El fenómeno de El juego del calamar y la adolescencia #sinfiltro

El fenómeno de El juego del calamar y la adolescencia #sinfiltro

La historia de cada familia se escribe día a día, y no siempre con una prolija caligrafía o con la precisión de una enciclopedia. Más bien se parece a un apunte, a esos que escribimos, tachamos y rehacemos, a veces con letra apurada, otras con más esmero.

Lic Magdalena Clariá y Mercedes Gontán

Con renglones resaltados, prolijos cuadros sinópticos, o ideas entremezcladas. Tan propios y únicos de cada uno.

Sin embargo, las vivencias de cada familia, reciben también el impacto de lo que ocurre en las demás familias que las rodean, y en la sociedad en general. De esta manera las “cosas que pasan” van entrando en cada casa, a veces cuando les abrimos gustosos la puerta principal, y otras medio colándose por la ventana.

En las últimas semanas, se multiplicaron las consultas de los padres sobre la serie del momento -El juego del calamar- que repetían inquietos la pregunta: ¿La pueden ver o no la pueden ver?. O preocupados y desconcertados nos decían:. ¡Mi hijo ya la vió! ¿Qué hago?.

Comencemos por el primer interrogante. Para responderlo, vamos a ir más allá de la serie de moda. Nos cuesta a veces, como adultos a cargo, asumir el rol de ser filtro del contenido que consumen los chicos. 

Acompañando familias, advertimos que niños cada vez más chicos eligen en soledad las series, programas, películas o canciones que ven y escuchan. Como adultos, a veces simplemente confiamos en la categorización por edad que hacen productores y plataformas, o los perfiles predeterminados. Pero, pueden de verdad éstos reemplazar nuestro criterio y los valores en los que queremos educar a nuestros hijos.

Mateo tiene 9 años, disfruta mucho de jugar al fútbol, y nunca se enganchó mucho con la Play, a pesar de tener vía libre en casa para jugar con ella, ya que su hermano más grande la instaló hace años en el living de casa. Sin embargo, se volvió fan de los videos de Youtube. Cuando llega del colegio, casi no termina de tomar el té y sale corriendo a su cuarto a buscar la tablet que comparte con sus hermanos. En el cronograma familiar, él eligió usar su hora de tecnología primero, para no luchar con sus hermanos para que larguen el dispositivo. Empezó viendo carreras de autos, tutoriales y chistes, pero de a poco se fanatizó con un canal que compartía cuentos de terror. Después de unos meses, comenzaron sus propios terrores nocturnos, se despertaba sobresaltado a la noche llorando, y corría a la cama de sus padres asustadísimo. Pasó un tiempo hasta que sus padres pudieron conectar lo que le estaba pasando con los videos que había estado viendo. Por suerte, pudieron conversar con él, y buscaron ayuda para atravesar la situación.

El caso de Mateo, se repite mucho más de lo que imaginamos, con diversos matices, los contenidos pueden ser violentos, pornográficos, inadecuados, o simplemente no apropiados para su edad. El denominador común es el libre acceso de los chicos, #sinfiltro.

Padres amorosos y muy preocupados por la educación de sus hijos, atentos a sus necesidades y con un amplio diálogo que a veces creemos que el mundo digital es una burbuja en la que no tenemos injerencia como adultos, donde las reglas son otras. Pero, en el fondo sabemos que eso no es así. De la misma manera que no dejaríamos a un chico de 6 años caminar solo por la calle, tampoco debería navegar en redes y plataformas sin supervisión. Y en el caso de los más grandes, así como cuando salen les preguntamos ¿A dónde fuiste? ¿Con quién estuviste? ¿Qué hiciste?, lo mismo aplica para su paso por internet, porque aunque nos parezca que no se movió de su silla, estuvo realmente en muchos lugares, por lo que no solo es aconsejable, sino imprescindible este diálogo.

En el caso concreto de la serie El Juego del calamar, sorprende aún más que la disyuntiva suceda entre padres de niños con edad mucho más baja que la sugerida para la serie. En una entrevista, hasta el mismo creador manifestó que la misma no había sido pensada para niños y que su contenido no era adecuado para ellos. (Aunque la estética les resulte atractiva, y parezca a simple vista que se trata de un “juego de niños”).  

Los niños y adolescentes consumen diariamente el contenido audiovisual que se les presenta. Y sin quererlo, comienzan a normalizar situaciones de violencia, subidas de tono, inapropiadas para su edad.

Hace poco, un preceptor nos contó que un grupo de alumnos en su hora libre estaba viendo en el colegio una serie para mayores de edad, y cuando él los abordó preguntando si sus padres sabían que ellos veían eso, respondieron sin dudar: "Mis papás no saben nada de lo que yo veo". Y tan atrapados estaban por la serie, que ni siquiera les incomodó proyectar las escenas de la misma en medio del establecimiento educativo.

Claro que el menú es tan extenso y tentador que a los chicos les resulta difícil a veces decidir.

Supongamos que en vez de estar sentados frente al dispositivo electrónico, estamos en un restaurant. Llega el mozo y entrega a nuestro hijo de 9 años la carta de vinos. El chico recorre el listado hasta que finalmente elige al azar uno, porque le sonó familiar el nombre. Enseguida, los adultos de la mesa escandalizados advierten el error del camarero, y le entregan al pequeño el menú infantil. 

En ese mismo restaurant, en otra mesa, un grupo de amigos de 12 años, con gran apetito y tentados por todos los platos que ofrecen en el lugar. Finalmente, se deciden por la irresistible “sugerencia del chef”, que todas las mesas de alrededor están probando. Sin embargo, si ese plato vale más dinero que el que tienen en su billetera, no lo podrían elegir, al menos por ahora. De la misma manera, los recursos emocionales y cognitivos con los que cuentan los niños, nos les permiten afrontar el “gasto” de ser testigos de imágenes de violencia, y demás contenidos inapropiados. Simplemente, no tienen la capacidad para procesarlo.

Como familia en medio de todo este debate, podemos encontrar una nueva oportunidad. Como adultos, recordar que tenemos que tomar decisiones, que a veces son incómodas, y que pueden ir “contra corriente”, pero si ponemos el foco en la búsqueda de un verdadero bienestar de nuestros hijos, sin duda será más sencillo.

¿Qué podemos hacer desde casa?

  • Fomentar espacios de diálogo con nuestros hijos

Aunque parezca una obviedad, es importante recordar lo fundamental que es promover conversaciones con sentido con nuestros hijos. Desde muy chiquitos establecer este espacio de confianza. La rutina y las ocupaciones diarias nos hacen sin querer hundirnos en charlas superficiales y logísticas, que si bien son necesarias, de ninguna manera pueden dejar de lado aquellas conversaciones importantes, y a veces incómodas de tener.

Para el caso de los contenidos que consumen, el diálogo puede ser:

  • Antes. Consensuar previamente los contenidos que nos parecen apropiados. Sepamos que si esperamos que sea en el momento de verlos, seguramente estemos ocupados, apurados, o simplemente nos gane por cansancio ese “la quiero ver, todos en mi clase la vieron” Anticiparnos. Prevenir.
  • Durante. No siempre podemos hacerlo, pero de vez en cuando, sentarnos con ellos a compartir alguna de sus elecciones, aunque nos aburran, y aprovechar ese rato para conocerlos más.
  • Después. Escucharlos que nos cuenten, aunque sea muy extenso el relato del capítulo, sobre todo en los más chicos que recitan de memoria los diálogos.

“Mi hijo ya la vió”, nos compartió una mamá preocupada por esta serie de la que todos hablan.  En estos casos, siempre la recomendación es escucharlos, no culpabilizarnos ni enojarnos, y recordar con ellos que los errores son oportunidades para aprender.

  • Aprovechar la infinidad de posibilidades que nos brinda la tecnología

Es espectacular el acceso que tenemos a tanto material audiovisual, a través de las redes y plataformas. Existe un gran contenido educativo y de sana diversión muy interesante para descubrir. Solo que a veces están ocultos, como un tesoro escondido, tras el velo de los algoritmos o el marketing del momento.

Podemos usar también las herramientas de la propia tecnología para prevenir, sobre todo con los más chiquitos: perfiles infantiles, bloqueo de contenidos determinados, etc. Siempre sabiendo que ninguno de estos controles puede reemplazar nuestra supervisión.

El menú es extenso decíamos, por eso podemos acompañar sus elecciones, dándoles la autonomía necesaria a medida que van creciendo, pero siempre recordándoles que estamos cerca, que no están solos.

 

 

*Magdalena Clariá es Licenciada en Psicología y Mercedes Gontán, abogada, Mediadora y Orientadora Familiar. Juntas hacen Apuntes de siembra

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