El boom de los jardines rodantes: un "salvavidas" para padres y maestras jardineras

El boom de los jardines rodantes: un "salvavidas" para padres y maestras jardineras

Esta propuesta busca terminar con el aislamiento de los más chicos, trabajan con grupos reducidos de cinco niños con una “seño” y se reúnen en una casa. Voces a favor y en contra.

Felicitas Oyhenart

Felicitas Oyhenart

Luego de meses sin que los jardines de infantes puedan abrir sus puertas, pareciera que asoma una posible solución para terminar con el aislamiento de los niños. Si bien esta actividad puntual no está reglamentada ni autorizada, son cada vez más las familias que contratan este servicio.

El jardín rodante no es algo nuevo, ya hace un par de años atrás esta modalidad se aplicaba en distintas ciudades del mundo y hoy llega a la provincia como un “salvavidas” para los padres, quienes llevan meses con sus niños aislados sin interactuar con pequeños de su misma edad en toda la pandemia, y para las maestras jardineras y jardines que desde marzo están cerrados sin actividad.

Esta modalidad ofrece un espacio para niños de 1 a 5 años para que compartan con otros niños y niñas y se relacionen con un adulto que no sea familiar. Los encuentros se realizan entre 2 o 3 veces por semana, tienen una duración aproximada de 4 horas, y está pensada para grupos de 5 niños como máximo. Los mismos se conforman por las familias interesadas. 

Se le llama rodante porque sugiere ir trasladándose de hogar en hogar (de las familias que cada grupo). Son los padres del grupo con la señorita a cargo los que decidirán cuáles son los acordes según ciertos requisitos, que tengan en cuenta el espacio y la seguridad. 

Pilar es mamá de un niño de 5 años, hace una semana que comenzaron con el jardín rodante y confirma que ya ve resultados positivos en su hijo. Ella, junto a otros padres, contrató a una de las maestras jardineras que había quedado sin trabajo en el jardín de su niño. “Desde el primer momento que se lo comunicamos el mostró un entusiasmo increíble, cambio su carácter, lo veo más alegre, menos irritable, ya no se lo ve angustiado por la incertidumbre de no saber qué va a pasar”.

Pilar explica que para ella el jardín rodante es una buena opción para volver a relacionarse con los compañeritos y la señorita, “mi hijo es muy sociable y extrañaba el vínculo con niños de su edad y dejar de vivir en este mundo de adultos por la pandemia”.

Uno de los puntos que destaca esta mamá es que el pequeño está aprendiendo una nueva forma de vincularse con sus amigos, “hay que explicarle que no puede abrazarlos o tocarlos, que no pueden compartir los vasos, se cuidan mucho entre ellos y están atentos a las medidas de higiene”.

Sofía es otra de las madres que decidió contratar un jardín rodante, su hijo de 2 años ahora interactúa con cuatro niños de su misma edad, “todos se adaptaron mejor que cuando fueron al jardín maternal”, expresa y comparte que a todos “se los ve felices, hacen actividades recreativas y la señorita se encarga de traer todos los materiales”.

Sofía sostiene que los niños necesitan interactuar luego de tantos meses "encerrados", “todas las familias amigas o de mi entorno han contratado este tipo de servicio”.

Anda Calabaza es uno de los jardines rodantes de Mendoza, es un proyecto que comenzaron María Laura, Florencia y Agustina, las tres profesoras de nivel inicial. María Laura hace más de 15 años se dedica a la actividad con niños y actualmente trabaja en una escuela de la DGE.

“El jardín rodante surgió hace un par de meses cuando vimos la necesidad de que los padres y madres lleven a sus niños a lugares donde pudieran sociabilizar y estar con niños de su misma edad”,cuenta Laura.

La docente encargada del jardín rodante afirma que han tenido muy buena respuesta por parte de las familias, “en dos días he recibido más de 20 consultas, los padres están muy interesados”.

Desde Anda Calabaza consideran que los beneficios de esta modalidad son muchos, “al ser un grupo reducido con dos señoritas el aprendizaje es más personalizado, esto permite también estar atentos a las medidas de higiene propias de la pandemia”. Además, María Laura sostiene que no sólo hay que pensar en el tiempo que los niños pasan aislados en sus casas, sino en la adaptación que necesitan para volver a las clases presenciales cuando se habiliten los jardines y escuelas, “necesitan una instancia previa de sociabilización”.

María Laura considera que "los jardines rodantes llegaron para quedarse, las madres y padres quieren este tipo de alternativas diferentes que romper con la línea tradicional que hay en una escuela. Es una buena opción además por la cantidad de docentes de nivel inicial que están próximas a recibirse y no pueden llegar a un cargo, es una oportunidad”.

Sin embargo, hay quienes sostienen que este tipo de jardines tiene ciertos “baches” que hay que considerar. “No sé si los jardines rodantes han encontrado alguna manera legal de ampararse en esta actividad”, expresa Verónica Díaz, dueña del jardín maternal Rey Dragón y miembro de la Agrupación de Jardines Maternales Privados de la Provincia.

Además advierte: “más allá de la necesidad que tenemos todos de buscarle la vuelta a la situación y generar un ingreso para poder vivir, no tenemos que perder de vista los riesgos de esta actividad que está al cuidado de niños”. Díaz recuerda que los jardines de infantes son lugares preparados y habilitados para ejercer la actividad y que en este tipo de proyectos “hay que tener en cuenta los seguros, servicio de emergencias, plan de contingencia en caso de sismos”. 

“En caso de que ocurriera un inconveniente, ¿quién es el responsable legal de esa situación?, ¿es el jardín rodante, la persona dueña del domicilio, todos los padres de los niños que participan como responsables colectivos, o la persona como individuo al cuidado de los niños?”, se pregunta Verónica Díaz a modo de reflexión.

 

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