Quiénes son ahora los protagonistas de las tomas de escuelas

Quiénes son ahora los protagonistas de las tomas de escuelas

La historia de las protestas políticas en los institutos secundarios porteños se vuelve cada días más compleja. Ayer, quienes amenazaron con potenciar los disturbios y resistir la autoridad no fueron exclusivamente los alumnos. La irresponsabilidad a la orden del día.

Ángeles Reig

Ángeles Reig

La saga de las tomas de colegios sigue su curso. Ahora entran en escena un grupo de nuevos personajes: los padres. La historia pone el foco en ellos en el momento en que el gobierno de la Ciudad decide hacerlos cargo de los daños que ocasionaron o pueden llegar a ocasionar los alumnos.

Ahora bien, ¿son los padres responsables de lo que hacen sus hijos? Esta Argentina “patas para arriba” nos obliga a hacernos preguntas que, hasta hace unos años nadie se hacía porque sus respuestas eran obvias, de sentido común.

Si, por ejemplo, jugando a la pelota en la vereda, un chico rompía la ventana de la vecina, seguramente los padres de la criatura iban a pedir disculpas y a ofrecer hacerse cargo del cambio del vidrio. Después, cuando el chico volvía a su casa, probablemente recibiera un reto, unos días sin jugar a la pelota y un “la próxima lo pagás con lo que tenés en el chanchito”. El padre se hacía cargo en público y corregía en privado. Era así y a nadie le sorprendía.

Hoy asistimos a un escenario completamente distinto. Siguiendo con el ejemplo del vidrio y la pelota, podríamos decir que en este caso, padre e hijo están jugando, de repente, el chico patea, rompe el vidrio y el padre sale corriendo, se mete adentro de su casa y grita: ¡Bien hijo, felicitaciones!

¿Alguno de estos padres que reivindica las tomas se puso en el lugar de su hijo adolescente? ¿Alguno se preguntó si quizás lo que están buscando desesperadamente es llamar la atención de los adultos en busca de límites, de alguien que les diga lo que está bien y lo que está mal y que, a la vez, les cuide la espalda?

De acuerdo con la psicóloga Margarita Eggimann, “sin esa cuota de frustración, sin una forma de encauzar esos desbordes, los chicos se sienten desprotegidos y se angustian porque tienen demasiado poder de decisión sobre sus actos. Esto es más carga de lo que pueden procesar”.

El revés de la trama

Por otro lado, hagamos el ejercicio de mirar las cosas al revés. Si el reclamo de los alumnos es genuino, y la situación en las escuelas es tan grave y acuciante, ¿no tendrían que ser los propios padres, preocupados por la educación de sus hijos, los que realicen el reclamo?

Y con esto no quiero decir que los padres deberían tomar las escuelas, que no se me malinterprete. Pero cargar sobre las espaldas de sus hijos la responsabilidad de exigir una educación digna es demasiado. Que el adolescente sea sujeto de derechos no lo convierte en garante de obtenerlos, somos los adultos los responsables de eso.

Hacer partícipes a los chicos de nuestras propias falencias es generarles inseguridad e incertidumbre frente al futuro. Si los grandes no resuelven los problemas ¿quién nos va a ayudar?

La escuela como arena de la batalla política

Como si no fuera suficiente, este drama se completa con un amargo ingrediente. La escuela ha dejado de ser ese lugar cuidado, esa casa segura donde los alumnos iban a aprender y a ampliar sus horizontes culturales y sociales, para convertirse en el escenario de una batalla campal entre adultos de distinto signo político. Los chicos y su educación son rehenes y prenda de negociación entre distintas facciones que defienden sus intereses sin importarles nada más.

Sin embargo, no todo está perdido. Este fin de semana en Rosario tendrá lugar el tercer encuentro de Familias organizado por Argentinos por la Educación. Padres, madres y especialistas que, como adultos responsables, se hacen cargo de la crisis y buscan una salida para devolverle a los chicos ese lugar que les corresponde.

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