Dato alarmante: por qué esta ola migratoria es peor que la del 2001

Dato alarmante: por qué esta ola migratoria es peor que la del 2001

Las estadísticas muestran que son cada vez más los argentinos que dejan el país, pero a diferencia de lo que sucedió en 2001, cuando la motivación principal era la económica, hoy hay otros factores. El reflejo es la migración de sectores sociales altos, que cambian bienestar por futuro.

Horacio Alonso

Horacio Alonso

Como dijo Alberto Fernández, los argentinos llegaron de los barcos. Eso es historia. La actualidad muestra que se están yendo en avión. Desde hace más de dos años, hay un claro proceso migratorio que, en los últimos meses, parece haberse acelerado.
Este fenómeno no es nuevo. En Argentina no es la primera vez que sucede y el recuerdo más reciente data de la crisis del 2001. Sin embargo, se pueden encontrar diferencias entre un momento y otro en las causas que llevan a la toma de una decisión tan importante como la de dejar en el país. 

La ola migratoria de dos décadas atrás estuvo marcada, claramente, por una motivación económica. El derrumbe de la convertibilidad, la devaluación abrupta y la confiscación de depósitos fueron los desencadenantes de aquella catástrofe social. Obviamente, eso se reflejó en la pérdida de miles de puestos de trabajo. 

Ante esa situación, muchos argentinos sin empleo, en los casos en que contaban con medios para hacerlo, optaron por buscar en otros país el sustento que el país no le daba. Si bien esta es una generalización, esa fue la característica principal de quienes emigraron entonces.

Sin embargo, la actual situación es distinta ya que se suman otros argumentos para decidir dejar el país. Está claro que la situación económica no ayuda, pero hay elementos adicionales que van desde la inseguridad hasta políticos. 

MDZ realizó varias notas sobre el tema migratorio y entrevistó a muchos argentinos que se fueron o están en proceso de irse. Hay un denominador común que sorprende y preocupa, haciendo más grave el momento actual. A diferencia del patrón que dominaba el comienzo de siglo, en esta oportunidad es alta la incidencia de casos de gente que decide emigrar pese a tener una posición económica consolidada, con buenos empleos y un nivel de vida alto.

En general, pertenecen a una clase alta o media alta. Muchos no lo hacen con un trabajo asegurado sino que renuncian a sus empleos y hacen una apuesta a largo plazo, sabiendo que, en una primera etapa, resignarán la calidad de vida económica que lograron conseguir. Mientras en 2001, desocupados o con sus ahorros devaluados, aquellos argentinos tenían más que ganar que perder en ese cambio, en la actualidad, la ecuación es inversa.

En este contraste, entra a jugar un papel importante el perfil de muchos emigrantes. En gran cantidad, se trata de familias con hijos que buscan un futuro a largo plazo, con el convencimiento de que las condiciones socioeconómicas no van a mejorar en el país, en los próximos años; por el contrario, van a empeorar. 

En las entrevistas que MDZ realizó a quienes están en esta situación, hay coincidencia de muchos padres en que la decisión se toma pensando en los hijos y en contexto social del país en el que podrían crecer y desarrollarse. El cansancio del pago de impuestos sin una retribución acorde del Estado, la imprevisibilidad y inseguridad jurídica, cierto ensañamiento con quienes producen o generan riqueza, la alta de perspectivas y el contexto político, son algunas de las temas que reconocen como disparadores.

Sólo basta leer los comentarios de los artículos que tratan el tema de la emigración – que además están entre los más leídos, un dato que ratifica la magnitud del fenómeno – para comprobar el cansancio de una parte de la sociedad de ser siempre la que debe pagar los desaciertos de los distintos gobiernos. La pujante clase media argentina de años atrás hoy es un mosaico de sueños frustrados y empobrecimiento.  El “me cansé”, en alusión a las dificultades que presenta el país, se repite en los protagonistas. 

El dueño de una empresa de traslados al aeropuerto de Ezeiza, estimó que, desde la apertura de los vuelos, el año pasado, realizan a la estación aérea un viaje por día, por lo menos, de argentinos que emigran, en su mayoría de familias completas, con diez valijas o más e, incluso, sus mascotas. “Es constante la salida de argentinos del país y muchas son familias completa”, dijo a MDZ el propietario de la empresa Van al Aeropuerto.

Las características de quienes están emigrando son personas capacitadas profesionalmente o emprendedores cansados de ver cómo sus esfuerzos no tienen la recompensa esperada. Este perfil diferente del emigrante es un giro alarmante respecto al país que se proyecta.

Cuantitativamente, también la ola migratoria es más preocupante. Entre septiembre 2020 y junio 2021 57.737 argentinos dejaron el país para radicarse en el exterior, según la Dirección de Migraciones. Esta es una cantidad superior a los registros posteriores al 2001, cuando el flujo de salida fue de menos de 30.000 personas por año. Por donde se lo mire, la ola migratoria actual es peor.

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