Terapias intensivas: el coronavirus profundiza las deficiencias que tiene el sector

Terapias intensivas: el coronavirus profundiza las deficiencias que tiene el sector

La Sociedad Argentina de Terapia Intensiva advirtió sobre un colapso del personal sanitario. Las deficiencias preexistentes, entre ellas la falta de especialistas por la manera en que se ejerce la profesión y los salarios bajos, se ven acentuadas ante el aumento de la demanda por la pandemia.

Lucía Martínez

La Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI) publicó una carta abierta dirigida a la sociedad argentina en la que señala: “Los médicos, enfermeros, kinesiólogos y otros miembros de la comunidad de la terapia intensiva sentimos que estamos perdiendo la batalla”.

En el texto detallan: “Los intensivistas, que ya éramos pocos antes de la pandemia, hoy nos encontramos al límite de nuestras fuerzas, raleados por la enfermedad, exhaustos por el trabajo continuo e intenso, atendiendo cada vez más pacientes”.

Por eso, desde la asociación profesional piden que no se abandonen las medidas de cuidado, como el distanciamiento social, el uso del tapaboca y el lavado frecuente de manos. “Les suplicamos no salir si no es necesario. El personal sanitario está colapsado, los intensivistas están colapsados, el sistema de salud está al borde del colapso”, agregaron.

De acuerdo con lo señalado por el Gobierno nacional, uno de los objetivos de la cuarentena fue reforzar los servicios de salud, pero además de los recursos materiales -camas, respiradores, insumor-, ¿qué pasó con los recursos humanos? A continuación, un repaso por los últimos datos oficiales disponibles y la opinión de especialistas.

Qué medidas tomaron los gobiernos

Al comienzo de la cuarentena, el Ministerio de Salud de la Nación anunció una serie de iniciativas de capacitación de los trabajadores de la salud, en alianza con sociedades profesionales, para subsanar la falta de especialistas en terapia intensiva, que era un problema previo a la pandemia y se vio agravado con ella. Se trata de 3 instancias.

La primera es preparatoria, en línea, y que “se realiza previo al trabajo en terapia intensiva”. La segunda es una “asistencia durante la atención”, en la que se capacitan durante el ejercicio profesional; y la tercera es un “sistema de urgencia en línea a través de la cual todos los profesionales que atienden pacientes pueden realizar una consulta de urgencia las 24 horas del día”, y recibirán una respuesta de un experto, como se explicó en esta nota.

“Con hospitales de Chaco se hicieron revistas de sala, en las que se comentaba diariamente la situación de los pacientes y sus posibles tratamientos; también se hicieron reuniones semanales, en donde participaba gente de todo el país, y también se discutían casos”, indicó a Chequeado Elisa Estenssoro, jefa del Servicio de Terapia Intensiva del Hospital San Martín de La Plata e integrante de la SATI.

Además, la cartera nacional impulsó el Plan de profesionales itinerantes, para que equipos de salud de distintos lugares del país se trasladen a las zonas más afectadas. Según informó en el reporte diario de 2 de septiembre último el secretario de Calidad en Salud, Arnaldo Medina, “hasta el 27 de agosto, se movilizaron 445 profesionales y se prevé que en los próximos días se trasladen 93 profesionales más”. Los destinos fueron Chaco, Jujuy, La Rioja y Entre Ríos.

En la Provincia de Buenos Aires, uno de los focos de la COVID-19, desde abril último, se contrataron 5.783 personas para trabajar en los hospitales provinciales, de acuerdo con información del Ministerio de Salud bonaerense a la que tuvo acceso Chequeado. Esto representa un aumento del 11% del personal de los hospitales que dependen del gobierno provincial.

La mayor cantidad de personas contratadas son enfermeros/as (2076), mucamos/as (1073), y profesionales de especialidades como clínica médica (600) y kinesiología (215). Por su parte, especializados en terapia intensiva se incorporaron sólo 120 profesionales, más 17 más específicos de la disciplina, pero en el área pediátrica.

Incorporación de Recursos H… by chequeado

Al mismo tiempo, la Provincia sumó 554 nuevas camas de terapia intensiva, de acuerdo con los últimos datos oficiales a mayo último. Sin embargo, no se puede asegurar que los recursos sean los suficientes para la atención de todos los pacientes que lo necesiten.

Como explicó Rosa Reina, presidenta de la SATI, en esta nota, por fuera de una pandemia, en promedio se cuenta con “1 médico/a cada 7 camas, 1 enfermero/a cada 4 y 1 kinesiólogo/a cada 8”. Además,  la representante del SATI agregó: “Si se proyecta una situación de ocupación al 100% con respiradores, va a ser necesario que se pase a 1 médico/a cada 4 camas y 1 enfermero y 1 kinesiólogo por cama”.

En abril último, Reina consideró que no hay suficientes especialistas para responder a las posibles nuevas necesidades.

En marzo último, la Ciudad lanzó una convocatoria para incorporar médicos y kinesiólogos al sistema de salud. Este medio se comunicó con el área de Comunicación del Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires para consultarle por las incorporaciones de personal sanitario que hizo el distrito porteño pero hasta el momento de la publicación de esta nota no recibió una respuesta.

En conferencia de prensa, el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, anunció ayer que se otorgarán licencias de una semana para los trabajadores de la salud del sector público de la Ciudad porque -según indicó- “es absolutamente necesario una rotación entre ellos y que puedan descansar”.

Dificultades previas que hoy son evidentes

“Terminamos una guardia en una Unidad de Terapia Intensiva y salimos apresuradamente para otro trabajo. Necesitamos trabajar en más de un lugar para llegar a fin de mes. Por horas y horas de trabajo estresante, agotador, pese a ser profesionales altamente calificados y entrenados, ganamos sueldos increíblemente bajos, que dejan estupefactos a quienes escuchan cuál es nuestro salario”, indica la carta abierta que publicó la SATI.

Semanas atrás, Arnaldo Dubin, jefe de Terapia Intensiva del Sanatorio Otamendi y miembro de la SATI, también había señalado que las debilidades del sector son previas a la pandemia. En uno de los reportes diarios que encabeza la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, Dubin indicó que el proceso de formación de la residencia para un médico intensivista toma 4 años y menos del 50% de las vacantes son ocupadas.

“De no ser por los médicos extranjeros que vienen a formarse en el país, incluso antes de la pandemia, no podríamos asistir correctamente a los pacientes” en situaciones no extraordinarias como esta, agregó.

En diálogo con este medio, Estenssoro agregó que la falta de profesionales de esta especialidad es una tendencia mundial que en la Argentina se intensifica por los bajos salarios. “La manera en que se ejerce la especialidad, con guardias que generalmente son de 24 horas, crea un estilo de vida negativo, disruptivo de la vida familiar. Además, el trabajo como su nombre lo indica es intenso, los pacientes necesitan control permanente, se realizan guardias sin dormir, con extremo cansancio”, explicó.

La especialista indicó también que en la terapia intensiva “hay una mayor carga de dolor humano, por el sufrimiento de los pacientes y, en especial, de los familiares, que genera ansiedad y angustia; y se viven dilemas éticos todos los días”.

“Cuando abren convocatorias para contratar más intensivistas no se completan porque hay pocos profesionales disponibles”, explicó Estenssoro,y agregó: “A nivel internacional se recomienda que las universidades enseñen una materia específica de terapia intensiva, pero los cambios en las cátedras llevan tiempo”.

El impacto de la COVID-19 en este sector

Los trabajadores de la salud diagnosticados con la COVID-19 son 23.248, de acuerdo con el último informe de sala de situación publicado por el Ministerio de Salud de la Nación, con datos hasta el 26 de agosto último. Esta cifra representa un 6% del total de casos detectados en todo el país.

El 87% de los casos confirmados corresponde a trabajadores y trabajadoras que viven en  la Ciudad y en la Provincia de Buenos Aires, donde se concentran el 84% de pacientes infectados informados al 2 de septiembre último. La mayoría son mujeres (65%) y la mediana de edad es de 39 años. En La Pampa y Entre Ríos se registran los porcentajes más altos de trabajadores de la salud infectados sobre el total de casos.

Son 80 las personas fallecidas por la enfermedad COVID-19 identificadas como trabajadores de la salud: 50 varones y 30 mujeres; la mayoría (65%) eran menores de 60 años, según datos de la Dirección Nacional de Epidemiología e Información Estratégica. En más de la mitad de estos casos se identificó al menos una comorbilidad, es decir, otra enfermedad o trastorno adicional. Entre ellas se encuentra principalmente la obesidad, la diabetes o la insuficiencia cardíaca.

El informe elaborado por la cartera sanitaria advierte que puede haber un subregistro, ya que se tomaron para este análisis los casos identificados como trabajadores de la salud en el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica.

La doctora en Psicología e investigadora superior del Conicet, María Cristina Richaud, lidera una investigación sobre los efectos de la COVID-19 en el bienestar psicológico del personal de la salud, que se realiza a través de un cuestionario online desde abril último.

En diálogo con la radio Libertad de Chaco, Richaud indicó que “las preocupaciones del personal de salud han ido aumentando”. En particular, el temor de contagiarse y de contagiar a su familia.

La especialista detectó también un “empeoramiento del clima laboral”, relacionado con el cambio de protocolos y de lugar de trabajo. Un alto porcentaje de los trabajadores también señaló en la encuesta que perciben que el cansancio interfiere en sus tareas y solo un 32% de los consultados cuenta con un equipo de contención psicológica en su lugar de trabajo.

En línea con esto, Richaud advirtió sobre un aumento en la depresión, altos niveles de irritabilidad y trastornos en el sueño en el personal de salud de todo el país.

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