La hora de dormir: cuando nos cansa lograr el descanso

La hora de dormir: cuando nos cansa lograr el descanso

El sueño pertenece a esa breve lista de ítems que atraviesan de manera visceral nuestra cotidianeidad. Será por eso que abundan las consultas sobre dificultades a la “hora de dormir”, tanto de los bebés recién nacidos, los niños y adolescentes, y hasta los adultos.

Lic Magdalena Clariá y Mercedes Gontán

Llamamos sueño a ese estado de reposo en el que se encuentra la persona que está durmiendo. Pero a esta calma que debería ser propia del descanso, a veces le antecede un huracán de berrinches, llantos, luchas de poder, desesperantes insomnios y tironeos.

Empecemos por los más chiquitos. Con la llegada de un bebé a la casa, los padres saben que resignarán durante algunos meses ese preciado “dormir de corrido”, porque las necesidades de alimentación del bebé y el aprendizaje del ritmo circadiano los harán despertar. Van pasando los meses, y en algunos casos los años, y puede pasar que siga costando que fluya el descanso en casa.

“Yo lo duermo paseándolo en su carrito en la cochera de mi edificio, hay días que doy más de 20 vueltas”, nos compartía una mamá agotada, mientras que un papá nos decía resignado: “Yo la duermo a mi hija de dos años hamacándola mientras le canto, no puedo más de la espalda”. Y así, infinidad de historias.

Más allá de las técnicas de cada familia, desde las más habituales hasta las más disparatadas, quisiéramos, antes que nada, reflexionar juntos sobre un enfoque: “Yo lo/la duermo” decían aquellos papás.  A veces, sin querer, perdemos de vista que el sueño es una necesidad personal, y es el bebé por más chiquitito que sea el que se duerme. Nosotros como adultos, debemos ir facilitándoles las circunstancias para que puedan aprender a dormirse. El dormir bien, como todo hábito se aprende, y en este recorrido habrá altibajos de acuerdo a la etapa evolutiva. Esta pequeña sutileza gramatical, tiene sus grandes implicancias, porque los adultos cargamos como una pesada mochila el “dormir a los chicos”, cuando en realidad, se vuelve mucho más placentero el camino si nos enfocamos en acompañarlos en este aprendizaje.

Cuando la primera infancia transcurre, aparecen los tironeos porque los niños reclaman quedarse despiertos un ratito más. Van creciendo y el llanto se vuelve un reclamo: “me quiero quedar una hora más despierto”, “quiero ver otro capítulo de la serie”, “me quedan dos vidas y se termina el juego, están todos mis amigos conectados a la play!!!”.

Muchas veces, en piloto automático damos respuestas, pero siempre es bueno como familia, reflexionar y tomar decisiones a conciencia. Si bien hay pautas generales por edad, siempre es bueno hacer un monitoreo de cada hijo, porque no todos somos iguales. Sugerimos también consultar al pediatra, para que nos guíe. El sueño tiene muchas implicancias físicas y emocionales.

Respetar a los chicos, no es dejarlos dormirse a cualquier hora sino ayudarlos a conectarse con su propia necesidad de descanso 

En las familias con niños de distintas edades, siempre en los acompañamientos se presenta la dificultad de congeniar horarios iguales para todos. Dentro de las posibilidades, podemos ser flexibles atendiendo a las necesidades de cada edad.

Varias veces mencionamos la importancia del respeto mutuo en las decisiones que tomamos en la crianza. En este caso, respetar a los chicos, no sería dejarlos dormirse a cualquier hora, sino más bien, ayudarlos a conectarse con sus propias necesidades de descanso de acuerdo a su edad. Aunque los tiente más quedarse jugando un rato más a la play, o bailando, o pateando la pelota. Teniendo en cuenta además, que el cerebro de los niños necesita descansar y “resetearse” más tiempo que el de los adultos, y para ello es necesario un sueño de más horas y realmente reparador.

De lo contrario, al día siguiente veremos las consecuencias en irritabilidad, falta de concentración, desbordes emocionales, y bajo rendimiento académico.

Y en cuanto respetarnos a nosotros mismos, los adultos, pensamos en esas historias insólitas que se comprenden desde el agotamiento, desde esa idea de “hago cualquier cosa con tal que se duerma”. Sabemos bien que son “pan para hoy y hambre para mañana”, sobre todo, porque no son respetuosas con nosotros los adultos, que también necesitamos nuestro propio descanso. “Desde que nació, me siento al lado de la cuna para que pueda tocarme el pelo, es la única forma en que concilia el sueño…ahora lo hago sentada al lado de su cama…tengo el pelo corto, asi que es bastante incómoda la posición. Termino contracturada, y a veces cuando pienso que está dormido y quiero irme…se despierta y es vuelta a empezar, ya tiene 5 años.” Nos relataba una madre al borde de la desesperación y sintiendo que el respeto por ella misma había quedado en el camino.

Los adultos no estamos exentos de los problemas en el sueño, por el contrario, en medio de la vorágine y el ritmo estresante en el que vivimos, se nos hace cada vez más difícil tener un buen dormir.  Sabemos que necesitamos descansar, pero no lo logramos como nos gustaría.

La propuesta es que dormir bien y suficiente sea una prioridad para toda la familia. Poner el tema sobre la mesa y buscar alternativas en las que todos trabajemos en equipo para conseguirlo.

Las rutinas son las grandes aliadas, y son ese barandal que necesitamos para caminar más seguros. Sin ser rígidos ni extremistas, pero aprovechando la seguridad que les da a los más chiquitos tener rutinas, establecer los pasos previos a la hora del sueño, y en esta repetición de actos, les va a ser más fácil conciliar el tan ansiado sueño. A medida que crecen, podemos establecer con ellos estos pasos previos, intercambiar ideas y dejarlos aportar, buscando lo mejor para todos.   

Por último, sabemos que los expertos recomiendan no exponerse a las pantallas antes de pretender dormirnos, que la luz afecta las hormonas reguladoras del sueño. Sin embargo, dejamos el celu en la mesita de luz, y le damos una última mirada a las noticias del día o a los últimos posteos en las redes, porque no debe ser para tanto… O dejamos que los chicos se duerman abrazados a la tablet porque la verdad que en este horario no hay actividad que lo conforme, o que el adolescente pernocte hipnotizado frente a la play, en noches maratónicas que no tenemos ni idea a que hora terminan. No importan nuestras razones, y lo que hayamos hecho hasta el momento, siempre estamos a tiempo de generar un cambio, y los grandes cambios comienzan con pequeñas decisiones. Ojalá nos animemos a tomarlas, entre todos, apoyándonos los unos a los otros, sabiendo que no es fácil pero que vale la pena. Proponernos un tiempo de desconexión unas horas antes de dormir, es un excelente primer paso.

Todos necesitamos descansar, solo que a veces nos cuesta registrarlo. Sin duda, hay etapas de la vida de nuestros hijos que nos presentan un desafío en este sentido. Nuestra tarea será acompañarlos, mientras lidiamos con nuestro propio cansancio.  A relajarse y a descansar, que mañana será otro día.

 

*Magdalena Clariá es Licenciada en Psicología y Mercedes Gontán, abogada, Mediadora y Orientadora Familiar. Juntas hacen Apuntes de siembra

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