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Horacio Mohando: "Mis personajes tienen la violencia debajo de la piel"

El crítico literario y escritor chaqueño presenta su primer libro "El destino del ñandú", una serie de relatos que trata diversos temas relacionados con el amor, la infancia y la violencia.

La forma en la que la violencia se consuma, la injusticia desde la perspectiva de un niño, los momentos que rodean una muerte, la llegada de una pareja a un territorio nuevo y los rituales de dos personas al comenzar una relación amorosa son algunos de los ejes de los relatos reunidos en El destino del ñandú, el primer libro de Horacio Mohando.

"Mis personajes tienen la violencia debajo de la piel, incluso apenas la perciben, aunque se les vaya acumulando sin tregua. Desde lo narrativo me parece mucho más interesante dos personas que se odian pero que, por la razón que sea, conviven, comparten un espacio, negocian. Entonces la violencia sale en gestos pequeños, en romper un objeto, en desquitarse con otros", reflexionó el autor del libro con el que hace su aparición también el sello Venados, que apostó por una edición innovadora, con tapas duras e ilustraciones especiales.

Mohando (Reconquista, 1973) obtuvo el segundo lugar en la quinta edición del Premio Municipal de Literatura Manuel Mujica Láinez 2011 por Verano, uno de los relatos de este libro, que antes fue publicado en la antología Bianca en la playa y otros cuentos.

Durante años escribió crítica literaria bajo el seudónimo "Perro que ladra", actualmente escribe reseñas literarias en la revista "Invisibles" y se encuentra trabajando en su primera novela, un género que asegura "te permite respirar. Tiene barrotes también, pero son más amables".

- Es tu primer libro de relatos pero no tu primer relato publicado. Publicaste antes "La procesión" en "Zona de cuentos". ¿Cómo fue la decisión de publicar este libro?

- Horacio Mohando: Tengo dos cuentos publicados en antologías. Publicar este libro fue buscado pero en parte también fue un proceso que se fue dando. Al principio era solo escribir y corregir. En algún momento paré y me di cuenta de que con varios de ellos había como una unidad sentimental, temática. Por esa misma razón tuve que desechar varios. Algunos porque eran malos, también es cierto. A esto se sumó gente en la que confío en estos temas que también me alentaron a que lo hiciera.

- Hay algo que se repite en varios cuentos que es la mirada de los niños, casi adolescentes. En "Verano" y "La tumba del húngaro" están esos narradores que perciben la muerte, la violencia y la injusticia. ¿Qué te interesa de esa etapa de la vida?

- Lo que me interesa es cualquier etapa donde uno descubre que las cosas cambian. En esencia, creo que eso es un cuento en definitiva: un relato de cómo alguien, por algo que le pasa, cambia de manera definitiva. Suele ubicarse esta etapa en el fin de la niñez. Pero en estos relatos también pasa antes. O mucho después. Como si nunca fuera demasiado tarde o demasiado temprano para que la percepción sobre el mundo se modifique. Lo tremendo es que esta nueva perspectiva siempre es decepcionante y dolorosa, es darse cuenta de que nada es como a uno se lo contaron, que nada resulta como uno quisiera, que el mundo es un lugar peligroso.

- La violencia es una constante que podríamos decir que atraviesa el libro. Pero la decisión parece ser contarla, narrarla en su antesala, el momento en el que va tomando fuerza en los vínculos y luego se lleva a cabo. ¿Coincidís?

- Sin lugar a dudas. Mis personajes tienen la violencia debajo de la piel, incluso apenas la perciben, aunque se les vaya acumulando sin tregua. Desde lo narrativo me parece mucho más interesante dos personas que se odian pero que, por la razón que sea, conviven, comparten un espacio, negocian. Entonces la violencia sale en gestos pequeños, en romper un objeto, en desquitarse con otros. Siempre llega un momento donde se desborda o estalla. Pero estos son lugares más comunes en la ficción y por eso me gusta detenerme un segundo antes o justo ahí en la explosión, donde uno todavía no sabe si salir corriendo o quedarse a mirar.

- ¿Por qué el libro lleva el título del último cuento?

- Lo cierto es que soy muy malo con los títulos. Así que ante esta falta de recursos me fijé que hacían los otros. Es bastante común que un libro de cuentos se llame como el último relato. Lo que no es aleatorio es que el del ñandú sea el último cuento del libro. Es el más largo y creo que tiene un tono un poco menos sombrío. Tiene cierto espíritu común al resto pero de alguna manera se despega. Hay un poco más de ambición narrativa pero también un poco más de juego, incluso un poco de alegría.

- Sobre ese cuento: escenifica la violencia y la persecución con mucho suspenso y rozando el absurdo. ¿Por qué la elección del ñandú?

-H.M.: Me resulta difícil responder de dónde salen las historias que escribo. Surgen en mi cabeza, dan vueltas, toman forma y se modifican antes de empezar a escribirlo. Al principio era un puma suelto en Buenos Aires. Después se convirtió en un ñandú, por alguna razón poco clara. Después se fue la ciudad como escenario. Y siguiendo con lo que distingue este cuento del resto es cierto que acá la violencia está más cerca de la superficie, incluso aparece como institucionalizada. Pero de nuevo, esto es una lectura posterior. Al momento de escribir no se piensa todo esto. Solo me preocupo por contar una historia de la mejor manera posible.

- ¿Qué te aportó tu tarea como crítico literario a la hora de escribir tu propia ficción, tus relatos?

-H.M.: Entiendo que nada. En su origen la literatura es casi una pulsión, una inexplicable necesidad de contar una historia, sin objetivos concretos ni mensajes ni verdades reveladas. Me gusta la teoría de la literatura, creo fervientemente en la crítica como proceso de análisis y búsqueda de sentido y respuestas. Pero me resulta difícil unir estas dos líneas en el acto concreto de escribir. Además con lo despiadado que suele ser uno con lo propio, si escuchara esa voz no pasaría de escribir borradores a los cuales tiraría unos segundos después. Me dedicaría solo a leer. Que es un gran plan pero tiene el defecto de que le falta vértigo.

- Leí que estás trabajando en una novela. ¿Podés adelantar algo?

- Es sobre un hombre al que la novia lo abandona dos meses antes de casarse y eso lo lleva a incursionar por un universo extraño, ajeno. Acá la decepción está desde el principio por lo cual en el resto del recorrido puede pasar cualquier cosa. El cuento como género es bastante tirano. La novela te permite respirar. Tiene barrotes también, pero son más amables.

Fuente: Télam