Ni la amnesia ni la pandemia lo detuvieron y se recibió de profesor a los 55 años

Ni la amnesia ni la pandemia lo detuvieron y se recibió de profesor a los 55 años

José quería ser maestro cuando terminó la secundaria, pero circunstancias de la vida hicieron que recién empezara la carrera en 2006 y terminara 14 años después debido a distintas cirugías y a una amnesia transitoria de la que aún sufre algunos episodios ante emociones negativas fuertes.

Pablo Villarruel

Pablo Villarruel

Puede sonar trillado o ser un lugar común, pero que "los sueños están para cumplirlos" a José Luis Pérez, un hombre de 55 años que desde muy joven soñó con ser profesor y lo cumplió pese a varios problemas de salud y a la pandemia, nadie puede decirle que es solo una frase hecha o vacía de contenido.

Es que a pesar de los distintos caminos que la vida fue poniendo a su paso, logró reencontrarse con aquello que anhelaba cuando salió de la escuela secundaria y no le importó que en el medio ahora hayan hijos, nietos o varias operaciones y problemas de salud derivados que dilataron la llegada de su título de profesor.

"Yo quería ser maestro, pero me gustaba historia", reconoció el flamante profesor de Lengua y Literatura que comenzó a estudiar en 2006 y se había propuesto recibirse a los 45 años, pero pudo hacerlo 10 años más tarde. "Tuve dos operaciones muy seguidas, una en un brazo y otra en una pierna", contó José sobre las primeras dificultades para avanzar con la carrera.

Cualquiera imaginaría que intervenciones en las extremidades no podrían generar mayores inconvenientes, pero José atravesó una crisis emocional por la cercanía entre ambas operaciones y esto provocó irregularidades en los triglicéridos que derivaron en amnesias temporales.

"Los triglicéridos me subieron y esto me afectó la memoria inmediata. El proceso de las operaciones influyó emocionalmente en mí y a partir de ahí tengo esos episodios ante cada emoción fuerte negativa", explicó el hombre que a pesar de estas complicaciones nunca dejó de trabajar en la misma empresa que hace 30 años atrás ni de velar por sus hijos y nietos.

El empuje de su hija fue clave para que él cumpliera su sueño, ya que empezaron juntos el cursado en el Instituto de Educación Superior de Formación Docente y Técnica Tomás Godoy Cruz. "Ella pensando en mi sueño me dijo un día: 'papá encontré una carrera para que podemos hacer juntos'", detalló el hombre que no dudó en embarcarse en la aventura estudiantil que este 1 de julio llegó a buen puerto.

A lo largo de estos años José tuvo que atravesar otros eventos desafortunados como el fallecimiento de su madre y una nueva operación en una de sus piernas, por eso hace dos años creyó que ya no tenía energías para continuar con la carrera. "En 2018 colgué la toalla. Me quedaban dos materias y le dije a mi señora 'no doy más'", reconoció.

Pero el camino a medio recorrer no era lo que el destino tenía preparado para él. La institución lo motivó para que termine y José se convenció. "Ahí estuvo la mano de Dios porque apareció gente muy buena en el 'Normal' que me ayudaron sin regalarme nada, pero hicieron más llevadero lo que me quedaba por cumplir".

El Instituto donde José pudo recibirse de profesor

Así fue que sacó "Didáctica de la Lengua" y pudo hacer la residencia en un aula satélite ubicada en la planta potabilizadora de Aysam en el Parque General San Martín hasta que este año, en plena pandemia de coronavirus, pudo rendir de manera virtual la última materia que le quedaba y tenía pendiente de segundo año.

"Yo voy a tratar de jubilarme en mi trabajo de toda la vida, pero yo quiero dar clases. Ahora podría ser en la tarde, en alguna vespertina o en algún turno nocturno porque mi sueño siempre ha sido dar clases", confesó, al mismo tiempo en que aclaró que los episodios de amnesia temporal no son condicionantes para estar al frente de los alumnos.

"Soy una persona muy ordenada. Preparo mis clases con antelación y me preocupo por buscar material e ir a dar clases con la certeza de que voy a poder hacerlo correctamente", detalló.

Finalmente no tuvo más que palabras de agradecimiento para quienes pusieron su granito de arena para que él pueda cumplir su sueño de enseñar. "Esto es hermoso. Ver a mis hijos y a mis nietos felices, festejando conmigo este logro fue único y quizá ellos en sus futuros estudios digan 'el Tata lo logró', sigamos adelante'".

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