Expectativa: arranca el juicio por la muerte de Alan Villouta

Expectativa: arranca el juicio por la muerte de Alan Villouta

Mañana comienza el debate que pondrá en el banquillo a Alejandro Verdenelli, el empresario que atropelló al muchacho en Acceso Sur. Mientras la familia del joven espera que haya condena, la defensa irá por el sobreseimiento. Dos miradas opuestas sobre una misma tragedia.

Facundo García

Facundo García

Se acabó la espera. Este martes se inicia el debate oral y público por la muerte de Alan Villouta (21), el joven que fue atropellado en el Acceso Sur el 26 de agosto de 2017. La primera audiencia será a las 10 y la controversia está a la orden del día, porque en el transcurso de la pesquisa se modificó la imputación -pasando de homicidio simple con dolo eventual a homicidio culposo agravado- y hay gran incertidumbre sobre la sentencia que condenará o dejará libre al empresario Alejandro Verdenelli.

Pero para que comience la compulsa faltan algunas horas. En la mañana de este lunes, el sol pegaba duro en el lugar donde Alan perdió la vida. Frente al centro comercial, sobre el asfalto y en el carril que va en dirección Norte, un móvil policial y otro de tránsito guardaban el paso, justo al costado de dos carteles donde se pide por una pasarela que todavía no apareció.

¿Quién fue Alan Villouta? ¿Cómo vive hoy su familia? ¿Quién y cómo lo atropelló? Volver a su espacio de trabajo, al sitio de su muerte, a la voz de su padre y a ciertos argumentos de la defensa de Verdenelli son pistas para saber de qué se trata el juicio de mañana.

Salía de trabajar

Alan Villouta trabajaba en Vicente, un restaurante de La Barraca Mall. El sábado 26 de agosto por la madrugada terminó su turno y si bien sus compañeros lo invitaron a quedarse un rato y tomar algo, él prefirió irse ya que -según contaron testigos- tenía una cita con una chica.

Alan tenía 21 años.

"Quienes trabajamos acá pasamos juntos muchas horas por semana, así que desarrollamos un vínculo especial. Uno de los cocineros era para él como un hermano mayor, y a una de las cocineras le decía 'mamá'", rememora Cristian González, que era el jefe de Alan. "Era joven, pero siempre había laburado. Se venía en micro desde Carrodilla. Lo obsesionaban su familia y su empleo".

Alan salió de La Barraca y quiso cruzar el Acceso Sur para ir a la parada del colectivo. No buscó ninguna de las pasarelas cercanas porque a esa hora no es raro que haya ladrones al acecho. Y en el instante de atravesar la calle, se lo llevó puesto una camioneta Porsche Cayenne conducida por Alejandro Verdenelli, conocido empresario de Zona Este.

Los colegas de Alan oyeron "como un choque" y fueron a ver

En tanto, los colegas de Alan, que estaban conversando en el mall, oyeron "algo como un choque". Fueron a ver qué pasaba y se encontraron con el cuerpo agonizante. El conductor no estaba. González, el encargado del restaurant, se consuela pensando que quizá lo último que escuchó el pibe fueron las voces de sus compañeros que venían hacia él.

—Cuando Alan murió, uno de los flacos del negocio corrió a buscar unas bolsas que tenía en el auto. Con eso lo taparon. Después lo lloramos durante meses— cierra González.

Hacer pizzas para pagar las pericias

El padre de Alan se llama Andrés Villouta, es panadero y ya no le deben quedar lágrimas. Solo pide a la Justicia "que no lo decepcione". "Hemos rechazado el juicio abreviado porque queremos que sean lo jueces los que imparten justicia. Esperamos que se pongan del lado de las víctimas".

Una estrella señala el sitio de la tragedia.

Según el papá, se comprobó que Verdenelli había cometido 12 faltas gravísimas antes de atropellar a Alan. "En otras oportunidades había pasado semáforos en rojo, se había adelantado en Alta Montaña a pesar de que había doble línea amarilla y le habían retenido el carnet en 3 oportunidades. ¿Cómo es posible que siguiera manejando? Con las leyes de hoy, este hombre hubiera quedado bajo arresto, con multas enormes y una causa penal".

"Cuando llegué, a mi hijo le faltaba una pierna de la rodilla para abajo"

Villouta padre se irrita porque el imputado se presentó mucho después del siniestro, cuando ya era imposible hacerle un test de alcoholemia. "Los rastros existen: esa noche, él había pagado de su bolsillo 1 botella de vino 3/4, 2 medidas de fernet y varias degustaciones. Está el ticket a su nombre y están los mozos que lo vieron tomar", subraya. A pesar de estas evidencias, la defensa aprovechó que no hay registro de la cantidad de alcohol que el empresario cargaba al momento de atropellar al pibe, y se granjeó el beneficio de la duda.

Cómo habrá sido el impacto, que Villouta confiesa entre lamentos que, cuando llegó al sitio del drama, a su hijo le faltaba una pierna de la rodilla para abajo. "Imaginate vos la velocidad a la que tiene que haber venido esta persona para que el chico quedara así. Es muy doloroso". Sin embargo, las pericias de la defensa ponen en discusión el tema de la velocidad. "¿Vos podés creer que he tenido que ponerme a hacer el doble de pizzas para poder pagar una pericia seria, que demostrara la velocidad a la que viajaba Verdenelli?"

El futuro

Verdenelli está acusado de homicidio culposo agravado por conducción imprudente y antirreglamentaria, una figura con penas mucho menores que el homicidio simple con dolo eventual que gravitaba sobre él al principio de la investigación.

Lacónico, el abogado Eduardo de Oro explica a MDZ la posición de la defensa: "En este juicio no es tema de debate el alcohol. Simplemente no es la acusación que está haciendo la fiscalía, por lo que no hay nada que demostrar en ese aspecto", lanza.

De Oro asegura que Verdenelli nunca supo que había atropellado a una persona, y que al escuchar el impacto creyó que se trataba de un objeto que le arrojaban para que él se detuviera y le pudieran robar. "Se trata de una zona insegura. Mi defendido creyó que lo iban a abordar. Vamos a insistir con esta idea porque es la verdad", resumió el letrado.

Para el papá de Villouta esas ideas no tienen asidero. "Necesitamos darle un cierre razonable a este proceso. Nos urge, porque estamos abocados a seguir con campañas de concientización para los Alan que vienen, para la gente del futuro y para demostrar que nadie es dueño de la vida de los demás".

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