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La gran familia real europea

"El cetro y la sangre", de Jean des Cars, explica la turbulenta primera mitad del siglo XX desde las relaciones entre los soberanos de Europa.

La primera mitad del siglo XX fue una época de grandes convulsiones para las monarquías europeas. Las tensiones políticas, sociales y económicas combinadas con los estallidos de las dos guerras mundiales estuvieron muy influenciados por las relaciones personales e institucionales de las dinastías reinantes, herederas de las otrora grandiosas casas reales que construyeron la idiosincrasia de Europa. Pese a la relativa lejanía cronológica, hoy es posible tener mejores herramientas históricas y analíticas que permiten entender con mayor claridad esa compleja e intrincada red de conexiones entre reyes y príncipes con los dinamismos nacionales, las revoluciones y las guerras que cambiaron el curso de Occidente.

El historiador francés Jean des Cars, especialista en las dinastías europeas, relata esos turbulentos años en El cetro y la sangre (Editorial El Ateneo), donde los ilustres linajes monárquicos de los Habsburgo, los Romanov, los Windsor, los Hohenzollern y demás casas reales del continente se entremezclan en tensiones, negociaciones, resquemores, alianzas, nacimientos y muertes.

Des Cars divide su extensa obra en seis períodos cronológicos: el primero, entre 1908 y 1914, explica los últimos años de la ‘Paz Armada' y cómo los conflictos puntuales, especialmente en la convulsionada península balcánica, fueron socavando las relaciones entre las dinastías reinantes y, a su vez, afianzando las alianzas entre Estados previo al estallido bélico; el segundo, relata el atentado y asesinato del archiduque austrohúngaro Francisco Fernando y su esposa Sofía en la ciudad de Sarajevo, cometido el 28 de junio de 1914, y los treinta días posteriores que culminaron con la declaración de guerra del imperio de Austria-Hungría al reino de Serbia; el tercero, entre 1914 y 1916, reproduce la situación de las monarquías frente a la Primera Guerra Mundial; el cuarto, narra las brutales secuelas de la guerra entre los soberanos y sus familias en los años 1917-1918, producto de los armisticios, las revoluciones obreras y la Paz de Versalles; el quinto, indica las tensiones del período de entreguerras, oscilante entre la esperanza y el terror; y el sexto, aborda las metamorfosis de los reinos de Europa durante y después de la Segunda Guerra Mundial.

Frente a tanta bibliografía actual que abunda más en los detalles técnicos de las guerras o sus consecuencias sobre las sociedades occidentales desde perspectivas políticas y económicas, el texto propone una mirada histórica de la primera mitad del siglo XX en base a los hechos acaecidos dentro de la ‘gran familia real' de Europa. Ligados por la sangre y los antepasados, los soberanos supieron construir sus relaciones en base a las alianzas familiares y matrimoniales, alejándose y, al mismo tiempo, acercándose según las circunstancias que, en muchos casos, los excedían. Es así, por ejemplo, que el rey británico Jorge V terminó aliándose con su primo Nicolás II de Rusia para combatir a su otro primo, el káiser alemán Guillermo II, a su vez emparentado políticamente con el zar mediante su prima, la zarina Alejandra.

"De la aspiración al ofuscamiento, de la valentía a la pusilanimidad, de los celos a la abnegación", así fluctuaban las personalidades de los reyes, príncipes, emperadores y zares, que podían tratarse con la mayor familiaridad y, a la mañana siguiente, declararse la guerra. Como parientes, tenían muchas diferencias y no menos semejanzas (hasta físicas); enfurecían ante el trato de un primo desquiciado o una tía entrometida; sufrían dolores de cabeza por causa de sus descendientes; demostraban heroicidad (como Jorge VI o Alberto I de Bélgica), cuestionadas actitudes (Leopoldo III) o simplemente serían víctimas de la incomprensión de sus súbditos por las acciones de sus antepasados (como Carlos I de Austria-Hungría, quien tuvo que lidiar con la ‘herencia' de su tío Francisco José).

En tono sutilmente melancólico, que deja traslucir su palpable admiración monárquica, Des Cars traspone esas ricas historias fabulosas con las dinastías actuales, reducidas en número pero tan o más prestigiosas que sus antecesoras: "Enraizadas en la tradición, pero polos de estabilidad en estos tiempos de incertidumbres, la mayoría de esas monarquías goza de una renovada popularidad y en muchos casos, muestra un rejuvenecimiento de los reyes y las reinas del siglo XXI que fundan la autoridad pública".

Nicolás Munilla