Discriminar, un deporte que no sólo practican los rugbiers

Discriminar, un deporte que no sólo practican los rugbiers

Los polémicos tuits de algunos jugadores de Los Pumas no solo expusieron un pensamiento repudiable sino que además sirvieron para poner en evidencia que, en mayor o menor medida, somos una sociedad discriminadora y con mucha hipocresía debajo de la alfombra.

Rubén Valle

Rubén Valle

#Maridaje > Musicaliza esta columna Olafur Arnalds & Bonobo con Loom

 

Pasados unos días, y ya con la espuma en baja, el escandalete por los tuits de los jugadores de Los Pumas permite ver con más claridad -y honestidad intelectual- el panorama. Sin restarles responsabilidad a los rugbiers por sus nefastos dichos, el problema de fondo no es el rugby aunque tenga de tanto en tanto personajes indefendibles (caso Villa Gesell). El quid de la cuestión es la intolerancia traducida en discriminación, a la que se suele sublimar o minimizar ubicándola en alguna de las tantas grietas que nos definen a los argentinos. 

Las expresiones de Pablo Matera, Guido Petti y Santiago Socino, repudiables por cierto, son moneda corriente en las redes sociales, lo cual no las justifica sino que habla de la hipocresía de aquellos que apuntan a quienes están en la vidriera por ser parte del equipo nacional y no ser el ignoto vecino de al lado. Es cierto que tienen otra responsabilidad por ser referentes deportivos que representan al país, pero en lo esencial unos y otros son indefendibles. 

En Argentina contamos con la Ley N° 23.592, más conocida como ley antidiscriminatoria, que establece que "discriminar es impedir, obstruir, limitar o menoscabar de manera arbitraria el pleno ejercicio de los derechos y garantías de alguien".  

Como suele ocurrir, hay polémicas que disparan sustanciosos debates o, mejor aún, producen cambios positivos. Un eco de esto es la decisión de Twitter de incluir en el reglamento que prohíbe el discurso de odio "el lenguaje que deshumanice a la gente debido a su raza, etnia y origen nacional". 

La red social había prohibido en 2019 aquellos discursos que deshumanicen a otros, ya sea por su religión o clase; y en marzo de este año agregó a las categoría protegidas edad, discapacidad y enfermedad. 

A confesión de parte, relevo de pruebas

Dejando un poco atrás el guindagate, hay encuestas que aún con sus lógicos peros sirven para graficar -y confirmar- que hay más intolerantes y discriminadores de lo que estamos dispuestos a admitir.  

La consultora Zuban Córdoba & Asociados capitalizó el revuelo de los polémicos tuits para preguntarse y preguntarnos cuán discriminadores creemos que somos. Su duro informe sobre Intolerancias Argentinas puso la lupa en nuestras principales miserias.

La discriminación por características físicas, por ser homosexuales y por ser pobres, encabezan el triste podio (ver cuadro). El menú es más que amplio, desde ser mujer, "provinciano" o supuesto portador de covid-19 son absurdos recurrentes detonantes para activar el modo discriminador. 

"La sociedad argentina es discriminadora e intolerante... Hay una profunda incomprensión del otro. Se percibe como una ruptura de los vasos comunicantes en los lugares donde debería haber intercambios", evalúa el consultor Gustavo Córdoba

En base a los porcentajes de la consigna "Argentina es un país donde no se discrimina a nadie", la politóloga Paola Zuban concluye: "El racismo, la xenofobia, la misoginia, la aporofobia son distintas formas de discriminación. En nuestra sociedad las personas consideran que está mal tener prejuicios y creen que ellas no los tienen. Las prácticas discriminatorias no nos hablan de las personas discriminadas sino de la mirada de quien está discriminando". (ver cuadro). 

El mayor porcentaje del sondeo se lo lleva la opción "nada de acuerdo", confirmando que nos reconocemos discriminadores. En mayor o menor medida, conscientes o inconscientes, individualmente o en grupo, todos tenemos algún muertito en el placar. Lo importante, como en el caso de los pumas tuiteros, es aprovechar esos desatinos para visibilizar un debate siempre necesario y sobre todo educar para el cambio.  

Respecto de los revulsivos tuits, Zuban considera que "la mirada de los rugbiers puede parecer personal e individual, pero en verdad responde a un conjunto de prejuicios y estereotipos vinculados a patrones sociales de conducta. Nuestra sociedad (occidental y patriarcal) se construyó sobre la base de una idea de normalidad asociada al color de piel blanco y el origen europeo, la adopción del culto católico y el ejercicio de la heterosexualidad, en una jerarquización de lo masculino por sobre lo femenino y la legitimación de los recursos económicos como fuente de prestigio y de poder". 

El virus discriminador. En octubre, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) difundió un informe que, en resumen, expresaba que el 30% de las consultas y denuncias que recibió ese organismo tuvieron que ver con el coronavirus. La particularidad de este trabajo es que reveló que el virus actuó como un nuevo detonante para mantener activo el músculo discriminador. Virtualmente el INADI se hizo eco de más de 4.000 consultas y/o denuncias desde comienzos de año hasta agosto. Para los personajes apuntados no hubo cuarentena ni distanciamiento.  

Prejuicio & discriminación. Cerca del 40% de los argentinos se sintió discriminado en el último año. Según un estudio de la Facultad de Psicología de la UBA, los mayores niveles de prejuicio apuntaron a los inmigrantes latinoamericanos y los menores hacia la comunidad homosexual. El estudio Prejuicio y discriminación en Argentina (2020) mostró que el 52,6% de las personas encuestadas se sintió discriminada por cuestiones políticas. Le siguieron la edad (25,9%) y luego una condición física o mental (24,1%). Del 40% de las personas que se sintió discriminada, las mujeres y las personas mayores ocuparon los índices más altos.

Un cambio necesario. Con la constatación estadística y de la calle misma, no hay demasiado margen para negar que somos una sociedad discriminadora, reaccionaria y escasamente empática. Pero tampoco suma la resignación, la crítica de café y la cómoda reacción de apuntar al otro como el responsable de nuestras peores cuitas. En esa política de empezar a educar para el cambio se destaca la campaña "Higienizá tus redes de machismo y discriminación", realizada por la UNCuyo con la consigna de frenar la viralización de la violencia simbólica en redes sociales. El Consejo Publicitario Argentino acaba de reconocer la calidad de este trabajo con la entrega del Premio Obrar de Oro como una de las mejores campañas de bien público de la Argentina. 

#ElResaltador

Todo apolítico es político

"Es intención de muchos escindirse de lo político como si hubiera alguna posibilidad. Y entonces se definen como apolíticos. Y eso no existe. Porque uno ejerce la política incluso cuando decide no ejercerla o no inclinarse ideológica o partidariamente en ningún sentido. No meterse en nada también es hacer política. Después, la política en la política tiene toda la mugre que conocemos. Pero me parece que es la única herramienta... La relación de poder se juega en todas partes y en todos los tiempos. También existen en una relación amorosa. Entonces, todo es político en el sentido de la política como una relación del ser y el estar. Una relación del ser con el mundo que te rodea y con el otro. Y una relación de estar en estas tierras, en este país, en este contexto, en este mundo. Hoy vivimos una situación que es mundial: la pandemia. Así que todo es político en ese sentido: en la relación del ser humano con su entorno".

{ Tute, dibujante argentino, en Página/12, autor del libro ¡Todo es político! } 

#PostaPodcast

  • Lado BB es una puerta de entrada al lado más íntimo y desconocido de grandes personalidades de la música. Durante 10 episodios que se estrenan cada semana, Bebe Contepomi se reúne con las principales figuras de la música para invitar a los oyentes a ser parte de una experiencia única y conocer el lado “BB” del universo de la música. Un periplo sonoro acompañado por artistas como Fito Páez, Ricardo Mollo, Andrés Calamaro, Lali y Gustavo Santaolalla, desde las historias más profundas y sinceras de cada uno. Por Spotify

#LaDataFlora

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