"Mens sana in corpore sano": La relación entre cuerpo y cerebro
Me acuerdo que la primera vez que corrí 42 kilómetros, Fabián Porro, mi entrenador, me dijo: "empezás con las piernas, seguís con la cabeza y terminás con el corazón". Y así fue. La sensación de llegar sabiendo que diste todo, es indescriptible y el recuerdo de esa emoción no se borra jamás. Con el pasar del tiempo, y desde mi trabajo con pacientes, me fui dando cuenta de que esa frase puede resultar una interesante analogía de la vida misma. El ímpetu de la juventud nos hace sentirnos invencibles. Pero luego, sólo con la cabeza y el corazón podremos decidir seguir aquellos caminos que nos lleven a una mejor calidad de vida.
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"Yo no nací para hacer deporte", "me cuesta moverme", "la gimnasia no es lo mío", son frases que solemos escuchar, y que se contradicen con nuestra naturaleza humana.

Imaginate la época de nuestros antepasados homínidos. Para sobrevivir tenían que alimentarse, entonces, había que cazar o pescar o recolectar. Para cazar, había que perseguir a la presa, o sea, correr detrás de ella. Para pescar, había que tener fuerza en los brazos para tirar la lanza. Para recoger frutos, había que caminar grandes distancias, agachándose o estirándose. Claro que después vino el desarrollo, entonces ya no tenemos que invertir demasiado movimiento en procurarnos el alimento. Y ni hablemos del famoso delivery. A pesar de eso, el movernos es parte de nuestra esencia. Es información que viene en nuestros genes.
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Y nuestro cerebro, también está preparado para la acción. Cuando realizamos actividad física nuestros músculos se contraen y se relajan, enviando mensajes al cerebro, que empieza a liberar sustancias. Las dos más importantes son: el factor neurotrófico (que activa y fortalece las conexiones entre las neuronas). La actividad física aumenta los niveles de este factor, es por eso que, cuando terminamos de ejercitar nos sentimos más despejados y podemos ver las cosas con más claridad mental. Las endorfinas, que se asocian con bienestar y euforia y bloquean la sensación de dolor.
Obviamente, estos cambios se producen con actividad sostenida en el tiempo. No pretendas cambios haciendo sólo tres meses de actividad. Necesitamos movernos con constancia para que la actividad física cambie la estructura y el funcionamiento del cerebro. Y en esto, la edad no es un límite.

En un estudio realizado en Suecia en 2016, se evaluaron 331 hombres y mujeres de 75 años, que realizaban ejercicio regularmente. Los resultados mostraron que el nivel de actividad física se relacionaba positivamente con un mejor estado cognitivo general y con una mayor fluidez verbal, al mismo tiempo que volvía a los sujetos más rápidos en la resolución de una tarea de atención alterna y memoria. ¿Ves? La actividad física es un factor importante para enlentecer el declive cognitivo propio de la edad.
Los que llevamos a cabo actividad física de manera regular, sabemos que, cuando no nos movemos, no nos soportamos ni nosotros mismos. Estamos irritables, inquietos, como que nos falta algo. Esto es porque la sensación de placer que generan las endorfinas es similar a la que desencadenan drogas como la cocaína o la heroína en el cerebro. Así, el deporte pasa a ser adictivo, potenciando el circuito de bienestar físico y activación cerebral.
El profesor Gabriel De Agostini aclara que una cosa es el ejercicio que se hace para mejorar el rendimiento deportivo y otra muy distinta el ejercicio para tener una mejor salud. Para lograr esto último, sólo tenemos que hacer algo que implique movernos un poco.
De Agostini nos cuenta los beneficios de la actividad física:
1. Te hace sentir mejor emocionalmente: El ejercicio físico nos hace sentir más positivos con nosotros mismos.
2. Refuerza el estado de ánimo: Se liberan las tensiones del cuerpo, lo que se traduce en niveles más bajos de estrés y depresión.
5. Aumenta tu capacidad cerebral: El ejercicio, mejora y aumenta las conexiones entre neuronas; ¿Qué significa esto? Que tu cerebro podrá aumentar su capacidad de aprendizaje, flexibilidad y coordinación.
6. Mejora tu carácter: Seguir una rutina de ejercicio te ayuda a desarrollar disciplina, dedicación y determinación.
8. Ayuda a superar las adicciones: El adquirir un hábito saludable posibilita ir abandonando costumbres que no lo son, por ejemplo, fumar.
9. Ayuda a combatir la depresión.
10. Reduce la ansiedad.
12. Mejora la concentración: Hacer ejercicio mejora tu capacidad de concentración.
La actividad física influye en la manera en que pensamos y sentimos y afecta al aprendizaje, al estado de ánimo, a la atención, a la ansiedad y al estrés. Además tiene la capacidad de inmunizarnos contra algunas enfermedades o, al menos, refrenarlas o paliarlas.
Así que, amigo lector, acordate, empezá con las piernas, seguí con la cabeza y terminá con el corazón esta hermosa carrera que se llama vivir.
Lic. Cecilia C. Ortiz. Mat: 1296. [email protected]



