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Autismo: “Los terapeutas pasan a ser una segunda familia”

Juan Matías Arnulfi es papá de un niño con autismo y compartió en "No tan millennials" (MDZ Radio) su experiencia en el abordaje y acompañamiento de este trastorno.
Imagen ilustrativa - Fuente:  Youtube Foto: Youtube
Imagen ilustrativa - Fuente: Youtube Foto: Youtube

Según la Organización Mundial de la Salud, uno de cada 160 niños tiene un trastorno del espectro autista y en Argentina se estima hay más de 700 mil personas con este trastorno. Los casos van desde personas con dificultades en el desarrollo del lenguaje a individuos con dificultades para interactuar con otros. El término "espectro" significa cada caso es distinto y el nivel intelectual varía mucho de un caso a otro: va desde un deterioro profundo hasta casos con aptitudes cognitivas altas

“En Mendoza estamos muy atrasados en la difusión y concientización del autismo”, afirmó Juan Matías Arnulfi a "No tan millennials" (MDZ Radio). Es papá de un chico de 4 años con lo que se conoce como TEA (trastorno del espectro autista) y compartió su experiencia de vida, sin antes dejar en claro que además del "atraso" en la difusión y concientización del autismo en Mendoza, también se da el caso de médicos que "por cuestiones de tiempo y agenda" cuando pueden prepararse no lo hacen.

“Hasta que el niño tiene 5 años nadie se arriesga a decirte si tiene autismo.  Yo fui un padre práctico desde que conocí el diganóstico de mi hijo y esto depende de cada padre, En autismo no hay muchos profesionales en Mendoza" y sobre el rol de éstos dijo que "los terapeutas pasan a ser una segunda familia".

En la actualidad no existen medios de prevención, sin embargo, se encuentran tratamientos combinados que apuntalan las capacidades comunicativas, sociales y cognitivas con notorios avances.

La Organización Mundial de la Salud reconoce que las intervenciones psicosociales basadas en evidencias, como la terapia conductual y los programas de capacitación para los padres, pueden reducir las dificultades de comunicación y comportamiento social, y tener un impacto positivo en el bienestar y la calidad de vida de las personas con TEA y de sus cuidadores.