Ni aplausos ni bonos: un protocolo para sanar a los que nos sanan

Ni aplausos ni bonos: un protocolo para sanar a los que nos sanan

Sólo en Mendoza hay 22 trabajadores de la salud con coronavirus y un centenar debió ser aislado. Abundan los ejemplos acá, allá y en todas partes, de personal que desarrolla su tarea en dudosas condiciones. Se los valora en las redes, pero no siempre donde luchan a diario contra el implacable virus.

Rubén Valle

Rubén Valle

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La pausa de cinco minutos era, hace años, el eslogan de una marca de té que le atribuía a esa bebida la cualidad de un bienvenido recreo. Mucho tiempo después, pandemia mediante, esos cinco minutos son más que una pausa, una imprescindible descarga para muchos trabajadores de la salud que humanos como son necesitan una catarsis para seguir con su batalla diaria contra el virus del momento. 

Una de esas luchadoras, que cumple su tarea en un hospital público del Este provincial, compartió en su Facebook el valor estratégico de esos cinco minutos: "Todos los días me pasa. Soy personal de la salud y en la charla con todos mis compañeros y amigos, todos me confesaron algo que nos venía pasando pero lo callábamos. En algún momento del día, casi siempre cuando termina la jornada de trabajo y baja la adrenalina, en ese momento de reflexión que usamos en el viaje de regreso a casa, a todos nos agarran cinco minutos de llanto. Una descarga de angustia, de incertidumbre y el miedo de no saber si estamos llevando a casa al ya 'tan famoso' enemigo con nosotros". 

Esa misma profesional es testigo -y no privilegiado, precisamente- de cómo los casos positivos se van multiplicando en su entorno laboral y ya no sólo de pacientes si no de sus propios colegas. Ante el implacable Covid no parece haber protocolo ni defensa que baste. 

Por estas horas en Mendoza, el clúster (como se lo llama ahora oficialmente) de la salud ya suma, según datos recientes de la propia ministra Ana María Nadal, 22 casos positivos y unos 100 trabajadores aislados. 

La anécdota inicial humaniza a un sector al que en los primeros tiempos de la pandemia se aplaudía todos los días, se los ungía como héroes en las redes sociales y un decreto del 27 de marzo les otorgaba el pago de un bono de $5.000 que recién en junio se empezó a pagar. Al cabo de un mes de tensión y expectativa ante el novedoso virus, la doctora Laura Cortés, quien reporta en el Hospital Enrique Tornú, salía con los tapones de punta para decir que quienes trabajan en la salud no necesitan aplausos sino respeto y a pedirle a los políticos que se acerquen para ver en qué condiciones hay que pelearle al bicho global. "No somos héroes, somos profesionales y gente con muchos empleos porque no nos alcanza. Corremos de un lado a otro, nos descuentan, nos chicanean", lamentaba la profesional, quien estalló luego de un desafortunado comentario del gobernador de La Rioja, Ricardo Quintella.

Pero quizás lo más importante de su momento mediático es lo que quedó en segundo plano, eso que sus pares todo el tiempo tratan de expresar (casi siempre en sus redes sociales o denunciando anónimamente por temor a represalias): el sistema sanitario argentino tiene demasiados agujeros, peligrosos baches que complican aún más la cotidiana pelea contra el virus. 

"El sistema de salud está explotado, nunca le dieron bola y ahora están desesperados. Lo cierto es que hay personal de primera y de segunda. Estos últimos se deben manejar con lo poco que les dan y los de primera son los que pueden comprarse sus propios equipos, máscaras de mayor calidad y otros elementos básicos para el trabajo en pandemia. No hay medidas estrictas ni elementos que garanticen una mayor protección", me confesó sotto voce un médico con varios años de oficio. 

En los testimonios citados se refleja con sus luces y sombras el protagonismo del Estado, pero no es menor el rol que cumplimos "los civiles", los que caemos o habremos de caer a clínicas y hospitales con el coronavirus cooptando nuestros cuerpos. Cualquiera puede contagiarse, eso está fuera de discusión, lo discutible es cuando eso se produce por pasarse por la entrepierna las medidas básicas de protección y burlar toda la normativa de prevención propia y ajena. De esos peligrosos "descuidos" tampoco están exentos -recordemos su carnadura humana una vez más- los propios laburantes del sistema sanitario.

De ahí que una trabajadora de la salud estallara así en su muro facebookiano: "¿Cómo y quién regula la circulación de los trabajadores de la salud de clínicas, sanatorios y hospitales? Como agente sanitaria me da vergüenza ajena que me escriban y me cuenten que fueron al hospital y muchos, muchos profesionales andaban dentro del nosocomio sin ni siquiera tapabocas! Y ni hablar de los que andan con guardapolvos o uniformes fuera de los hospitales. ¿A quién culpamos de esa irresponsabilidad? ¿A la falta de insumos? Si cualquiera se puede 'fabricar' un tapabocas. ¿A que no hay máscaras? Hay un grupo de chicos acá en Mendoza que las fabrican y las donan. ¡No jodan! ¡Es irresponsabilidad! Y mi familia hace 4 meses que no ven a sus afectos. Que los torturo con que 'no salgan', 'no tengan contacto con nadie' y los que tienen que dar el ejemplo en los hospitales ¿se pasan por el cxlx los cuidados?". 

Convivir no sólo con pacientes contagiados si no ser testigos de sus muertes instala al personal de salud en un permanente subibaja emocional que amerita darle cabida a la psicología de contención en crisis y emergencias, incorporada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2012 y hoy más necesaria que nunca para sanar a los que nos sanan.

Los suicidios de enfermeras en Italia, la muerte de muchísimos médicos en varios países y el contagio diario de trabajadores y trabajadoras de la salud en todo el mundo son parte del S.O.S. de un sector esencial que requiere de atención extra -no de meros aplausos y magros bonos- porque si no cuidamos a los que nos cuidan la pulseada con el virus mundial estará definitivamente perdida. 

#ElResaltador

Un fast forward al futuro  

  • "Siempre que existe un proceso podemos hablar de un antes, un después y un durante. Creo que la pandemia trae como resultado una contracción del tiempo, donde el cambio que hubiera demandado cinco años, se produce en uno. Esto se da no porque el desarrollo se vea acelerado, sino por un cambio en el hábito de consumo que producirá una absorción de soluciones tecnológicas. Hoy vemos gente de la tercera edad usando medios de pagos digitales, plataformas de entretenimientos y comprando online. A su vez, vemos chicos estudiando en plataformas educativas digitales y empresas teniendo reuniones virtuales u operando plantas de forma remota. Para ser más claro, es necesario recurrir a un ejemplo: un supermercado que dedicaba 3% de su inversión a desarrollos digitales, ¿cuánto destinará de su presupuesto en 2021 para acompañar este cambio de hábito en el consumo? Ese es el antes y el después, un fast forward al futuro". 

{ Diego Tártara, Chief Technology Officer (CTO) de Globant, en newletters Futuro



#Solapa

Los nuevos reyes argentinos. Cómo se construyeron las empresas tecnológicas que valen más de 1000 millones de dólares, de Sebatián Catalano (Ediciones Paidós, 136 páginas, $750)

  • De una manera inédita y exhaustiva, este libro retrata a los fundadores de las empresas argentinas cuyos valores de mercado superan los mil millones de dólares. Se trata de Marcos Galperín, cofundador y presidente de Mercado Libre; Martín Migoya, cofundador y CEO de Globant; Alec Oxenford, cofundador de OLX y Letgo (también de Despegar y DineroMail), y Roberto Souviron, cofundador y director ejecutivo de Despegar. Sebastián Catalano consigue explicar cómo es que estos emprendedores locales dieron el gran salto y consiguieron brillar en un universo digital ferozmente competitivo. En estas páginas se cuentan sus vidas y el modo en que convirtieron pequeñas startups tecnológicas en grandes corporaciones de alcance regional y global. Quiénes son, de dónde vienen y qué piensan. Y también lo que supieron aprender: sus recetas para triunfar, que no son otra cosa que las fórmulas que los llevaron a ser exitosos y millonarios.   

#ALaCabeza

  • Sueño de una noche de cuarentena, charla TEDxRiodelaPlata, a cargo de Hernán Casciari. ¿Qué puede llegar a pasar el día que se termine el aislamiento? En medio de la cuarentena, el escritor, editor y performer avizora un futuro en el que todos saldrán de sus casas transformados tras el confinamiento y ensaya posibles inesperadas consecuencias.

 

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