Claudio Burgos y el don de salvar vidas: su historia, Sandro, Favaloro y lo difícil que es crecer en Argentina

Claudio Burgos y el don de salvar vidas: su historia, Sandro, Favaloro y lo difícil que es crecer en Argentina

Claudio Burgos es uno de los médicos más importantes del país. Habla de la vida, la muerte y el don de salvar personas. La historia de la operación de Sandro y el drama de la "inmolación" de Favaloro.

Verónica Jorge

Claudio Burgos tiene la verdadera "mano de Dios". Así lo sienten las casi 400 personas que trasplantó del corazón y muchas más a las que les salvó la vida en instancias críticas. Burgos es el cirujano número uno de Argentina y un referente mundial. En "Tiene el Don", el médico revela cómo es convivir con una actividad crítica y lo maravilloso que es ver cómo resurge la vida de una persona que sin la ciencia, hubiera muerto. 

Su historia familiar, su formación en el exterior. El trasplante a Sandro, quien aseguró que se sentía "muerto en vida" y el dolor por la "inmolación" de Favaloro. Una charla a fondo con un argentino trascendente. 

Mirá la entrevista completa acá:

-¿Cómo nace tu talento, tu don?

-Yo tuve siempre la idea fija de hacer cirugía cardiovascular. Desde chico. Tuve la oportunidad de ver desde niño el operativo corazón en el año 1965. Eso se filmó, en blanco y negro. En cuanto me recibí rendí el examen de ingreso a medicina y después hice cirugía general y me fui a Suecia, volví, me fui a Estados Unidos donde estuve haciendo cirugía más complejas, como trasplantes. Luego me fui a Inglaterra para especializarme.

-Sabemos que tu papá era médico, un investigador del CONICET y que quería que te dedicaras a la investigación. ¿Lo decepcionaste?

-Totalmente. Estaba desilusionado porque quería que fuera investigador como él, que era un científico muy relevante del CONICET; fue profesor en Harvard. Una hermana mía nació allí, en Boston. Quería llevarme a que me especializara allá. Pero yo tenía la idea fija, que era que me gustaba lo asistencial, dentro de eso, lo complejo. Él se pasó la vida dentro de los microscopios. A mi me gustaba la sangre.

-¿Él te decepcionó en algo?

-Para nada. Fue un padre tremendamente importante. Un tipo muy derecho, un hombre de muchos principios. Respetó siempre lo que quise. Cuando llegó el momento, me ayudó a que llegara a los lugares donde llegué.

-¿Tu mamá cómo influyó?

-Mi madre nunca se metió en mis decisiones. Era una muy buena madre. Mi vieja era bastante dominante y mi padre como estaba muy metido dejaba pasar.

-¿Cuánto hay de talento natural o de esfuerzo?

-En todos los rubros tenés que tener training y condiciones. Tenés que tener algo adentro que te permita avanzar. Si yo agarro un futbolista y quiero que sea Messi, si no tiene las condiciones no va a llegar a ese tope. Esta es una especialidad muy compleja que tiene muchos bemoles y tenés que atenderlo todo, no solo operar y ver las miles de opciones que se tienen.

-Hablemos del trasplante, que es una actividad crítica con 4 horas de margen

-Esto se hace cuando una persona tiene muerte cerebral. Un donante le salva la vida a 7 personas. Es una cosa maravillosa. Pasa de una persona muerta a una que tiene toda la vida por delante. De repente una persona que estaba dependiente de todo, hoy está sentado. El que le da la vida es el donante, yo opero.

 

-¿Cómo se convive con eso? ¿Te emocionás?

-Hay pacientes y pacientes. Cuando trasplantás niños es mucho más fuerte. Es una alegría enorme. Todo esto parece que las fichas las pusiera Dios, no yo. Yo creo. Un caso que me marcó mucho fue un chico de 7 años y estaba muriendo. Aparece un donante en Buenos Aires, de un niño fallecido de padres divorciados. La madre estaba de acuerdo con la donación y el padre decía que no quería donar. Me llaman del INCUCAI diciendo que el padre se negaba. Todo se derrumbaba. El chico que esperaba el trasplante lloraba. Pero media hora después llamaron y se resolvió. Lo pudimos trasplantar.

-¿Existe vida después de la muerte?

-Cuando me toque te digo….pero nos han educado para creer que sí.

-¿Cómo se vive la muerte de un paciente?

-Lamentablemente es una especialidad en la que se convive con la muerte. Uno hizo lo posible por ayudarlo, es lo que le digo a mi equipo para que no se desmoralicen. Nosotros hacemos todo lo humanamente posible para salvarlo, después Dios decide.

-¿Cómo fue el trasplante de Sandro?

-Yo empecé en 1990. Sergio Perrone me ayudó mucho, que es una persona que trabajó con Favaloro. Hablé con René para que Perrone me ayude. Cuando pasó lo de Sandro me llamó y me dijo “tengo un caso problema”, que quería que viera la historia clínica sin el nombre porque me decía que me iba a influir. Me lo manda y parecía la guía de Nueva York de lo grande que era. La historia clínica tenía las siglas RS. Estuve dos meses leyendo, 8 años de internación. Era algo muy denso. Al final le digo “es un paciente de alto riesgo”, pero no tiene una contraindicación absoluta. Se puede trasplantar, pero él tiene que estar de acuerdo por el riesgo. El 16 de marzo me llega un formulario de un paciente, Roberto Sánchez, para trasplantarlo. Y decía Roberto Sánchez. Le dije qué era eso y me confirmó que era Sandro. Eso fue en marzo y Sandro se trasplantó en noviembre. Si antes era de riesgo, ahí más.

-¿Qué le dijo?

-Lo fui a ver en el lugar donde estaba internado en el Instituto del Diagnóstico. Le expliqué que no era un trasplante fácil. Estamos hablando de que tenés un 70% de posibilidades de morir y 30% de vivir. ‘Qué bueno’, me dijo. Pensé que había entendido al revés. Te voy a decir una sola cosa.  Si me dieras el 1 por ciento de chances me trasplanto igual, porque estoy muerto en vida. Eso me golpeó mucho. El tipo muy bien, muy centrado, con los pies en la tierra de lo que iba a enfrentar. Le dimos la oportunidad de vivir. De hecho vivió 44 días con el corazón y los pulmones nuevos. Después murió porque él traía colonizado un germen de la guerra de Irak que es multirresistente. Hizo un rechazo pulmonar a los 30 días donde requirió drogas inmunosupresoras más intensas. Salió del rechazo, pero el germen avanzó.

-Favaloro fue un pionero

-René era un tipazo. Un fuera de serie, como científico, como persona. Sabía de historia como nadie. Era un erudito. Realmente no tenía desperdicio cuando se ponía a hablar. Te lo contaba como si lo hubiera vivido. René fue un tipo muy macanudo. Entré a la residencia con él. Lo conocía a mi padre y me dijo: te voy a hablar como si fuera tu papá, andate a Suecia que vas a aprender más.

-Por qué se suicidó…si se puede hablar de eso

-Sergio fue el primero en llegar. Él tenía motivos políticos digamos. En la fundación él tiene 200 camas y 1500 empleados. La relación de acuerdo a lo que valen, no cierran esas ecuaciones por lo que se paga la cirugía. El quedó desfinanciado, las obras sociales le debían mucha plata. Había dejado de pagar las leyes sociales porque no tenía con qué. Le habían hecho llegar que podía ir preso por la situación. Le golpeó la puerta a De La Rúa y no lo atendió. A otras personas también y no lo atendieron. Ante el bochorno hizo eso. Pero fue un mensaje. Él más que suicidarse se inmoló por salvar su obra que fue la fundación.

-¿Cuál es tu relación con el dinero?

-Soy mano abierta, no me fijo. No llevo la cuenta, tengo una administradora que es muy estricta. Si lo tuviera que hacer yo tendría muchas cosas sin pagar. El dinero si hacés bien las cosas viene, pero no me puedo quejar.

-¿Con las emociones sos mesquino o derrochador?

-Más o menos. Con mis nietas soy más dado.

-¿Cuál es tu relación con el fracaso?

-No creo que haya tenido muchos fracasos, sí bajas y eso. La carrera ha sido ascendente, pudiendo establecer en Mendoza un centro de trasplantes que no había. Hoy se resuelve todo acá. Tenemos toda la tecnología que tiene un quirófano en cualquier lugar del mundo. Podemos ofrecerle a nuestros pacientes la mejor tecnología.

-¿Esto de tener el corazón roto que uno dice, es real?

-La angustia que uno expresa algunas veces se puede relacionar a una vasocontricción coronaria. Cuando uno libera adrenalina, puede generar un vaso espasmo y producir un dolor de pecho. Pero lo habitual es que en la gente joven eso no pase y es más psicológico.

-¿Qué tiene el exterior que le falte a la Argentina?

-La facilidad de desarrollarte y hacer lo que querés en el extranjero es enorme comparado con las dificultades que tenés acá. Acá hay guerra permanente para que te paguen las obras sociales y demás. Hace que debas dedicar gran parte de tu tiempo en temas administrativos. En el extranjero eso no pasa. Favaloro dijo antes de morir ‘estoy cansado de mendigar para que me paguen por mi trabajo’. El PAMI a cardiovascular de Mendoza desde abril de 2019 que no le paga un peso. Este tipo de cosas le hacen daño a la prestación. Le hacen daño a todo el equipo de trabajo, a todos los coprovincianos.

-¿Si no fueras médicos qué serías?

-Piloto de avión. Siempre dije eso. Si no entraba en medicina, sería piloto de avión.

-Un trasplante te alarga la vida?

-El segundo trasplante que hice va a cumplir 30 años. El hombre se casó de nuevo, tuvo dos hijos. Con eso graficó que se hace una vida normal

-¿Lo tenés todo?

-Estoy satisfecho con lo que he logrado. Le he trasmitido lo que pude a mis hijos y los he formado. Ellos lo eligieron. Hubiera preferido que fueran otra cosa y me sacaron zumbando. Uno piensa que estudien algo con futuro….pensaba que era muy sacrificado. Los chicos respondieron cien por cien.

-¿Le tenemos que ganar al estrés, hay que pasarla bien?

-Las endorfinas son muy buenas. Yo escuché una frase importante: la vida es un juego en el que gana el que la pasa mejor. Si vivís preocupado pasas tu vida en una situación que no es la que vos querías. 

-¿Cómo te imaginás el retiro?

-Golf, tranquilidad, nietas. Creo que no está muy lejos…

-¿Vas a añorar?

-Siempre. Me voy a sentir apesadumbrado. Pero va a tener sus cosas lindas.

 

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