¿Quién define las prioridades? ¿Por qué los templos y no el arte?

¿Quién define las prioridades? ¿Por qué los templos y no el arte?

Este fin de semana se habilitaron en Mendoza las celebraciones religiosas de todos los cultos con presencia de hasta 30 personas, pero para las actividades artísticas el permiso es solamente para volver a ensayar o realizar presentaciones sin público.

Gonzalo Conti

Gonzalo Conti

A medida que se van flexibilizando actividades, aquellos que forman parte de las que aún están vedadas se preguntan cuándo les tocará. Este fin de semana Mendoza habilitó el regreso de los artistas a los ensayos y a los estudios de grabación pero, por el momento, no podrán presentarse ante su público, al menos de manera presencial. Si bien la noticia es positiva, al mismo tiempo se conoció la habilitación de las celebraciones religiosas y, en ese caso, si podrán asistir los fieles a los templos.

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿quién define las prioridades? ¿Por qué pueden ir las personas a misa y no los espectadores a una obra de teatro? Si bien la presión de la Iglesia para retomar la normalidad fue clave en ese aspecto, al observar el protocolo con el que volverán, se ve que tranquilamente muchas de las medidas podrían aplicarse a los eventos relacionados al arte y la cultura.

Algunas de las medidas de seguridad e higiene exigidas por el protocolo para actividades religiosas:

  • La cantidad de asistentes no podrá exceder el equivalente al 25% de la capacidad de lugar y este número no deberá ser superior a 30 personas.
  • Las celebraciones deberán ser entre las 8 y las 20 horas.
  • Se deberá mantener la distancia social de dos metros entre las personas.
  • Se evitará también la aglomeración de personas en la puerta.
  • Los fieles deberán concurrir con tapabocas.
  • Las celebraciones deberán tener, al menos, un intervalo de media hora entre la finalización de una y el comienzo de la siguiente.

Sin pensar en grandes producciones teatrales o shows musicales, pero teniendo en cuenta que ya bares, cafés y restaurantes abrieron sus puertas, por qué no aprovechar para que muchos artistas, que hace meses no pueden realizar presentaciones, puedan volver al ruedo.

La sensación es que, otra vez, las decisiones parecen más arbitrarias que sensatas y que tanto las aperturas como las restricciones responden a caprichos con los que el Gobierno busca seguir manteniendo un control ficticio sobre la sociedad.

 

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