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Deambuló por consultorios durante 4 años hasta que recibió un diagnóstico demoledor que acabó salvando su vida

"Los médicos no saben o no te informan", cuenta Norma Camaño, quien fue diagnosticada con cáncer y vivió con incertidumbre durante 4 años hasta poder tratar su enfermedad.
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Norma Camaño tiene 57 años, es de Burzaco, Adrogué, y hace cuatro años la diagnosticaron con linfoma, un cáncer que comienza en las células del sistema linfático. “Me diagnosticaran recién el en 2018, pero hacía 4 años que tenía una pelota en la pierna”, cuenta Norma. “Les comentaba a los médicos y no me prestaban atención, me hacían ecografías y no salía nada. Incluso me operaron como si fuera una hernia, pero volvió a aparecer en el mismo lugar”.

A partir de la operación, el dolor aumentó, incluso si pierna estaba tan hinchada que tenía el doble de su tamaño. “Fui a todas partes, nadie me sabía decir qué tenia, en los análisis salía que era un ganglio linfático”, cuenta abrumada. “Cada 3 meses me hacían una ecografía y la bola era cada vez más grande. Era del tamaño de una pelota de tenis”, asegura Norma. De todas maneras, no le prestaban atención, incluso cuando comentó a los médicos que había crecido nuevamente, le respondieron que era otra hernia.

Recibir el diagnóstico fue difícil pero también la oportunidad de revertir la situación.

“No me daban nada, les explicaba lo que tenía con la poca información que poseía y me decían que si no tenía un diagnostico no me podían tratar. Se fijaron si tenía un problema en las venas, pero estaba todo bien, me decían que fuera a mi médico de cabecera, pero no tenía ninguno, me pasaban de doctor a doctor, se lavaban las manos”, narra ella. Cuenta que su pierna seguía hinchándose, tenía fiebre, no podía caminar, se la pasaba acostada porque la rodilla ya no se doblaba.

“Finalmente fui a la obra social y me quedé plantada desde las 8 de la mañana hasta las 5 de la tarde”, recuerda Norma. “Me hicieron una biopsia y salió en blanco, sin resultados. Cuarenta días después de volver a hacerme la biopsia me llegaron los resultados y cuando se los lleve a una hematóloga me dijo que tenía un Linfoma. Por suerte era un linfoma no Hodgkin, que dentro de todo era una buena noticia, ya que es más difícil de tratar”, explica.

“Ahí empezó todo. Yo siempre tuve ese dolor, esa pelotita, y decía 'debe ser un cáncer, nadie me encuentra nada', pero porque ya no sabía que pensar, lo decía en broma. Me acuerdo que ese día llore todo el camino hasta el auto, hasta mi casa. Llore todo un mes, mientras me hacían los estudios. Finalmente, un día pensé: 'Hasta acá estoy, se terminó'. Con llorar no iba a ganar nada, así que arranqué con el tratamiento. Por algo me tocó a mí, pensaba, ahora hay que afrontarlo", cuenta con energía.

“Empezamos la búsqueda nuevamente de un hematólogo-oncólogo, un especialista. Hasta que un 26 de diciembre conoció a la doctora Mariana Sgromo. De ahí en más empecé con quimioterapia: 6 sesiones, una cada 21 días. Se me empezó a caer el pelo, aunque no me pelé, lo afronté así. No me molestaba. Con las quimios no fue suficiente, así que me internaron y me hicieron 3 quimioterapias más. Entraba un lunes y el viernes ya salía. La última duró 24 horas. Así 3 veces cada 21 días”, explica Norma.

De todas formas, cuenta que no estaba al 100%. Se hizo un autotransplante de médula en el Favaloro y estuvo internada casi un mes. “Todo esto sucedió el año pasado, en cuarentena, pero todo funcionó genial. Estuve bien cuidada. Mientras tanto todos los meses me hacía un análisis de sangre, todavía me los hago, más la visita a la doctora, muy esporádicas por el asunto de la pandemia”, explica.

Según el cirujano oncólogo Leandro Nikisch, miembro de la Asociación Argentina de Cirugía, "los linfomas son un conjunto de tumores malignos que se originan por un crecimiento anormal de células que se multiplican de modo anómalo en los ganglios linfáticos formando tumores. Es la enfermedad oncológica más común de la sangre en los adultos y la tercera en chicos".  

Sin embargo, a pesar de tener linfoma durante tantos años, Norma nunca conoció a nadie con la enfermedad. “Solo una vez de casualidad en una sala de espera conocí a un hombre mayor con un Linfoma de Hodgkin, que es más grave. También escuché de una chica con 18 años diagnosticada con lo mismo, cuando estuve internada en el Favaloro, que ya no le podían hacer trasplantes. Pedía no estar más acá, era mucho sufrimiento, no tenía salida. Eso me había puesto bastante triste, porque era muy chica”, cuenta emocionada.

Que yo no haya tenido el linfoma más grabe no hacía que estuviese espléndida, sobre todo los días después de las quimios, pero había que salir adelante. No me iban a vencer, si te dejas la enfermedad te tira abajo. Primero pensé en mí, en estar bien yo, después en el entorno, en mi familia”, declara Norma.

A pesar de todas las visitas al hospital, cuenta que lo pensaba como un resfrío mal curado. “Terminé el tratamiento, pero me puede volver a salir, así como dentro de un año o diez. Pero mientras tanto estoy bien, no se me hinchó más la pierna. Cada 6 meses me realizo una tomografía por emisión de positrones (PET), además de volver a darme todas las vacunas, porque quedé con las defensas muy bajas. Estoy vacunada con las dos dosis contra el COVID. Además, volví a mi peso normal, antes estaba muy hinchada. Me quedaron algunas molestias que me recuerdan mi enfermedad como cuando hay humedad y me duele la zona de la ingle”, cuenta Norma.

Con respecto a lo que se conoce de esta enfermedad, Norma expresa su dese de que se conociera más sobre Linfoma y las alternativas que existen. “Este hombre que conocí empezó con una pelota igual que yo, pero nadie lo atendía. Los médicos no saben o no te informa, o si ya te diagnostican con problemas en los ganglios linfáticos tendrían que empezar a analizar la posibilidad de un Linfoma. No le prestan atención”, reclama Norma. Recomienda que en caso de encontrar alguna protuberancia se hagan ver y no dejen de insistir.

“Gracias a Dios puedo hacer una vida normal, ya volví a trabajar medio turno. Hay que seguir adelante, ponerle pilas y no caerse. Se lo que le digo a todo el mundo: hay que ponerle espíritu y no tirarse en una cama, sino no te recuperas jamás”, asegura Norma.