Cuidado: La crianza de los hijos bien entendida empieza por casa

Cuidado: La crianza de los hijos bien entendida empieza por casa

El cuidado de los padres incide en el desarrollo cognitivo, afectivo y social de los hijos. ¿Existen estilos de crianzas más proclives a generar patologías mentales? Te lo contamos.

Cecilia Ortiz

La mayoría de las especies animales cuidan a sus crías hasta que pueden valerse por sí mismas. Este período puede durar días o meses, según cada familia animal. En nuestra rama evolutiva, la del hombre, la crianza se ha extendido significativamente, llegando hasta más allá de los 18 años y, en algunos casos, hasta la adultez.

El verbo criar proviene del latín creare (engendrar, producir) y alude a la acción y decisión de los padres sobre la supervivencia, el bienestar y el aprendizaje de los hijos. Implica asumir una posición de responsabilidad con respecto al proceso de devenir persona.

“Nadie nace con el manual de “cómo ser los mejores padres”, me dijo una vez un profesor. Y es así, cada quien va haciendo lo que puede, lo que le sale, lo que aprendió o lo que rechaza de su propio proceso de crianza. Por más que muchas veces lo añoremos, aquí no hay fórmulas magistrales, sólo buenas intenciones que, a veces, pueden fallar, claro está.

El resultado del proceso de crianza será el esqueleto de un “cableado” único cerebral. La constitución de un armazón de conexiones cerebrales que van a conformar la particular forma de concebir la vida de cada uno y que estará sujeto, luego, a las influencias de la cultura.

Según la Organización Panamericana de la Salud, la familia es el entorno donde se transmite la cultura, los valores y las normas sociales, además de establecer pautas de comportamientos. Cuando buscamos entender los comportamientos de niños y adolescentes, husmeamos en la estructura familiar, en su composición, ideología, creencias, metas y fines.

La socialización y el cuidado de los hijos es una función universal de la familia, ubicada dentro de un contexto ecológico, cultural y social determinado. 

Sabemos que la familia es un núcleo de vital importancia dentro de la educación, porque puede ser fuente de creencias habilitantes, eficaces y eficientes o, por el contrario, contribuir a la gestación de paradigmas personales autolimitantes. En este sentido, la estructura de la célula primaria (familia) puede adquirir formas aglutinadas, desligadas, democráticas, sobreprotectoras, abandónicas, etc. La tipología del grupo familiar va a determinar, en gran proporción, la forma de leer y concebir la realidad.

Así, hay familias que hacen daño de manera deliberada (abusos) y hay otras que lo hacen sin saberlo, a través de mensajes como “hay que perdonar todo”, “los secretos no son buenos”, “acá se hace lo que debe hacerse”, “los nenes no lloran”, “las mujeres tienen que servir a los hombres”, etc.

Estilos de crianza que pueden generar patologías mentales 

a- Roles asignados y etiquetas que estigmatizan: “sos un desordenado”, “tenés el mismo carácter podrido de tu abuela”, “siempre con tu mal humor”, son frases que suelen escucharse. Estos rótulos, repetidos sistemáticamente, ayudan a dar identidad.

b- Amor malentendido: “nadie te va a querer como tus padres / familia”. Es un mensaje paradójico que encierra un aprendizaje engañoso. Por un lado, los genes o el vínculo hereditario no son garantía de amor incondicional. Por el otro, el mensaje escondido es: allá afuera, el mundo es una jungla en la que NADIE va a quererte bien. Este tipo de creencias dificulta establecer vínculos sociales satisfactorios basados en la confianza.

c- La sobreprotección que ahoga y limita: La sobreprotección limita el hambre exploratorio en los niños y este elemento resulta vital para el desarrollo de la inteligencia. Si un niño no explora, no aprende, es decir, no genera conexiones nuevas. Muchas veces, el amor mal entendido (que implica un trabajo obstinado para evitar que los hijos sufran) más que proteger, desprotege.

d- Las aspiraciones personales proyectadas en los hijos: “quiero que estudies, ya que yo no pude”, “siempre quise ser bailarina, aprovechá que te pago la academia de baile”. Nadie viene a este mundo a cumplir con las expectativas de nadie. Y los hijos no llegan para satisfacer los sueños frustrados de los padres.

El estilo de familia puede influir en comportamientos problemáticos 

Las familias autoritarias: se caracterizan por niveles altos de exigencia y por dar pocas posibilidades de autonomía y libertad. Los padres suelen ser rígidos y no tolerar opiniones diferentes a lo que “debe ser”.

Las familias permisivas: Comparten niveles bajos de exigencias, con sensibilidad acentuada a los deseos de los hijos. Los padres se caracterizan por no sostener límites claros y marcados, entonces, los hijos aprenden que “pueden manejarlos a su antojo”.

Las familias democráticas: Suelen sustentar niveles altos de exigencia, pero dan autonomía y libertad a los hijos. Los padres pueden involucrarse en los intereses y actividades de los chicos.

Las familias negligentes: Se caracterizan porque los padres se muestran poco comprometidos con los hijos, se detectan niveles bajos de calidez y contención.

Rick Weissbourd es Psicólogo y profesor en la Universidad de Harvard. Con su equipo desarrollaron una investigación en la que concluyeron que los siguientes puntos, ayudan a establecer un estilo de crianza funcional:

1- Pasar más tiempo con los hijos intercambiando conversaciones, juegos, enseñanzas.

2- No basta con amar a los hijos, es positivo demostrárselos con gestos y palabras de afecto.

3- Evitar tomar decisiones por los hijos. Es mejor ayudarlos a ser responsables de las posturas que adoptan frente a los problemas y a que entiendan que sus elecciones tendrán consecuencias en sí mismos y en las personas que los rodean.

4- Elogiarlos cuando hagan algo bien.

5- Enseñarles el valor de la empatía y la compasión.

6- Estar atento a que los hijos demuestren sus emociones: que expresen alegría, enojo, rabia, vergüenza sin miedo a ser criticados. Así es como van a aprender a controlarlas.

7- Permitirles explorar. Como dice un maestro zen, así como el pastor permite que sus vacas salgan a pastar, es necesario que dejemos que nuestros hijos “pasten” y que cada vez lo hagan más lejos.

Un estilo de crianza basado en comunicación, expresión de afectos, facilitación de experiencias de socialización, respeto a las leyes y al prójimo y fomento del deseo personal de cada hijo puede garantizar que vayan por la vida eligiendo responsablemente respetarse a sí mismos. Que sufran o no, no es asunto nuestro como padres.

Lic. Cecilia C. Ortiz /  Neuropsicóloga. Mgter en Neurociencias / licceciortizm@gmail.com 

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