Mendocinos: ¿cómo vivir la pandemia si hay Alzheimer en la familia?
“No sabemos qué hacer. Esto está siendo muy difícil para todos. Está irritable y no sabemos cómo tratarlo, le proponemos hacer palabras cruzadas y no quiere. Se la pasa sentado en el sillón mirando el suelo”, confiesan angustiosamente familiares de un paciente.
“A mí el tema del bichito este, no sé, me tiene loco. Antes podía salir, ver conocidos, hacía las compras, iba a la plaza, ahora estoy acá, así, encerrado, aburrido…”, dice desempolvando su pena un paciente con Alzheimer.
Los adultos mayores suelen aferrarse a hábitos, a rituales, a costumbres, porque, por un lado, logran orden y previsibilidad; por otro, les da la sensación de control sobre sus vidas. Lo mismo ocurre con las familias. Cuando han logrado una dinámica de cuidados y de división de tareas y se han percatado de que así funcionan bien, intentan sostener esa sincronización.
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Y, claro está, la crisis originada en la pandemia y las medidas preventivas, ha desatado un vendaval de cambios, que son vivenciados como disruptivos, de difícil manejo y, por ende, angustiantes.
“La enfermedad de Alzheimer no constituye un factor de riesgo para contraer COVID, pero, al tratarse de una población envejecida, con, probablemente, otras enfermedades agregadas, los pacientes deben tratarse con especial cuidado”, nos comenta el doctor Sebastián Rauek, quien tiene una vasta experiencia con esta patología.
“Los pacientes con demencia tipo Alzheimer quizás estén más expuestos a contagiarse porque tienen mayor dificultad para cumplir con las recomendaciones de cuidados: pueden olvidarse de lavarse las manos, de utilizar bien el barbijo, de no saludar con un beso o un abrazo”.
Es fundamental que tengamos en cuenta que los enfermos de Alzheimer tienen dificultad para generar recuerdos, es decir, para aprender información nueva. Es muy importante, entonces, que les recordemos, a diario, las medidas de prevención.
“El aislamiento ha dificultado que los adultos lleven a cabo todas las actividades que habitualmente hacían. Esa falta de estímulo ha acelerado procesos de deterioro. Me refiero tanto al ejercicio cognitivo como al físico y la actividad social o el contacto con los seres queridos. Por otro lado, el cambio impuesto por la pandemia genera ansiedad, incertidumbre y miedos, que se potencian en este grupo poblacional, originando irritabilidad y alteraciones de conducta, muchas veces hasta llegar a síntomas psicóticos y episodios confusionales”.
No olvidemos que los médicos hoy llaman la atención por el descuido en consultas por patologías que no tienen relación con el COVID – 19, como hipertensión, diabetes, problemas cardíacos, dolores musculares, etc. Los trastornos de memoria son un ingrediente más.
El caso es que muchos familiares no realizan consultas ante dificultades de memoria o trastornos conducutales por dos motivos: uno, porque no quieren exponer a su ser querido a situaciones de eventual contagio. El otro, porque es común que relacionen ciertas fallas con el contexto de encierro. En este sentido, una recomendación fundamental es que una intervención médica realizada a tiempo ayuda a prevenir situaciones indeseables.
Somos seres sociales, y el aislamiento no ha sido un ingrediente de fácil digestión para el grueso de la población. Lo mismo opera para muchos pacientes con enfermedad de Alzheimer, con el agregado de que, en la mayoría de los casos y debido al deterioro, no alcanzan a comprender el porqué de tanta rigurosidad.
¿Cómo actuar?
“Resulta de suma importancia mantener rutinas, lo que le brindará al ser querido seguridad”, nos dice Rauek.
El procurar un ambiente lo más estable posible, sin cambios de mobiliarios también resulta de ayuda.
Deberemos intentar sostener un mínimo de actividad física (pueden ser caminatas, bicicleta fija, ejercicios de estiramiento) y cognitiva (leer y comentar, ver fotos y recordar los momentos, ayudar a preparar las comidas) por día.
La alimentación es de fundamental importancia. Una dieta equilibrada resulta de mucha ayuda para el correcto funcionamiento del cerebro.
Y, aunque las condiciones actuales lo restringen, procurar actividad social, ya sea a través de medios de comunicación o de tecnología.
Por otro lado, agrega el Dr. Rauek: “Quiero enfatizar el papel de los cuidadores, quienes han sufrido el confinamiento porque ha aumentado la cantidad de tiempo e intensidad en su tarea. Esto ha llevado al extremo al conocido estrés del cuidador y potenciado la aparición de malestares físicos, psicológicos y emocionales relacionados”.
Acompañar, contener, cuidarse y cuidar, serían conceptos relevantes dentro de un protocolo que apunte a garantizar calidad de vida y bienestar.
Lic. Cecilia C. Ortiz / Neuropsicóloga / licceciortizm@gmail.com