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Los preconceptos y nuestros cerebro

Hay un aforismo que dice: "Cuando tu única herramienta es un martillo, todo te parece un clavo". ¿Cómo interpretamos la realidad? ¿Nuestro cerebro es un almacén de ideas que deforman nuestra forma de ver el mundo?
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"¡No estoy loco! Mi realidad es simplemente diferente a la tuya", El Sombrerero Loco, "Alicia en el país de las maravillas"

Un científico y premio Nacional de Ciencias chileno, Humberto Maturana, se preocupó por el tema de la percepción. Investigó con salamandras (una especie de anfibio). En condiciones normales, uno le coloca una mosca delante a la salamandra y ella saca la lengua, atrapa al bicho y se lo come. Maturana rotó 180° un ojo del animal. Si le tapaba el ojo rotado y dejaba libre el sano, durante el experimento no había cambios: la salamandra sacaba la lengua y atrapaba al bicho. Ahora, cuando le tapaba el ojo sano y dejaba el rotado libre, la salamandra sacaba la lengua, pero esta vez, no la dirigía al bicho, sino que lo hacía hacia atrás, es decir, hacia donde su nervio óptico le indicaba que estaba el estímulo. Este experimento revolucionó la teoría de la percepción humana, porque abrió la discusión acerca de si los seres humanos percibimos el mundo "tal cual es", o sea, libre de ideas. O si, por el contrario, percibimos desde patrones dados.

Recientemente, en un estudio llevado a cabo en California, les hicieron probar a un grupo de participantes dos botellas de vino Cabernet Sauvignon. Una costaba 90 dólares, la otra 5. Los participantes sabían de qué botella provenía cada vino que probaban. Después se sometió los pacientes a un estudio de escaneo cerebral y se les preguntó qué vino les había gustado más. La mayoría contestó que el de 90 dólares y, consecuentemente, el escáner marcó mayor actividad en la zona cerebral vinculada a la sensación de placer cuando tomaban el vino más caro. Lo que ningún participante sabía es que antes de llevar a cabo el estudio las etiquetas habían sido cambiadas. ¿A qué conclusión llegaron? Que conocer el precio del vino condicionó a los participantes. El debate que abre este estudio es que nuestras ideas (o preconceptos) manipulan el funcionamiento de nuestro cerebro. Dicho en otras palabras: nuestros esquemas mentales modifican la química de nuestro cerebro y nos hacen actuar en consecuencia.

El Psicólogo Kenneth Craig dice que un modelo mental es una cadena de pensamientos a través de los cuales una persona intenta explicar cómo funciona el mundo exterior. Serían las explicaciones que damos (y que nos damos) a aquello que nos sucede cotidianamente. Por ejemplo, si salgo a la calle y veo que llueve, miro al cielo y digo: "y, si, está nublado, por eso es que está lloviendo".

Los seres humanos nos movemos permanentemente buscando explicaciones y razones a los sucesos cotidianos, porque nuestro cerebro necesita ordenar la realidad. En este sentido, la experiencia (el aprendizaje) tiene un peso importantísimo: Yo no sabía que llovía cuando estaba nublado, hasta que lo viví (vi caer agua del cielo, miré hacia arriba, vi nubes, con la cual establecí la relación nublado=lluvia), o alguien me lo explicó ("cada vez que veas que está nublado, puede caer agua del cielo).

Estos modelos mentales (o explicaciones) guían nuestra conducta: cada vez que yo vea nublado el cielo, buscaré un paraguas o alguna forma de cubrirme para no mojarme.

Ahora bien, puede pasar que establezcamos nuestros esquemas mentales sobre bases erróneas, es decir, a partir de juicios equivocados. La forma más común de llegar a esto es cuando generalizamos a partir de un hecho azaroso. Supongamos que yo voy caminando por la calle y pasa un chico con una gorra con visera y campera de cuero y me arranca la cartera (o alguien me cuenta que eso le pasó). Que el ladrón haya estado vestido de determinada manera es un hecho azaroso. Si yo generalizo y a partir de esa experiencia concluyo que TODOS los chicos que usen visera y campera de cuero son ladrones, con lo cual, cada vez que veo uno escapo o lo insulto, estoy actuando según un preconcepto o un prejuicio. Y ambos, preconceptos o prejuicios llevan a la discriminación y, por ende al ataque.

Entonces, aquello que yo ESPERO según mi esquema mental hace que actúe en consecuencia y termine creando una experiencia que responde a mis ideas, pero que se aleja de "la" realidad.

Los prejuicios más comunes en nuestra cultura son: la inferioridad de la mujer, el racismo, la valoración de cierta clase social, la exclusión de cierta clase social, la orientación sexual, la educación, el tipo de personalidad, el cuerpo, etc., etc., etc.

Entonces, los prejuicios y los preconceptos quitan claridad a nuestra forma de pensar y a nuestra conducta, y hasta pueden conducirnos a enfermedad mental. Pero es inevitable tenerlos, porque son una manera de entender lo que ocurre.

¿Qué hacemos entonces? Maturana diría que debemos hacernos cargo de lo que percibimos y de lo que decimos, comprendiendo que "esa" realidad depende de nosotros como observadores, pero no necesariamente debe ser así para todos.

Así, podemos ir creando un mundo a partir del consenso, un mundo en el que yo entiendo que yo pienso así, pero vos podés pensar de otra manera y ambos podemos coexistir, respetándonos mutuamente y, de esa forma, el mundo puede evolucionar con personas que aceptan y toleran lo diferente, porque desde esa diferencia, podemos crecer y evolucionar.

Un cerebro que se deja guiar por estructuras de pensamiento rígidas, es un cerebro que se va empobreciendo, esclavo de los barrotes que crean sus propias ideas. Un buen entrenamiento es cuestionarnos formas de pensar, quebrar viejas estructuras y preguntarnos "¿Por qué eso debe ser así?", apostando a adquirir nuevas maneras de ver, pensar y sentir lo que nos pasa. Después de todo, nuestra libertad radica en elegir cómo pararse frente a las circunstancias, ya lo decía Don Quijote: "por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida."

Lic. Cecilia C. Ortiz / Mat.: 1296 / [email protected]