Trabajo: la adicción de la que nadie habla

Trabajo: la adicción de la que nadie habla

No tengo tiempo. Debo trabajar. No hay minutos libres. Estoy ocupado, debo finalizar esta presentación para mañana. No puedo ir a la reunión del colegio de los chicos. Estoy sobrecargado de trabajo. Sueño con la oficina. Vivo cansada. Estoy detonado.

Carlos Gustavo Motta

No tengo tiempo. Debo trabajar. No hay minutos libres. Estoy ocupado, debo finalizar esta presentación para mañana. No puedo ir a la reunión del colegio de los chicos. Estoy sobrecargado de trabajo. Sueño con la oficina. Vivo cansada. Estoy detonado.

¿Cuántas frases de estas escuchamos por día? ¿Cuántas representan a las personas que no tienen un minuto de tiempo para sí por el hecho de trabajar? ¿Cuándo se transforma el trabajo en una adicción y cuándo debemos poner un límite a esto? Cómo se confunde el trabajo con un refugio full-time?

Workaholic. Trabajólico. Adicto al trabajo. Persona que “está a full¨ y vive pegada al plano laboral y con su ocupación disfraza miedos que tienen en el horizonte una posible pérdida. De esta manera,  se construye un semblante de vida productiva y exitosa para que los demás reconozcan paso a paso los logros. Vivir para y por los otros para ser tenido en cuenta. Y todos estos argumentos alimentan la adicción al trabajo que como tal, siempre se vive como exceso y resulta su objeto de consumo detenido en un bucle que no encuentra modo de salir. Prometiéndose asimismo que será la última vez que lleve trabajo a su casa.

En Japón se llama karoshi a la muerte provocada por exceso de trabajo. Desde el año 2015 se reportan 2310 damnificados por año y continúa ascendiendo a partir de la pandemia por COVID y la estadística actual indica que puede llegar a 10.000 víctimas anuales producto de jornadas de 15 horas diarias y traslados de 4 horas entre la casa y la oficina.

El nuevo orden mundial impactó en el uso de internet. Plataformas como Meet y Zoom alojaron cargas agobiantes del uso del tiempo laboral. Cualquiera de nosotros puede resentirse si pasa largos períodos de tiempo frente al escritorio y/o pantalla. Un cuerpo sin movimiento trae aparejado un sedentarismo letal.

El trabajo en exceso puede ser una droga sin ser sustancia porque al igual que ella, adormece el deseo: nos presenta alguien engañado por el quehacer y a la vez aliviado, sin saberlo, por la ocupación de su deseo. Cree que camina cuando en realidad cae en un abismo.

Varios son los criterios para distinguir esta compulsión:

  1. Dedicada actitud laboral que debe ser reconocida por las autoridades
  2. Uso del tiempo y esfuerzo ilimitado en la gestión laboral
  3. Obsesión construida en relación al trabajo y de modo exclusivo
  4. Desinterés general por cualquier otra actividad (ocio, deportes, familia, amistades, etc.).
  5. Persona alojada en un bucle de obsesiones causante de una repetición y por la que se piensa en la supuesta eficacia de la acción ejecutada.

No se sale indemne de todo ello. Menos con un voluntarismo producto de manuales de autoayuda, generalmente plagados de consejos acumulativos (que por otro lado nunca se los lleva a cabo). ¿Cuál es la salida? En principio elaborar la angustia. Aquello que a uno le suena a pérdida. Lo que no marcha. Cuestiones indicativas que hacen pensar que algo no funciona en los vínculos con los otros (incluye obviamente las relaciones afectivas e íntimas) y que solos pensamos conseguir haciendo de la palabra adicto la significación más conocida por todos a-dicto: lo no dicho.

La tarea inicial será poner en palabras nuestras ideas acerca de lo que nos ocupa e ir evaluando lo que se pierde por nuestra actitud que no garantiza disfrutar de nuestra vida y mucho menos de quienes están a nuestro alrededor. Valorar y comenzar nosotros mismos por este trabajo que resulta el más difícil de todos en el mundo: intentar conocernos.

*Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta.

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