;
  • El papelón de la AFA y Agremiados que decidió continuar la fecha sin al menos demostrar que les importa la gente;
  • En síntesis, estamos metidos en un escándalo político/ policial que nos envuelve y preocupa, pero seguro acá el "pato de la boda" será Gimnasia.

"Todo pasa" decía don Julio…”

A la carta abierta podemos agregar mensajes de familiares y amigos que fueron ese jueves a la cancha tranquilizando y contando lo que habían vivido.

“Mama quédate tranquila, con Vicente y los chicos estamos bien. Estábamos en la tribuna de enfrente, arriba de todo. Nos mató el humo, pero ya estamos bien. Por suerte media hora después pudimos salir”, escribía una hincha tranquilizando a su madre.

Los jugadores del Lobo platense salieron ayer a jugar con esa camiseta.

En un grupo de amigos se dio este intercambio entre dos hinchas: “El quilombo estaba desde antes de que empiece el partido. Tienen que investigar qué pasó con las entradas, no solo la represión policial.  Si vos tenés capacidad para veinticinco mil personas no podés vender para treinta y cinco mil. La gente compró la entrada y quería entrar”.

“Fue una locura. Nenes perdidos en el tumulto. Podrían haber muerto cientos aplastados. Vi a una chica que no tendría más de 12 años con la espalda ensangrentada por los balazos de goma tirados a quemarropa. Tuvimos un Dios aparte. Esto pudo haber sido una tragedia. La policía estaba totalmente sacada, tiraban gases para todos lados, no les importaba nada, apuntaban al cuerpo y te tiraban, si pasabas corriendo por al lado de algún milico te cagaban a palazos. Unos hijos de puta. Berni y Kicillof tienen que dar explicaciones, no se la pueden llevar de arriba”, contestaba otro hincha.

“Estábamos en el medio de la tribuna y tiraron bombas de gas lacrimógeno justo abajo nuestro, no veíamos nada, no se podía respirar, fue horrible. Una locura, escuchábamos a los nenes llorar y ahogarse con el gas que les provocaba vómitos, fue tremendo. Por suerte rompimos el alambrado y pudimos entrar a la cancha, sino no sé qué hubiera pasado”, respondió mi sobrino ante mi mensaje de cómo estaba.

Lo cierto es que se estuvo al filo de una gran tragedia, de milagro no hubo más víctimas fatales. En mi memoria aparecieron las imágenes de la fatídica Puerta 12, de la cancha de River y más cerca en el tiempo las imágenes de los pibes muertos en la vereda asfixiados por el humo tóxico del incendio de Cromañón. En mi cabeza todavía resuena la frase de un colega: “Si no hay responsables políticos esto va a repetirse”.