Cómo se relaciona la deforestación con las sequías y las históricas olas de calor

Cómo se relaciona la deforestación con las sequías y las históricas olas de calor

Si bien solemos relacionar las sequías con desastres propios de la naturaleza y fuera de control para el ser humano, cada vez más investigaciones dan cuenta de que esto podría no ser así. Es clave tener en cuenta las consecuencias del accionar humano. Entre otras cosas, la deforestación.

Juan Pablo Rufino

La relación entre las actividades desarrolladas por el ser humano y las fuerzas climáticas ha ido en aumento durante el correr de los años. Pero, ¿Cómo afecta la deforestación a los suelos de nuestro país y cómo se relaciona con la sequía

Para entender estas cuestiones conversamos con Javier Souza Casadinho,  profesor FAUBA y coordinador regional Red de acción en plaguicidas y sus alternativas de América Latina (RAPAL ), quien destacó la importancia de entender primeramente la relación que hay entre los suelos, el clima y la vegetación. “Tomando nuestro país como ejemplo vas a ver que los suelos de Misiones, Buenos Aires y Mendoza, por poner tres ejemplos, son diferentes: lo que crece arriba (la vegetación) es distinta y el clima lo es. Hay una relación entre los tres elementos y cualquier cosa que vos modificas, modifica al resto”.

Souza agrega que: “la deforestación implica sacar árboles, con toda la complejidad que eso implica, porque vas a sacar un elemento vital dentro de un ecosistema”.

Los árboles cumplen un sinfín de funciones dentro de un ecosistema. Por un lado, son capaces de regular el flujo de agua en los suelos durante las precipitaciones. El bosque absorbe parte del agua para luego liberarla a intervalos regulares de tiempo. Esto lo logran, en gran parte, gracias a que los suelos donde hay bosques o donde hay gran vegetación, poseen varias capas orgánicas compuestas por las mismas hojas, cortezas, restos de seres vivos, entre muchos otros compuestos orgánicos. Estas capas orgánicas actúan como esponjas, absorbiendo el agua durante las precipitaciones para ir liberándola poco a poco, disminuyendo así los riesgos de sequías.

Pero no solo eso, como ya se sabe los árboles son quienes más absorben dióxido de carbono, uno de los gases que produce el efecto invernadero. Al talar un árbol, gran parte termina quemada. Ya sea para abrir un camino, establecer nuevas áreas de producción agrícola  o mismo para urbanizar zonas, por poner algunos ejemplos. Es decir, no solo se sustrae un elemento vital del ecosistema, sino que además se libera más dióxido de carbono al quemarse el mismo. “Ahí estás viendo estas tres cosas y cómo se relacionan, clima, vegetación y suelo. Si vos tocas cualquiera de las tres, afectas las otras dos”. 

La deforestación y las inundaciones.

Sobre esto Souza Casadinho explica que “El árbol funciona como un paraguas. Sin ese paraguas, las gotas de lluvia caen directamente en el suelo a gran velocidad. Esa velocidad hace que las partículas del suelo se vayan rompiendo dejándolo sellado. Entonces toda la demás agua que cae no entra al suelo, no es absorbida y se produce lo que llamamos erosión. Ahí tenemos dos cuestiones que pasan en la actualidad: llueve y si el suelo está desprotegido gran parte del agua que vos querías que entrara no entra porque justamente el suelo quedó sellado como si fuera una capa impermeable. Si, por el contrario, vos tenés el suelo protegido por una capa de árboles, sucede que la lluvia va entrando mucho más lentamente. Además las hojas van cayendo en el suelo formando la hojarasca y se genera la capa orgánica que permite retener esa cantidad de agua”.

Y enseguida agrega: "Si por el contrario no hay árboles, no hay una buena capa de materia orgánica, la lluvia que cae no es aprovechada, ese suelo se sella y tenemos 2 problemas principales cuando llueve, erosión del suelo e inundaciones. Porque la lluvia no es absorbida y corre hacia otro lugar”. Tal vez la solución no sea solamente diseñar y construir desagües cada vez más grandes, sino incorporar más espacios verdes, repoblando los ecosistemas con ejemplares autóctonos que han sido destruidos.  

Posibles soluciones

Foto: HumbertoCebadablog

Como solución principal a esta problemática se encuentra, por supuesto, la reforestación. Aunque cabe destacar que esta debe hacerse debidamente, respetando las especies nativas que alguna vez reinaron en el lugar. Caso contrario el daño producido al ecosistema podría ser incluso peor. Por ejemplo, en la Patagonia, la introducción de especies arbóreas exóticas, como el pino, derivó en varios inconvenientes. El pino es una especie que se reproduce rápidamente desplazando especies autóctonas, afectando también a los animales que dependen de ellas para subsistir. Además, los pinos resultan arder mucho más rápido que otros árboles, propagando de manera más rápida los incendios que ocurren en las zonas.  

Sistema agrosilvopastoril, una variable para mitigar el cambio Climático

En cuanto a las zonas de producción agrícola, Javier Souza Casadinho sugiere incorporar el sistema denominado agrosilvopastoril. Este sistema de producción mezcla árbolesanimalescultivos. De este modo ocurren interacciones significativas ecológicas, mejorando las propiedades medioambientales y del suelo, disminuyendo la erosión y aumentando la fertilidad a la vez que, en muchos casos, brinda una mayor seguridad alimentaria e ingreso del productor. Además se puede delimitar los terrenos con árboles sustituyendo los típicos alambrados. 

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