Testimonios de los que están "en la primera línea" en Mendoza
Hay trabajadores que hoy que no pueden quedarse en casa y deben salir todos los días para trabajar haciéndole frente a la pandemia. Están en "la primera línea de batalla", se posicionan en la línea más cercana al conflicto: el COVID-19.
MDZ dialogó con esas personas que hoy les toca estar al frente de la batalla, cuentan cómo viven su día a día, cómo en muchos casos su vida cambió, a qué le temen y qué los impulsa a comenzar su trabajo todos los días.
Gisela es enfermera de planta del Hospital Notti, trabaja allí junto a su marido (también enfermero) y ambos tienen una niña de 2 años que los espera en casa. El primer contacto que tienen los pacientes al ingresar al hospital es con enfermeros en el triaje (protocolo que evalúa las prioridades de atención médica), donde se le realizan las preguntas necesarias para saber a qué área del establecimiento se los deriva.
Ella cuenta como se ha organizado el Hospital Notti, “se han asignado dos servicios para pacientes con COVID-19. Una vez que el menor ingresa como caso sospechoso, se lo aísla en una habitación junto con los padres que no pueden salir al pasillo”.
Existen dos terapias en el lugar, la terapia intensiva con 12 bocas de oxígeno y la intermedia con 13 bocas para conectar respiradores. Es decir que en total hay 25 bocas de oxígeno disponible, “la cantidad resulta insuficiente, considerando que todos los años en el Notti dos veces por semana en invierno se colapsa este sector” comenta la enfermera.
Gisela siente temor por esta situación, “es verdad que elegimos esta profesión pero nunca consideramos que íbamos a estar tan desprotegidos”, agrega Gisela. “Con mi marido hemos tomado la decisión de hacer terapia psicológica. Tenemos una hija de 2 años, muchas veces nos preguntamos ¿estaremos los dos después de esta pandemia?”.
Juan, marido de Gisela, es enfermero de unidad de cuidados intensivos,con 10 años de carrera y realiza un posgrado en Bioética. Trabaja en el Hospital Notti y junto a otros compañeros será el encargado de cuidar de manera especial a los pacientes con mayor carga viral y estados de salud más delicados, “de nada sirve tener ventiladores mecánicos, si no se tiene en cuenta el personal que se dedica a la asistencia ventilatoria, manejo de monitores, bombas de infusión continua, alimentación , valoración hemodinámica e hidroelectrolítica, cuidado integral, medicación inotrópica, sedación y analgesia”. Juan cuenta con preocupación que deben realizar sus tareas bajo normas de bioseguridad siempre en situaciones al límite de la vida y dilemas de aspectos éticos. “Esta situación desborda al sistema de salud, desborda económicamente y psicológicamente al personal”, expresa el enfermero.
Respecto al aislamiento social obligatorio considera que permitió mantener la curva plana, “dió tiempo al personal de conseguir los insumos, de prepararse psicológicamente y, gracias a la tecnología, aprender con profesionales en otros países para llevar esta pandemia”, cuenta el hombre.

Eva Videau es residente de gineco-obstetricia del Hospital del Carmen, todas las mañanas se “prepara psicológicamente” para encarar el día, está atenta a cómo vestirse y protegerse. Ella trabaja la mayor cantidad de días en el sector de ginecología y obstetricia pero, debido a la pandemia, ahora debe una vez por semana hacer consultorio de pacientes con coronavirus. “Todos los médicos de distintas especialidades estamos preparados para tratar a pacientes con COVID-19”, cuenta la profesional.
“Es una situación complicada, personalmente estoy dispuesta a hacerlo. Además, es posible que nos manden a otro hospital o clínica” aclara Eva.
La médica residente cuenta que todos corren riesgo de contagiarse, “el equipamiento de bioseguridad es de término medio, todo está muy medido. Por ejemplo, no tenemos máscaras solo barbijos comunes. Los barbijos especiales N95 solo se usan en caso de estar frente al paciente y los lentes tenemos uno para todos y los vamos rotando. Ojalá que no falten recursos”.
Para la profesional debemos cumplir con el aislamiento aún cuando levanten la cuarentena. "No hay que subestimar la enfermedad”, concluye.
Alejandra es policía y mientras todos están encerrados en sus casas, ella sale a trabajar. Tiene una rutina distinta al resto de su familia: sale temprano, vuelve tarde y antes de ingresar a su casa, hay un proceso de “limpieza”: se saca la ropa, se cambia, luego se lava y recién allí puede saludar a todos.
“En general la gente respeta, pero hay muchas personas que inventan excusas para pasar. Vienen con los hijos, te mienten”, explicó la policía mientras controlaba el ingreso de un local. “Esperemos que esto termine. La gente está angustiada”, explica la joven.
Carlos también es policía y en las últimas semanas ha estado “recargado”. En la jerga policial eso significa trabajar más horas de las habituales. "Estamos todos recargados”, dice el hombre, ya cansado.
Está en un control ubicado en el límite entre Capital y Godoy Cruz. Allí, asegura, no hubo problemas. “La mayoría de las personas responden muy bien. Pero hay gente prepotente que inventa excusas. Otros hasta nos han ofrecido algo para comer o tomar. Es complicado porque muchas veces la gente no entiende que esto es para su propio bien, que estamos cuidando la salud”, explicó.
En su caso por el trabajo que tiene no puede ver a parte de su familia. Hace más de 20 días, por ejemplo, que no ve a sus padres por precaución. “Nosotros estamos más expuestos porque nos toca trabajar”, dice.
Gustavo Tiritera es Comandante Mayor de Bomberos Voluntarios de Luján, miembro a nivel Provincial del CUO (Comité Único de Operaciones) del Consejo Nacional de Bomberos Voluntarios de la República Argentina. Es una de las personas que está en constante contacto con bomberos de otros países, especialmente en Francia. Y con el Ministerio de Seguridad y de Salud y Defensa Civil de la provincia, atento a los medidas.
Cuenta que se emitió un sistema de alerta nacional donde se les pedía a todos los cuarteles de bomberos del país que activaran el protocolo. “Esto ha cambiado la modalidad de trabajo en todos los sectores. Principalmente en emergencias, pensamos que nunca nos iba a suceder acá”, expresa el comandante mayor.
Gracias a la conexión frecuente con asociaciones de bomberos de Francia, recibieron la advertencia sobre la emergencia sanitaria en Europa y reciben lineamientos para actuar en esta zona. Las primeras acciones que realizaron fue la desinfección interna en los cuarteles y la reducción del personal por guardia.
Tiritera cuenta que la tarea más difícil de los bomberos en el mundo es sacar a las personas que fallecen en sus hogares y con esperanza expresa “ojalá no lleguemos a eso”.
Los bomberos de la provincia son voluntarios no reciben salario y los insumos que tienen, en este caso puntual los elementos de bioprotección, son compras realizados por ellos desde las cuentas del cuartel. “Los ingresos son de un subsidio de Nación, del 2 % de tasas municipales y de la campaña de los socios que actualmente no se puede cobrar en la calle”, cuenta el bombero.
Gustavo se muestra óptimo con las acciones de prevención en el país y expresa que son necesarias: “si el primer mundo no pudo, que queda para el resto. Las medidas tomados desde Nación y provincia están bien”.
Enrique Martinelli es uno de los fumigadores del municipio de Las Heras. Se coloca todo el equipamiento de protección y sale todos los días, inclusive los fin de semanas a desinfectar hospitales, bancos, paradas de micro, el edificio de la municipalidad y todos los lugares más concurridos del departamento.
Antes él trabajaba como sereno en el CEDRyS 14 de Las Heras, “preguntaron quién quería hacer los cursos para desinfectar y yo me propuse porque no iba a aguantar la cuarentena encerrado en casa. Además, como ciudadano para cuidar a mi familia y los vecinos para sentirme útil para la sociedad” cuenta el trabajador.
“Trato de ser lo más positivo posible, me levanto y rezo. Doy gracias de ser parte de la solución para este problema”, expresó el municipal.
Hay veces que toca salir a fumigar por los barrios, es ahí donde Enrique observa que no se toma conciencia y muchos no se toman la situación en serio, “en los barrios la policía no da a basto. Vemos en las veredas a personas tomando mate como si nada y en realidad la vida de muchas personas está en juego”.
Son personas como todos, con miedos, incertidumbre, esperanza. Médicos, enfermeros, camilleros, bioquímicos, policías, bomberos, recolectores de residuos, fumigadores, entre muchos otros trabajadores. Muchos que probablemente antes se los valoraba poco y que hoy son aplaudidos por el pueblo desde sus balcones, desde la puerta de sus casas, desde las redes sociales.
Sí, seguro hay muchos más profesionales y trabajadores que merecen dar su testimonio y que no han sido nombrados en esta nota. Para todos ellos y para los que fueron nombrados en este texto: "Gracias por estar en el frente".