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La adicción al juego y nuestro cerebro

El deseo compulsivo de juegos de azar, también llamado el juego patológico o ludopatía, es el impulso incontrolable de seguir jugando y de apostar.
Foto: Multimedia.guatevision.com
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Yo juego, tu juegas, él juega, nosotros jugamos, pero...¿puede el juego apoderarse de nosotros? ¿Nuestras neuronas se esclavizan y se vuelven compulsivas? Si leés un poco más, podrás enterarte.

Dicen que Ben Affleck es aficionado al póquer, y que llegó a perder $400 mil en un juego privado frente a Ronald Meyer, presidente de Universal Studios. Charlie Sheen en el 2005 reconoció su adicción al juego y admitió a The New York Times que una vez apostó hasta un millón de dólares por su vicio.

El deseo compulsivo de juegos de azar, también llamado el juego patológico o ludopatía, es el impulso incontrolable de seguir jugando y de apostar a pesar de que aparecen consecuencias negativas relacionadas con el juego. El juego o una apuesta tiene como característica el deseo de a arriesgar algo de valor con la esperanza de obtener algo de un valor aún mayor.

Yo recuerdo que una vez, Juana, paciente mía adicta al juego, me dijo: "esas maquinitas te chupan y te chupan...he visto cómo hay gente que pierde todo, casas, autos...nadie llega al casino creyendo que va a perder...apostamos con la esperanza de ganar". Fuerte, ¿no?

¿Qué es lo atrapante del juego? ¿Podrías imaginarte metido en un casino toda una mañana? O peor, ¿todo un fin de semana? No te estoy cuenteando, es lo que pasa.

Imaginemos por un rato que vas al casino, apostás, jugás, perdés, apostás, jugás y perdés de nuevo. Después de haber perdido reiteradas veces, un sector de tu cerebro se activará encendiendo una señal de alarma que te hará razonar evaluando la tendencia. Entonces vas a decir: "vengo perdiendo, parece que no es una buena noche para mí, mejor terminamos acá". Eso es lo que un juicio crítico sano dictaminará.

Esta percepción está distorsionada en el jugador compulsivo. Se ha descubierto que estas personas, mientras juegan razonan según la falacia del jugador, o falacia de Montecarlo. Permítanme aquí un pequeño paréntesis histórico para contarles por qué se llama así. Es una historia lindísima.

Resulta que en el verano del año 1913, en la ruleta del casino de Montecarlo salió negro 15 veces seguidas. Los jugadores que estaban ahí, empezaron a apostar al rojo, porque pensaron "después de tantos negros tiene que venir rojo". Pero no, esa noche de verano el negro salió 26 veces seguidas, lo que generó una ganancia millonaria para el casino y muchas caras amargas en los jugadores que habían apostado por el rojo, obvio.

Así, el pensar que después de muchos NEGROS toca un ROJO, o que después de obtener varias caras en el lanzamiento de una moneda, toca una cruz, es conocido como la falacia de Montecarlo (falacia del jugador). Y es eso, una falacia, una falsa creencia. Como lo es pensar que si jugás todos los días durante años al mismo número de la quiniela o de la lotería, cada día que pase vas a estar más cerca de ganar.

¿Y cuáles son las posibles causas de la adicción al juego?

El neurocientífico Luke Clark, de la Universidad de Cambridge, realizó investigaciones sobre el tema, y llegó a la conclusión de que la adicción al juego tiene una base neurológica. Las falsas creencias alimentan circuitos neuronales, haciendo que ciertas zonas cerebrales se activen más fácilmente. Se ha descubierto que en los ludópatas (o adictos al juego) un área del cerebro relacionada con el desarrollo de las emociones, la ínsula, está hiperactiva, conduciendo a que aparezcan los juicios falsos.

También se ha descubierto que ciertos neurotransmisores intervienen en el juego compulsivo. Se ha supuesto que el jugador tiene un umbral alto de activación (es decir que necesita estímulos más potentes que el resto de las personas), por lo que busca sensaciones extremas para mantenerse motivado.

El juego puede estimular el sistema de recompensa del cerebro al igual que las drogas (el alcohol por ej.), y conduce a la adicción. Una persona propensa a la ludopatía, va a apostar continuamente, va a ocultar su comportamiento, va a agotar los ahorros, va a acumular deuda, o incluso puede recurrir al robo o fraude para seguir con su adicción.

Algunos neurólogos también estudian una teoría sobre la herencia genética, ya que, a veces, existen antecedentes familiares de problemas de juego.

Es decir que Juana, mi paciente, tiene un cerebro que, en parte, determina su conducta compulsiva. Pero también Juana tiene un contexto familiar que ha ayudado al desarrollo de su patología. No sería justo negar la influencia de los factores medioambientales y familiares en el desarrollo de un problema de juego. Desde este punto de vista, el juego compulsivo sería una forma de adaptarse (no funcionalmente, desde ya) a conflictivas familiares y/o sociales.

¿Existen las alteraciones cognitivas en estos pacientes?

Al igual que en las adicciones a tóxicos, los/as jugadores/as patológicos presentan una disfunción ejecutiva que afecta a las áreas cerebrales frontales y que implica alteraciones en la atención, en la capacidad de toma de decisiones, en la memoria de trabajo y otros síntomas relacionados con las funciones ejecutivas superiores.

No faltan casos en que las personas están tan absortas en su juego que hasta se olvidan de comer.

¿Se puede ser adicto al juego y a sustancias?

La relación entre el juego patológico y el consumo de sustancias es muy estrecha. Hay estudios que encontraron que 7 de cada 10 personas que cumplen criterios de ludopatía, cumplen a su vez criterios de dependencia a sustancias (ansiolíticos, antidepresivos, marihuana, cocaína, alcohol).

Imaginate que esto dificulta el tratamiento. No es lo mismo tratar una adicción que varias de ellas.

¿A qué señales tenemos que estar atentos?

Si el paciente adopta estas conductas:

· Ponerse defensivo si alguien expresa su preocupación acerca de sus hábitos de juego

· El préstamo de dinero, la venta de bienes, o robar para seguir apostando

· Se siente ansioso o deprimido cuando no puede jugar

· Aumento de la frecuencia de la actividad de jugar

· Mentir sobre la cantidad de tiempo que pasa jugando, la cantidad de dinero que está apostando, y lo mucho que ha perdido

· Irse del trabajo o faltar de la vida familiar para jugar

puede ser que esté entrampado seriamente en una adicción al juego.

A esta altura, está de más aclarar que la compulsión al juego puede llegar a destruir vidas. Desafortunadamente, una vez que una adicción al juego se desarrolla, romper el ciclo de jugar y apostar es difícil. Lo que suele pasar en las adicciones severas, es que la persona se siente desesperada financieramente y quiere ganar lo que ha perdido. Una vez que se gana, el monto resulta insuficiente para cubrir lo que ya se ha perdido. Así, se va configurando una espiral que cada vez asfixia más. Entonces, ¿qué consecuencias familiares y sociales genera esta adicción?

· Problemas con las relaciones, incluyendo el alejamiento de los seres queridos, la separación y el divorcio.

· Cargos criminales si el adicto está robando o vendiendo drogas para financiar sus actividades.

· Deudas causadas por pérdidas o para continuar jugando.

· Pérdida del empleo.

Un apartado aparte, y por ende, tema de otra nota, merecería la adicción a los juegos de computadora y/o internet.

La pregunta del millón

¿Se recuperan estos pacientes? La experiencia nos indica que, si bien es difícil, la rehabilitación es posible. Como siempre digo, el primer paso, y fundamental, es reconocer que se tiene un problema. Luego, consultar. Los grupos de apoyo suele resultar bastante útiles, y, desde ya, el acompañamiento médico y psicoterapéutico es esencial.

En síntesis, abramos la puerta para ir a jugar, pero no le demos al juego el poder de manejar nuestras vidas.

Lic. Cecilia C. Ortiz

Mat.: 1296

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