Kafoteka, de una exótica bahía africana a las Galerías Artísticas europeas

Kafoteka, de una exótica bahía africana a las Galerías Artísticas europeas

Escribir sobre Kafoteka es desafiante ya que es un artista misterioso que, con su mirada y su obra, interpela nuestro modo de concebir el arte.

P. Federico Highton

Kafoteka vive en Nkhata Bay, un paradisíaco enclave donde el lago ostenta aguas verdes y azules como si quisiera devenir mar. Nkhata es un lugar soñado para ir a descansar y pasar unas poéticas vacaciones, un spot propicio para disfrutar, lo que podemos llamar, “vicios sanos” de la modernidad como el paddle-surf, el kayakismo o el snorkeling. 

Nkhata es un punto raro. El tranquilo ritmo del inusitado paisaje natural es balanceado con el pasaje continuo de nativos y extranjeros de los más dispares confines, desde los países nórdicos hasta Bosnia, Suiza o Argentina.

Es un enclave tan romántico que es frecuente que varias jóvenes blancas terminen enamorándose de algún nativo y casándose. Nkhata es un reservorio que felizmente no está dentro de ninguna reserva natural, pero custodia celosamente sus secretos. 

En ese escenario, ideal para que las musas muevan pinceles, plumas y ensueños, surgió hace varios años un simpático grupo de artistas bohemios que pintan lienzos sin contar los días ni las horas, reflejando la idiosincrasia de la visceral autoctonía de las etnias tribales originarias de la zona: Tongas, Ngonis y Chewas. 

Entre esos artistas, hay uno que destaca. Su nombre es Kafoteka. Es flaco como él solo. No luce rastas importadas hechas para quedar bien en un recital de reggae, sino que sus espontáneas rastas le salen naturales. Le falta un ojo y el misterio encubre su historia. Kafoteka es un pintor de pocas palabras orales. Sus palabras son sus pinturas y su imposible flacura, que muestra que no calcula nada y que su itinerario existencial está monodimensionalmente abocado a expresar la belleza, llegando a olvidarse de comer o cambiarse la ropa.

Nikhata tiene una historia misteriosa: habla poco con palabras, pero dice mucho a través de su arte.

Es un bohemio desestructurado del arte étnico-nativo que reflejando costumbres milenarias del alma africana delira en creatividades llenas de colores que hacen sentir que no hay mejor vida que la de las tribus de su ignota tierra. Es un artista que nos hace replantear la quizás algo artificial distinción entre el arte y la artesanía, entre el artista y el artesano, entre el costumbrismo y la fantasía y entre la bohemia y la vocación. En ese confín, lleno de incisivas preguntas sin respuestas dogmáticas, aparece Kafoteka, que parece reírse cínicamente ante supuestos errores técnicos que sus obras despliegan para ratificar que su arte rompe los rígidos esquemas de decidores ignaros de la profunda riqueza artística de las etnias del oriente africano.

Orgullosamente negro, pinta negros de colores como si hubiera negros de todos colores. Kafoteka nos muestra que el arte puede surgir cuando uno menos se lo espera, aún cuando los materiales sean escasos o prácticamente inaccesibles.

Orgullosamente negro, Kafoteca pinta negros de colores como si hubiera negros de todos colores.

Cuando le preguntamos a Kafoteka si sabía lo que era internet, nos miró impávido dándonos a entender que lo ignoraba. Quizás cometimos un error al regalarle un teléfono “inteligente” pues de algún modo lo alienamos con la Babel virtual, pero, al final, estamos felices de haberlo hecho ya que el mundo tiene derecho de conocer y gozar el arte kafotekano.

Sus cuadros ya están dando la vuelta al mundo. Ya hay varios expertos analizando su obra. Una galería artística de Madrid ya está pidiendo exponer sus originales lienzos. 

Paisajes en la obra de Kafoteka.

El representante artístico de Kafoteka vive en Madrid y es un artista reconocido. La gran pregunta práctica, en estas horas, es cómo transportar las obras de Kafoteka al exterior sin que se dañen en el camino. Su representante ya tiene pensadas varias estrategias. 

Intuimos que pronto los mecenas se pelearán por tener un Kafoteka en su casa. 

Desde ahora nuestra vida ya no será la misma puesto que descubrimos un artista. Un artista que desarma múltiples dialécticas que nuestra mente estandariza para vivir más cómoda, aún cuando estas puedan hacernos perder el sentido del ser y el misterio del ente.

Un reconocido artista español se convirtió en "representante" de Kafoteka y pronto sus obras integraran prestigiosas colecciones. 

 

*Federico Highton es doctor en Filosofía y misionero en Malawi

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