7 límites a la libertad de expresión: no digas siempre lo que quieras y mucho menos si son idioteces

7 límites a la libertad de expresión: no digas siempre lo que quieras y mucho menos si son idioteces

La libertad de expresión es un derecho que, sobre todo en el último tiempo, afila cada vez más las dos aristas que tiene un objeto con la que se la ha asimilado en varias oportunidades: un arma... un arma de doble filo.

MDZ Sociedad

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La libertad de expresión es un principio que protege la libertad del individuo para buscar, recibir y difundir información o sus opiniones mediante cualquier canal de comunicación que considere conveniente. Devino en derecho humano a partir de su incorporación en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de su reconocimiento en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos

El origen de este principio (o derecho) puede situarse, por lo menos en Occidente, en las culturas antiguas, es decir, no es de ahora. Lo incluyó la República Romana, también la Declaración de Derechos en Inglaterra  y la Revolución Francesa, en los siglos XVII y XVIII, respectivamente.

Como todo derecho, su declaración y reconocimiento también implican deberes y responsabilidades especiales, de modo que tiempo después de haber sido declarada como tal, la libertad de expresión sufrió una enmienda, una incorporación de cambios que atienden a que ese derecho "está sujeto a ciertas restricciones". En otras palabras: no es absoluto, sino que tiene límites. 

7 límites, los más comunes

Existen otros, pero los siguientes son los componentes más recurrentes que implican y conllevan a que determinado acto de libertad de expresión se vea limitado por algún organismo estatal de monitoreo o, bien, sea objeto de denuncias de un sector social o persona que pueda verse afectada por ese acto.

  •  difamación
  •  calumnia
  •  obscenidad
  •  pornografía
  •  sedición
  •  incitación
  •  palabras de combate

El avance de las herramientas digitales viene generando desde hace años un fenómeno controvertido que salpica tanto a la libertad de expresión como a sus limitaciones. El exceso puede darse tanto en la libertad de expresión con en las limitaciones a esta. Casos polémicos y muy difundidos son, por ejemplo, los exabruptos del expresidente estadounidense Donald Trump, a raíz de los cuales la empresa de Twitter determinó darle de baja para siempre a su cuenta. El Proyecto Escudo Dorado es otro caso de excesivo control: una iniciativa del Ministerio de Seguridad Pública del gobierno chino que filtra los datos de países extranjeros que considera desfavorables para la reputación china.

El arma de doble filo

Un artículo del New York Times que lleva la autoría de Daniel Gascón, escritor y editor español, dice que desde hace ya mucho tiempo la tarea de defender la libre expresión se ha convertido en "defender que gente profundamente desagradable pueda decir idioteces".

Refiriéndose al caso de la detención del rapero español Pablo Hasél, un caso que "ha recibido mucha atención mediática y ha merecido comentarios de los políticos", además de que "más de 200 artistas, como Serrat y Javier Bardem, firmaron en apoyo del cantante", el autor dice que se trata de un caso que presenta múltiples confusiones y complejidades. Una de ellas, dice, es que el rapero pude tener un pésimo gusto para expresar sus ideas, pero que eso no constituye una amenaza.

"¿Una frase como 'Lo más asqueroso de la monarquía es que millonarios por la miseria ajena, finjan preocuparse por el pueblo' causa algún perjuicio? El mayor peligro de esa oración está en la coma que separa sujeto y predicado", dice irónico el autor.

Pese a ello, lo que se ha difundido es que este cantante está preso por sus publicaciones o dichos. En este sentido, Gascón reflexiona que "el debate sobre la libertad de expresión es un debate sobre sus límites: no se acaba nunca e incluso los que defendemos la mayor amplitud posible encontramos matices, contradicciones y expresiones censurables. El caso de Hasél ejemplifica esa complejidad".

La polémica constante

Convencido de que la libertad de expresión sigue siendo un derecho que hay que defender, el autor suma a ello que la tarea no es fácil. Nadie puede negar que cualquier persona ahora tiene autoridad para hablar públicamente de lo que quiera y en los términos que quiera. La mayor parte de la información y opiniones que circulan en la web no las emiten los especialistas, sino cualquier persona que se lanza a hablar de lo que quiere. El valor por la autoridad intelectual o científica para hablar de este u otro tema parece ocupar un lugar muy bajo en los filtros de las personas que consumen mensajes e información.

 "La democracia exige tolerar un cierto nivel de basura, y ahí es donde tenemos que ponernos de acuerdo", concluye Gascón. En todo caso, vale con comenzar a admitir que, evitando cualquier censura, también hay que evitar que se hablen estupideces infundadas, se emitan mensajes violentos, discriminadores, peligrosos para terceros. La comunicación es valiosa, la palabra poderosa: eso no deben perderlo de vista los usuarios de cuentas en redes sociales, mucho menos los dueños de canales de televisión, radio, diarios, etc. 

 

 

 

 

 

 

 

 

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