Postal de un hermoso milagro que comenzó el 8 de julio de 1961

Postal de un hermoso milagro que comenzó el 8 de julio de 1961

Hace 60 años, tímidamente, se iniciaba un proceso simbólico y artístico que ha marcado la historia de la cultura de Mendoza. Una joven Reina de la Vendimia participaba de un evento teatral. Sesenta años después, esa mujer es una de las figuras más importantes del teatro argentino.

Ulises Naranjo

Ulises Naranjo

No supo detenerse. Gladys Ravalle no sabe hacerlo. 

Fue un 8 de julio de 1961: un perdido y minúsculo aviso en un diario daba una noticia que, con los años, ganó en Mendoza una dimensión simbólica extraordinaria: Gladys Ravalle, por entonces, Reina de la Vendimia de Guaymallén, participaba en una obra teatral

Desde aquel momento, jamás dejó de hacer teatro en Mendoza, Argentina, Latinoamérica y Europa

Representó como actriz más de 100 obras y dirigió muchas otras. Fue, además, directora de un grupo teatral que surgió durante la dictadura militar, el Joven Teatro Göethe, con muchos notables integrantes que han marcado la historia del teatro y la cultura de Mendoza los últimos 50 años. 

Por los ojos y las manos de Gladys, que tiene 79 años, han pasado los últimos 60 años de la cultura de Mendoza. Ella ha sido y sigue siendo protagonista primordial del teatro en Argentina y su trabajo ha trascendido las fronteras del país. Gladys, la Flor de Guaymallén, es mundial.

Y todo comenzó como un juego y con un aviso perdido en un diario perdido. 

Como tantos, padeció la dictadura y se convirtió abanderada de la democracia, los derechos humanos y los derechos de las mujeres. Junto a su pareja, el inolvidable director de teatro Cristóbal Arnold, dieron identidad a la cultura de Mendoza. Además, es madre de uno de los directores teatrales más prolíficos que ha dado el teatro argentino, Juan Cristóbal Comotti

Aquellos que la conocemos y la frecuentamos no podemos menos que amarla. Y escucharla. Por eso, dejemos que sea ella quien hable, luego de cumplir 60 años en escena, dignificando el oficio del actor y la vida de quienes siguen apostando por el arte y la cultura como agentes transformadores de vida. 

La primera vez 

Fue hace 60 años, el 8 de julio de 1961. Sólo puedo decir ahora que me subí una vez al escenario y no me bajé nunca más. Tuve grandes experiencias y he vivido durante estas décadas muchas vidas. Cada obra que tenés que hacer, cada personaje que hay que representar parece que se tratara de algo ‘de mentirita’, pero resulta que es un proceso que te enriquece enormemente. Y yo he vivido enriquecida por mis personajes y mis obras”. 

Cristóbal Arnold, inolvidable director, gran amor 

Yo creo que en todo esto del teatro ha tenido mucho que ver la presencia de Cristóbal Arnold, que fue el hombre, el amor y el padre de mi hijo Juan. Cristóbal hizo que yo me quedara en ese mundo. Como director, era un tipo que a mí no me exigía; me largaba, me dejaba hacer. Y yo fui aprendiendo a fuerza de prueba y error, prueba y error, hasta que fui viendo cómo era todo ese mundo”. 

Ravalle y Arnold, teatro y amor

El amor por Cristóbal ha sido muy profundo en mi vida. Y ese amor me hizo sumergirme en el teatro. Fue como jugando. Y jugando aquí estoy. Aprendí que el teatro es un juego”. 

Las obras y los besos 

He representado más de cien obras en mi vida. No las he contado, porque las obras y los besos no se cuentan. Y son como los besos, las obras te enseñan tanto como los besos". 

Alemania y Bertolt Brecht 

Mi experiencia de vivir, estudiar y trabajar en Alemania fue muy, muy fuerte. Aprendí allí el método de Bertolt Brecht, que no te deja identificarte; te permite representar, pero no te deja identificarte. Esto permite que una parte de tu mente, una parte crítica, vaya observando al que actúa y lo vaya controlando permanentemente. Es sumamente placentero, pero requiere de mucho ejercicio y de mucho aprendizaje".

Hija de sicilianos 

Para mí, entrar al Instituto Göethe fue como una tabla de salvación, porque fue durante la dictadura militar. Eran años muy terribles, muy difíciles y, para no volverme loca, como buena hija de sicilianos me propuse hacer algo que fuera muy difícil para mí. Y eso fue aprender alemán. Y me metí en el Göethe para estudiar y que mi mente se ocupase en otra cosa". 

El Joven Teatro Göethe 

"Una vez, en el Göethe, como jugando, con los compañeros de curso presentamos un escena durante un acto. Y así fue como nació el Joven Teatro Göethe, que sigue hasta hoy, porque hay veces que mi hijo, el director de teatro Juan Comotti, lo dirige".

El Joven Teatro Göethe fue el semillero de mucha gente preciosa. Yo sabía que, durante la dictadura, tenía como alumnos y alumnas a personas muy particulares, que eran casi todos líderes. Y los fui preparando y, cuando llegó la democracia, salieron al mundo y formaron elencos y abrieron salas y ahí están, todavía, subsistiendo del teatro. Pensar lo que hicieron me llena de alegría, permanentemente. Y el teatro está para esto, para producir alegría, no sufrimiento".

Juan Cristóbal Comotti, hombre de teatro 

Mi hijo y de Cristóbal Arnold, el Juan Comotti, es hijo de tigre y de tigresa. Se crió bajo las patas del escenario, escuchando cómo sus padres hacían teatro. El embarazo llegó durante una gira de 23 meses que hicimos con Arnold. Se avecinaba la dictadura y la Triple A ya estaba apretando gente. Y Juan lo vivió todo en la panza. A veces, mientras dormía, él daba saltos en la panza y eran los mismos saltos que dábamos cuando, estando en las rutas, nos paraban uniformados de azul y de verde y lo primero que hacían era venir hacia nosotros apuntándonos con sus armas, para ver qué había debajo del poncho: era mi panza de embarazo”. 

Cuando nació Juan, se crió mirando a sus padres en el escenario. Y yo, a veces, lo veía entre el público, sentado al lado de mi madre, y se iba durmiendo, durmiendo… pero no quería quedarse en casa: quería ver teatro. ¿Y qué esperaban de él, que fuera carpintero? No, fue actor y director de teatro. Hoy, para Juan, hacer teatro es una alegría, como lo ha sido para su padre y su madre”.

Está más claro que Juan Comotti ha superado ampliamente esto de ser hijo de Arnold y de Ravalle. Él tiene su estilo, su personalidad, su manera de ser y proceder y en todo es muy personal. Y el teatro que hace tiene su sello personal, inconfundible. Su teatro tiene su impronta y eso es lo mejor que podría haber pasado”. 

Ravalle, Comotti y Arnold

Ravalle hacia el futuro 

Cuando todo esto de la pandemia y el covid empezó, estábamos con una compañera ensayando una obra que se llama ‘Me mato el 24’. Y tuvimos que dejar de ensayar. Al igual que todos, se distanciaron, nosotros también. En algún momento, estaremos de nuevo listas para hacerla. Es una obra de un colombiano, muy muy interesante. Cuenta la historia de dos mujeres mayores que están hartas de la vida aburrida que llevan y se prometen matarse juntas el 24 de diciembre. Espero que pronto podamos estar ensayando otra vez". 

El aislamiento por covid 

El aislamiento por el covid, en mi caso, ha sido muy fuerte, porque soy persona de riesgo. Estoy en mi casa todo el tiempo, no salgo de casa, salvo que sea por necesidades reales y muy grandes. Estoy como tanta gente en el mundo, esperando que esto pase. Para mí, es el propio mundo el que está en las mismas condiciones que nosotros. Por eso, no podemos tener un pensamiento egoísta y pensar qué me pasa a mí. Hay que pensar lo que nos pasa a todos. Así es que es tan importante cuidarnos y cuidar al otro”. 

Gladys, la mujer mundial. (Foto: Ulises Naranjo)

El teatro y la alegría 

Yo sé que vine al mundo para hacer teatro. Durante 15 años dormí tres horas diarias. Trabajaba en dos escuelas y, de ahí, me iba a estudiar Bellas Artes, por la noche, y, de ahí, me iba a ensayar mis obras de teatro. Me acostaba tardísimo. Y resistí eso y resistí muchas cosas más. Y me ha hecho y me hace muy feliz hacer teatro”.

Ulises Naranjo

Fotos: Gladys Ravalle y Juan Comotti 

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